16-03-2026, 06:02 AM
Narrador / María Merlot
Canción para nuestros corazones lejanos.
Canción para nuestros corazones lejanos.
Si quieres mi opinión, y estás buscando dos anillos, el anillo de él no debería ser muy grande ni elaborado.
María aparto los ojos de los aros que sostenía entre sus dedos, esas piezas que percibía con su ojo de comerciante baratas y burdas. La voz del Leopardo atrajo su atención. Si, ella buscaba dos alianzas matrimoniales. Los tipos rudos y románticos de hace dos días le comentaron la importancia de llevarlos a juego con su esposo. Necesitaba encontrar algo que pudiera enviarle junto con las postales, pero esos no cumplían sus expectativas, debía ser algo único y especial, aunque fuera un matrimonio falso… ella quería hacerlo bien, y cumplir con su palabra de la mejor manera posible.
Las joyas así tienden a engancharse en el peor momento, y molestan para usar guantes y armas.
— Hmmp… — musito apenas audible. Kiwi hablaba con una serenidad mezclada con autoridad que la hacía sentir… como si conversará con alguien muy sabio, curtido por la vida, justo como Thrym-sama. Su comentario fue muy acertado, ella no lo pensó antes. El perfecto marine pelirrojo usaba un arco, podría molestarle al momento de tirar de la cuerda, o lo que hicieran los arqueros. En su caso propio, ella usaba guantes, algo muy elaborado podría lastimarla. Eso la hizo evaluar sobre conseguir unas sencillas piezas, unas bandas doradas como el primo que los unió en el foso, fue lo que dijo en esa oportunidad.
Escoge algo sencillo para él, le gustará porque vendrá de ti. El resto es completamente secundario.
¿Le gustará por que vendrá de ella? Ese comentario la hizo bajar la mirada al suelo, y sonreír de manera traviesa. Si el Leopardo supiera, que era muy evidente que “ÉL”, su esposo, no soportaba a los piratas, y ella, sin proponérselo realmente, resultaba ser uno. Aun no entendía porqué Bertram Gaufrid le seguía el juego, porqué a pesar de la indudable brusquedad en su voz, también había amabilidad. No sabía que pasaba por la cabeza del pelirrojo… pero, si sabía una cosa: el agua y el aceite no se mezclaban, como tampoco el día y la noche se encontraban...
La confusión en sus pensamientos, que no tenia nada que ver con el corazón, la hizo hacer la pregunta al Mink. Ella quiso retractarse luego de formularla, con un comentario random, estuvo a punto de hacerlo aprovechando la sorpresa inicial… pero cuando lo vio procesando, con esa tranquilidad que parecía ser su insignia, la pregunta para darle una respuesta, y más aun llevar la mano al pecho, justo por encima del órgano responsable de bombear sangre y no del amor, supo que no podría retirarse. Así que solo lo miro expectante, inclinando un poco su cabeza…
La confusión en sus pensamientos, que no tenia nada que ver con el corazón, la hizo hacer la pregunta al Mink. Ella quiso retractarse luego de formularla, con un comentario random, estuvo a punto de hacerlo aprovechando la sorpresa inicial… pero cuando lo vio procesando, con esa tranquilidad que parecía ser su insignia, la pregunta para darle una respuesta, y más aun llevar la mano al pecho, justo por encima del órgano responsable de bombear sangre y no del amor, supo que no podría retirarse. Así que solo lo miro expectante, inclinando un poco su cabeza…
No diría que estoy enamorado, sería mentirme a mí mismo y a ella.
La atención del Leopardo fue a todos lados, hasta perderse en el horizonte cuando comenzó su elocución. La vena cotilla de María se encendió, sus chismes favoritos eran los de la prensa rosa. Había un ella… ¿Quién sería? ¿Cómo sería? ¿Por qué no era enamoramiento? Tantas preguntas, pocas respuestas. Sus ojos ámbar brillaron, dando un paso más hacia el felino para prestarle toda la atención posible. El ruido del muelle se perdió, solo existía la voz de Kiwi.
Enamorarse requiere tiempo, conocer a esa persona, enfadarte con esa persona, y comprender que vuestro enfado no vale la pena si eso os mantiene alejados el uno del otro.
¿Enamorarse requiere tiempo? ¿Conocer a Bertram Gaufrid? ¿Enfadarse con él? ¡No, no, no! No con él, sino con quien sintiera el enamoramiento, pero si hipotéticamente fuera el pelirrojo, entonces estaba aun más complicado todo. Comenzando porque no estaban separados porque estuvieran enfadados el uno con el otro, sino porque literalmente pertenecían a bandos contrarios y rivales. María mordió su labio inferior, un hábito que cada vez imitaba mas de Hyakinthos mientras con sus manos tomaba un mechón de su largo cabello celeste y lo acariciaba. Luego estaba el hecho de conocerse, se conocían por… ¿Cuántos minutos? ¿60, 90, 100? Y eso si contaba el encuentro con el pato dientón. Solo sabía que se llamaba Bertram Gaufrid, que era marine, que tenía un peluche llamado Rasmussen, usaba el arco, y claramente odiaba a los piratas.
Pero hay una persona a la que he prometido volver a ver. No sé cuándo, y no sé muy bien siquiera si será posible por mis obligaciones. Pero que algo sea imposible deja de tener importancia si estás lo suficientemente decidido a ello.
María levanto la mirada mientras asimilaba las palabras, lo hizo porque sintió la de Kibai sobre ella. El gato sonó diferente, a los ojos de la mestiza su postura cambio, su voz adquirió un matiz más dulce y suave, diferente a todo lo que divisó de él hasta ahora ¿Seguro que no estaba enamorado? — … las promesas siempre deben cumplirse, Kiwi — comento dedicándole una sonrisa afable — … me gusta eso, de hacer lo imposible posible… si estas lo suficientemente decidido. No sé quién sea ella, pero es afortunada de tenerte… y de que la… respetes de esa manera tan… arcoíris — soltó al final, porque para María sus vocablos, y expresiones, fueron un despliegue de colores hermosos... que guardaría en su memoria, pero por si acaso, también los escribiría en su bitácora, para no olvidarlos.
Ella no era una experta en el amor, pero la conversación le abrió los ojos a dos importantes puntos: 1. Él estaba, sin miedo a equivocarse, enamorado... lo que sería en idioma animal… ¿En celo? 2. Ella no estaba enamorada de Bertram, y él tampoco de ella; porque no se conocían, porque no se trataban como el felino a su mujer misteriosa. Él, a pesar de ser amable, tenía esa tonalidad tosca cuando hablaba con ella; siendo un perfecto marine, dudaba profundamente que les hablará así a los ciudadanos comunes. No es como si fuera su culpa ser pirata, considerando que fueron los únicos que la ayudaron de verdad, sino seguiría en la pecera del asqueroso proxeneta… o peor aún, Pedro ya hubiera regresado por su Kassandra.
El pequeño silencio entre ambos solo sirvió para que María continuara sus cavilaciones. ¡Si tan solo no hubiera hecho esa estúpida promesa de escribirle! Cada vez que escribía una postal contándole cosas sobre ella, la hacía sentir más cercana… diferente a cuando hablaba con el Wanted del peluche hurón. Su mente siempre fue su único refugio, su mente no pudieron quebrarla o ultrajarla… entonces, cuando se sentaba a escribirle… era como si tuviera a alguien que realmente la viera… ahora que conocía su sonrisa y su risa, se lo imaginaba con esas expresiones al leer sus postales… aunque la realidad fuera otra, tal vez de desagrado porque una pirata lo molestaba, y terminaban arrugadas, desechadas o en la hoguera. Ese pensamiento pincho su corazón, sus hombros decayeron. Soltó un suspiro resignado, quizás ella si estaba cautivada, solo un poquito, por él. Daba igual, porque nunca se volverían a ver, el océano era tan basto que no los cruzaría por casualidad otra vez. Así que solo sería una ilusión bonita de su cabeza, como cuando pensaba en su padre muerto.
— … nosotros nos vamos. Gracias Señor — dijo saliendo de su trance, aceptando la realidad. Ella era muy buena aceptando y siguiendo adelante. Aferrarse a lo que no podía controlar, era suicidio, depresión, ansiedad. Los grillos volvieron y su sonrisa también — … ¿Tiene nombre tu chica? — pregunto curiosa cuando él engancho su brazo al suyo. Esa acción la hizo chillar de la emoción. ¡El minino la estaba tocando como si fueran amigos! María solo pudo dedicarle su sonrisa mas radiante olvidando por completo cotillar sobre el romance de los gatitos.
Ella no era una experta en el amor, pero la conversación le abrió los ojos a dos importantes puntos: 1. Él estaba, sin miedo a equivocarse, enamorado... lo que sería en idioma animal… ¿En celo? 2. Ella no estaba enamorada de Bertram, y él tampoco de ella; porque no se conocían, porque no se trataban como el felino a su mujer misteriosa. Él, a pesar de ser amable, tenía esa tonalidad tosca cuando hablaba con ella; siendo un perfecto marine, dudaba profundamente que les hablará así a los ciudadanos comunes. No es como si fuera su culpa ser pirata, considerando que fueron los únicos que la ayudaron de verdad, sino seguiría en la pecera del asqueroso proxeneta… o peor aún, Pedro ya hubiera regresado por su Kassandra.
El pequeño silencio entre ambos solo sirvió para que María continuara sus cavilaciones. ¡Si tan solo no hubiera hecho esa estúpida promesa de escribirle! Cada vez que escribía una postal contándole cosas sobre ella, la hacía sentir más cercana… diferente a cuando hablaba con el Wanted del peluche hurón. Su mente siempre fue su único refugio, su mente no pudieron quebrarla o ultrajarla… entonces, cuando se sentaba a escribirle… era como si tuviera a alguien que realmente la viera… ahora que conocía su sonrisa y su risa, se lo imaginaba con esas expresiones al leer sus postales… aunque la realidad fuera otra, tal vez de desagrado porque una pirata lo molestaba, y terminaban arrugadas, desechadas o en la hoguera. Ese pensamiento pincho su corazón, sus hombros decayeron. Soltó un suspiro resignado, quizás ella si estaba cautivada, solo un poquito, por él. Daba igual, porque nunca se volverían a ver, el océano era tan basto que no los cruzaría por casualidad otra vez. Así que solo sería una ilusión bonita de su cabeza, como cuando pensaba en su padre muerto.
— … nosotros nos vamos. Gracias Señor — dijo saliendo de su trance, aceptando la realidad. Ella era muy buena aceptando y siguiendo adelante. Aferrarse a lo que no podía controlar, era suicidio, depresión, ansiedad. Los grillos volvieron y su sonrisa también — … ¿Tiene nombre tu chica? — pregunto curiosa cuando él engancho su brazo al suyo. Esa acción la hizo chillar de la emoción. ¡El minino la estaba tocando como si fueran amigos! María solo pudo dedicarle su sonrisa mas radiante olvidando por completo cotillar sobre el romance de los gatitos.
Has dicho que necesitaban ajinomoto, no es así? No debería ser muy complicado pero la mejor manera que tienes de encontrar algo así es siempre usar tu olfato.
La risa, tan hermosa como ella, floreció con alegría cuando sintió un dedo de la pata del Leopardo sobre su pequeña nariz — ¡Ooooh! — musito totalmente encantada con el peluche moteado — … Bonita hace salsas muy ricas, con razón… ¡Es su secreto! — le respondió levantando su nariz para intentar olfatear pero nada relevante llego hasta ella, si en algo podía confiar era en su vista; y su vista le mostró como el felino si confiaba mucho en su sentido del olfato… él estaba rastreando.
Por aquí.
Fue como verlo encontrar las respuestas sin mover una garrita. Luego la guio entre la multitud, sin soltarla. Si María fuera de las que analizaba de mas las cosas, esa habilidad del felino, sin duda la etiquetaría como aterradora. ¿Podría rastrearla a ella? ¿Importaba? ¿Por qué su amigo experto en el amor la rastrearía? La apariencia de María no dejo de atraer miradas, su cabello celeste bailando al viento mientras era arrastrada por Kibai hasta un puesto de comida. Lo vio tomar asiento, ella lo imito; aunque no muy convencida, porque su dieta era algo especial, casi no comía nada de lo que ofrecían en la mayoría de los restaurantes. La joven dejo la bolsa de la otra tienda a un lado.
¡Buenos días jefe! Mi amiga y yo estamos muriéndonos de hambre. Si las ollas ya están a punto, nos gustaría comer algo.
Ante ese comentario, la mestiza volteo a mirar al masculino. Sus ojos abiertos como platos y su boca abierta formando una perfecta “O”. ¿Escucho bien? ¿MI AMIGA? ¿Al fin tenía un amigo peluche de este lado del mar? María llevo sus manos a cada mejilla propia, y la “O” paso a ser una sonrisa muy amplia. Si sus sentimientos pudieran exteriorizarse se verían como estrellitas a su alrededor — ¡Yeeheiiii! Si, tenemos mucha, mucha hambre, tanta que podría comerme todo una isla con mi amigo — comento feliz, haciendo énfasis en la última palabra y mirándolo como si tuviera una aureola y alas blancas, como si fuera un ÁNGEL en la tierra.
Kiwi y el vendedor intercambiaron palabras, María estaba flotando en una nube. Lo que pidiera el peluche estaría bien, aunque tuviera animales muertos. No sabía cómo iba a tragárselo pero se lo tragaría, su amigo peludo le estaba ofreciendo un plato de comida, ella no iba a rechazarlo. ¡Un amigo peludo! ¿Podría ser mas dichosa? — Sapo Soso, suena espectacular para mi — comento entendiendo mal el nombre del platillo mientras se balanceaba de un lado a otro sin borrar su preciosa sonrisa desbordante de júbilo — … es un gran día, me alegro de haber sido emboscada por Bonita para hacer sus compras. Lo marcaré en mi calendario como el Día del Ajinomoto Moteado. Escribiré sobre ti en mi diario, sobre lo increíble que eres, amigo — inclino la cabeza hacia él, mirándolo como un niño miraría a su ídolo.
El cocinero de pronto puso un plato burbujeante delante de ella, con unos palillos. Se veía curioso… ¿esos trozos serían carne? ¡No importaba! ¡SU AMIGO LA ESTABA ALIMENTANDO! No podía ser tiquismiquis, se tragaría la carne sin vomitar… por la fuerza de la amistad peluchistica.
Kiwi y el vendedor intercambiaron palabras, María estaba flotando en una nube. Lo que pidiera el peluche estaría bien, aunque tuviera animales muertos. No sabía cómo iba a tragárselo pero se lo tragaría, su amigo peludo le estaba ofreciendo un plato de comida, ella no iba a rechazarlo. ¡Un amigo peludo! ¿Podría ser mas dichosa? — Sapo Soso, suena espectacular para mi — comento entendiendo mal el nombre del platillo mientras se balanceaba de un lado a otro sin borrar su preciosa sonrisa desbordante de júbilo — … es un gran día, me alegro de haber sido emboscada por Bonita para hacer sus compras. Lo marcaré en mi calendario como el Día del Ajinomoto Moteado. Escribiré sobre ti en mi diario, sobre lo increíble que eres, amigo — inclino la cabeza hacia él, mirándolo como un niño miraría a su ídolo.
El cocinero de pronto puso un plato burbujeante delante de ella, con unos palillos. Se veía curioso… ¿esos trozos serían carne? ¡No importaba! ¡SU AMIGO LA ESTABA ALIMENTANDO! No podía ser tiquismiquis, se tragaría la carne sin vomitar… por la fuerza de la amistad peluchistica.
Cuidado, MM. Si lo comes muy rápido, el picante te hará olvidar hasta cómo te llamas. Bon appetit!
¿Picante? Cada vez sonaba peor el asunto, pero no podía acobardarse, así que le dedico su sonrisa sirenezca, un guiño y procedió a… comer. Despego los palillos y tomo el primer bocado — … ¡Quema y pica! — comento tomando otro bocado, no sabia a carne… realmente no sentía que estuviera comiéndose a alguien, así que eso le dio mucha mas convicción para engullir todo ese plato.
Bocado.
Quema.
Pica.
Soplo.
Quema.
Pica.
Soplo.
Venga, venga, despacio, que no se va a acabar! Notas ese regusto que te llena la boca?. Eso es el ajinomoto. Oiga jefe? Sabes de alguien de por aquí que venda ajinomoto? Mi amiga necesitaba comprar un poco para su cocinera.
¡SU AMIGA!
Bocado.
Quema.
Pica.
Soplo.
Bocado.
Quema.
Pica.
Soplo.
Lo repitió varias veces, pero no se detenía, no podía, no cuando le decía AMIGA el peluche moteado. Uso su mano menos hábil para abanicarse, el tipo que atendía el local también la estaba ayudando con un cartón al ver sus mejillas rojas, y sus ojos llenarse de lágrimas no derramadas, pero no la detuvo porque vio la convicción en ella. ¡Una señorita muy hermosa y decidida! — … Esta… cof… muy… cof… bueno… cof… gracias… cof… amigo cof cof — intento decir, pero la tos y su expresión solo reafirmaban que la estaba pasando mal con el picante y lo caliente del plato — ¿Agua? Cof — pidió en un chillido al buen comerciante, quien enseguida se la dio y ella pudo refrescarse — … Cof… ¿qué… cof… es…cof? — pregunto cuando ya iba por la mitad, tampoco comía mucho, esta llena para ese momento, pero no podía dejar nada que su AMIGO PELUCHE le invito.
— … arroz, tofu, soja, judías fermentadas… — recito el hombre mientras María limpiaba algunas lágrimas no derramadas de sus ojos — … ¡Mi mejor plato vegano! — finalizo con la confianza del que ha hecho un gran trabajo.
— ¿No cof tiene nada cof vivo en su cof preparación? — cuestiono la celeste, esperando con mucha expectativa la respuesta.
— No — respondió llanamente, dándole otro vaso de agua.
— Cof es cof lo mejor cof que he comido cof desde que cof llegue a esta isla cof — dijo con total honestidad, aunque el picante y lo caliente le estuvieran destruyendo las papilas gustativas, la faringe, el esófago, el cardias y por ultimo el estómago. ¡No quería ni imaginar cuando saliera de su cuerpo!
Con ese comentario, y escuchando que ya tenían dónde buscar el ajinomoto, la semi sirena volvió al ataque del cuenco, que, aunque ya estaba un poco menos caliente, aun picaba como el demonio — Cof gracias… cof… Kiwi — le agradeció a su nuevo amigo.
— ¿Esta llorando, Señorita? ¿Se siente bien? — pregunto con evidente preocupación el cocinero, quien le paso una servilleta.
— Cof… no, no estoy llorando cof, estoy muy feliz cof me siento cof muy bien cof increíblemente bien cof de haber cof comido con cof Mi Amigo — comento tomando la servilleta y limpiando las lágrimas. Sus mejillas estaban rojas, otorgándole un plus adorable a su belleza.
— … arroz, tofu, soja, judías fermentadas… — recito el hombre mientras María limpiaba algunas lágrimas no derramadas de sus ojos — … ¡Mi mejor plato vegano! — finalizo con la confianza del que ha hecho un gran trabajo.
— ¿No cof tiene nada cof vivo en su cof preparación? — cuestiono la celeste, esperando con mucha expectativa la respuesta.
— No — respondió llanamente, dándole otro vaso de agua.
— Cof es cof lo mejor cof que he comido cof desde que cof llegue a esta isla cof — dijo con total honestidad, aunque el picante y lo caliente le estuvieran destruyendo las papilas gustativas, la faringe, el esófago, el cardias y por ultimo el estómago. ¡No quería ni imaginar cuando saliera de su cuerpo!
Con ese comentario, y escuchando que ya tenían dónde buscar el ajinomoto, la semi sirena volvió al ataque del cuenco, que, aunque ya estaba un poco menos caliente, aun picaba como el demonio — Cof gracias… cof… Kiwi — le agradeció a su nuevo amigo.
— ¿Esta llorando, Señorita? ¿Se siente bien? — pregunto con evidente preocupación el cocinero, quien le paso una servilleta.
— Cof… no, no estoy llorando cof, estoy muy feliz cof me siento cof muy bien cof increíblemente bien cof de haber cof comido con cof Mi Amigo — comento tomando la servilleta y limpiando las lágrimas. Sus mejillas estaban rojas, otorgándole un plus adorable a su belleza.
Ves? a veces no hace falta ir a toda prisa de lado a lado, sino simplemente sentarse a disfrutar de un buen plato de comida, y la solución aparece sola.
— Cof cof lo veo, amigo, lo veo cof cof — le respondió María intentando sonreírle pero aun estaba mal por aquel plato de comida, debió tomárselo con calma, hacerle caso al felino pero en su euforia solo se dejo llevar — Cof… anotare cof ese consejo también cof — miro como el brazo musculoso descanso en su hombro, y la caricia la hizo relajarse. El carraspeo iba quedando atrás, aunque su cuerpo estaba… empezando a pasarle factura — Cof Amigo Kiwi cof te gusta mucho el cof ¿picante? — le pregunto, si su amistad dependía de ese alimento infernal… ella necesitaría que Hyakinthos le preparada muchos antídotos.
María respiro, inhalando y exhalando. La tortura de la amistad mink leoparda iba quedando, aunque su boca aún se sentía pesada, y su estomago extrañamente prensado. Llegaron sin perderse hasta donde el tal Svensson, porque SU AMIGO estaba guiando esa travesía, si lo hacía María, seguro estarían yendo al otro lado del muelle.
— ¡Por las olas del mar del Este! ¡Una hermosa mujer en mi humilde puesto de especias! — el viejo salió de detrás de stand, haciendo una reverencia y tomando la mano de María para plantarle un beso — Pide lo que quieras, Señorita, te lo daré a ti con un enorme descuento — le soltó la mano, no hubo realmente connotación negativa, solo pura admiración ante la belleza delante de él — Eres un hombre afortunado. Cuídala amigo, en estos mares lo único y hermoso es muy bien valorado… — musito lo ultimo entrecerrando los ojos hacia las escamas en sus hombros — Entonces… ¿qué es lo que buscan? — dijo con entusiasmo sonriendo con su cara curtida por la vejez, como si nunca hubiera dicho algo tan extraño.
— ¡Ajinomoto! — soltó María sin pensarlo, era lo que buscaban luego metió la mano en su pecho derecho, dónde guardo la hoja con el resto de ingredientes, y la extendió hacia el hombre que con un sonrojo la tomo — … y cof… todo lo de esa lista por favor cof — solicito con su sonrisa amable, aunque su faringe continuaba protestando y su panza retorciéndose — … la afortunada soy yo, cof de tener un amigo tan cof caballeroso peludo — comento respondiendo a lo anterior que había dicho el sujeto, ella no había entendido que él los relaciono como “pareja” — … Amigo Kiwi… ¿también buscabas especias? — lo miro de reojo, llevando su diestra al propio estómago, no se estaba sintiendo nada bien.
— ¡Aquí tiene todo lo de la lista, Señorita Hermosa! — estiro una bolso hacia ella, ella le dio unas monedas pero no logro agarrar los ingredientes comprados.
La brisa soplo, removió sus cabellos celestes, y trajo consigo el olor del Mofo Tofu. María sintió arcadas, escalofríos en su cuerpo, se llevo la mano a la boca — … l-lo si-siento — apenas alcanzo a decir, antes de ponerse una mano en la boca y salir corriendo. ¿Hacia dónde? ¡Hacia donde pudiera vomitar!
Corrió, evitando personas, tropezando a otras más, que cuando la veían la molestia inicial desaparecía. No quería vomitar a nadie, pero no aguantaba más, al dejar el muelle y sentir la arena, fue hacia dónde no veía personas…
Su voluntad se rompió, las arcadas ganaron, su estómago devolvió aquel rico, pero mal habido platillo vegano.
María respiro, inhalando y exhalando. La tortura de la amistad mink leoparda iba quedando, aunque su boca aún se sentía pesada, y su estomago extrañamente prensado. Llegaron sin perderse hasta donde el tal Svensson, porque SU AMIGO estaba guiando esa travesía, si lo hacía María, seguro estarían yendo al otro lado del muelle.
— ¡Por las olas del mar del Este! ¡Una hermosa mujer en mi humilde puesto de especias! — el viejo salió de detrás de stand, haciendo una reverencia y tomando la mano de María para plantarle un beso — Pide lo que quieras, Señorita, te lo daré a ti con un enorme descuento — le soltó la mano, no hubo realmente connotación negativa, solo pura admiración ante la belleza delante de él — Eres un hombre afortunado. Cuídala amigo, en estos mares lo único y hermoso es muy bien valorado… — musito lo ultimo entrecerrando los ojos hacia las escamas en sus hombros — Entonces… ¿qué es lo que buscan? — dijo con entusiasmo sonriendo con su cara curtida por la vejez, como si nunca hubiera dicho algo tan extraño.
— ¡Ajinomoto! — soltó María sin pensarlo, era lo que buscaban luego metió la mano en su pecho derecho, dónde guardo la hoja con el resto de ingredientes, y la extendió hacia el hombre que con un sonrojo la tomo — … y cof… todo lo de esa lista por favor cof — solicito con su sonrisa amable, aunque su faringe continuaba protestando y su panza retorciéndose — … la afortunada soy yo, cof de tener un amigo tan cof caballeroso peludo — comento respondiendo a lo anterior que había dicho el sujeto, ella no había entendido que él los relaciono como “pareja” — … Amigo Kiwi… ¿también buscabas especias? — lo miro de reojo, llevando su diestra al propio estómago, no se estaba sintiendo nada bien.
— ¡Aquí tiene todo lo de la lista, Señorita Hermosa! — estiro una bolso hacia ella, ella le dio unas monedas pero no logro agarrar los ingredientes comprados.
La brisa soplo, removió sus cabellos celestes, y trajo consigo el olor del Mofo Tofu. María sintió arcadas, escalofríos en su cuerpo, se llevo la mano a la boca — … l-lo si-siento — apenas alcanzo a decir, antes de ponerse una mano en la boca y salir corriendo. ¿Hacia dónde? ¡Hacia donde pudiera vomitar!
Corrió, evitando personas, tropezando a otras más, que cuando la veían la molestia inicial desaparecía. No quería vomitar a nadie, pero no aguantaba más, al dejar el muelle y sentir la arena, fue hacia dónde no veía personas…
Su voluntad se rompió, las arcadas ganaron, su estómago devolvió aquel rico, pero mal habido platillo vegano.
¡Blaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaargh!
¡Blaaaaaaaaaaaaargh!
¡Blaaaaargh!
¡Blaaaaaaaaaaaaargh!
¡Blaaaaargh!
Su cuerpo convulsiono con cada regurgitar, si tragarse el picante y lo caliente había sido difícil, la salida no estaba siendo mejor. ¡La amistad con el Leopardo la estaba matando! Y moriría feliz de ser el caso… solo debía sacarlo todo, ya estaba en eso ¿No?
README
Karma Fanático: Hyakinthos.
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