16-03-2026, 04:10 PM
—¿Sueños? ¿Yo? Hmpf, ¡ciertamente!
La abrazó nuevamente con un brazo y se giró con ella para mirar hacia el mar azul que se extendía ante sus ojos. Señaló con la mano que sostenía aún la pinta de cerveza y luego hizo un barrido amplio con el brazo mismo mientras sonreía y los ojos se le iluminaban con ambición. Se notaba que su espíritu estaba a fuego vivo en ese mismo instante.
—Mira la inmensidad del Mar Azul, Miyori. Y en algún lugar, en tooooodo ese ancho y lejano mar, habrá un lugar. Una isla. Un espacio solo para gente como tu o como yo. Para aquellos que no queremos saber nada de la Marina ni de su Gobierno Mundial. Un lugar en el que no haya leyes ni reglas más allá de la armoniosa convivencia entre espíritus libres. Se que ese lugar existe. Y lo encontraré. Y entonces seré completamente libre.
Y diciendo eso, se llevó la pinta a la boca y se terminó todo el contenido de la misma. Y algunos podrían decir que Yuuki era buena bebiendo. Pero nada más lejos de la realidad. Ahora tenía la cara roja y los ojos adormecidos. Se notaba que estaba ya ebria. Pero eso no la detenía de seguir con su espíritu festivo. Más bien todo lo contrario. Ahora estaba con más deseos de seguir bailando y cantando en esa pequeña fiesta pirata que se habían montado de un momento a otro.
—El primer paso... ¡hic! —Dijo soltándose de Miyori y caminando, o más bien dando tumbos, hacia el hombre del piano—. Es encontrar un barco... ¡hic! Y una tripulación... sí... y un mapa. ¡Hic!
De solo escucharse hablar a sí misma, le entraba una gana absurda de reírse. Se llevó la mano a la boca y trató de aguantarse. Pero no pudo soportarlo y tan solo volvió a soltar su risa de chancho hasta que olvidó respirar y cayó de espaldas.
—¡JRAH JRAH JRAH JRAH JRAH JRAH JRAH!
Siguió riéndose en el suelo, agarrándose la panza y poniéndose en posición fetal y esta vez tratando de respirar normalmente mientras se seguía riendo, dando cueltas en el suelo. Por supuesto, los otros marineros de alrededor se reían y festejaban también. Unos entretenidos por la actitud festiva de Yuuki. Otros por la simple música y bebida.
La pelirrosa se calmaría un momento y, aún soltando pequeñas carcajadas, extendió su mano a Miyori.
—Ayúdame a levantarme, por favor, ¿Quieres? Creo que me ensucié las alas al revolcarme. Qué vergüenza...
Y las cosas podrían seguir igual de alegres. Pero alguien a lo lejos exclamó con prisa y preocupación. ¡MARINES!
De inmediato la música cesó y todos se miraron unos a otros. Los que pudieron, se bebieron sus tragos de un solo tirón y luego se veía a gente corriendo para un lado y para otro. Algunos levantaban los barriles que se habían traído y hasta había un quintento de tipos levantando el piano y llevándoselo de allí. Todos ponían pies en polvorosa y se disponían a la huída. Por lo visto, la fiesta era genuinamente una fiesta de piratas. Y al fondo de la calle, se veía al grupo de marines avanzar a paso firme. Yuuki tan solo chasqueó con la lengua. Detestaba esa vista. Esos uniformes que en lugar de evocar respeto y admiración, solo eran usados para abusar de los demás.
—Ya me arruinaron el día los perros del Gobierno...
La abrazó nuevamente con un brazo y se giró con ella para mirar hacia el mar azul que se extendía ante sus ojos. Señaló con la mano que sostenía aún la pinta de cerveza y luego hizo un barrido amplio con el brazo mismo mientras sonreía y los ojos se le iluminaban con ambición. Se notaba que su espíritu estaba a fuego vivo en ese mismo instante.
—Mira la inmensidad del Mar Azul, Miyori. Y en algún lugar, en tooooodo ese ancho y lejano mar, habrá un lugar. Una isla. Un espacio solo para gente como tu o como yo. Para aquellos que no queremos saber nada de la Marina ni de su Gobierno Mundial. Un lugar en el que no haya leyes ni reglas más allá de la armoniosa convivencia entre espíritus libres. Se que ese lugar existe. Y lo encontraré. Y entonces seré completamente libre.
Y diciendo eso, se llevó la pinta a la boca y se terminó todo el contenido de la misma. Y algunos podrían decir que Yuuki era buena bebiendo. Pero nada más lejos de la realidad. Ahora tenía la cara roja y los ojos adormecidos. Se notaba que estaba ya ebria. Pero eso no la detenía de seguir con su espíritu festivo. Más bien todo lo contrario. Ahora estaba con más deseos de seguir bailando y cantando en esa pequeña fiesta pirata que se habían montado de un momento a otro.
—El primer paso... ¡hic! —Dijo soltándose de Miyori y caminando, o más bien dando tumbos, hacia el hombre del piano—. Es encontrar un barco... ¡hic! Y una tripulación... sí... y un mapa. ¡Hic!
De solo escucharse hablar a sí misma, le entraba una gana absurda de reírse. Se llevó la mano a la boca y trató de aguantarse. Pero no pudo soportarlo y tan solo volvió a soltar su risa de chancho hasta que olvidó respirar y cayó de espaldas.
—¡JRAH JRAH JRAH JRAH JRAH JRAH JRAH!
Siguió riéndose en el suelo, agarrándose la panza y poniéndose en posición fetal y esta vez tratando de respirar normalmente mientras se seguía riendo, dando cueltas en el suelo. Por supuesto, los otros marineros de alrededor se reían y festejaban también. Unos entretenidos por la actitud festiva de Yuuki. Otros por la simple música y bebida.
La pelirrosa se calmaría un momento y, aún soltando pequeñas carcajadas, extendió su mano a Miyori.
—Ayúdame a levantarme, por favor, ¿Quieres? Creo que me ensucié las alas al revolcarme. Qué vergüenza...
Y las cosas podrían seguir igual de alegres. Pero alguien a lo lejos exclamó con prisa y preocupación. ¡MARINES!
De inmediato la música cesó y todos se miraron unos a otros. Los que pudieron, se bebieron sus tragos de un solo tirón y luego se veía a gente corriendo para un lado y para otro. Algunos levantaban los barriles que se habían traído y hasta había un quintento de tipos levantando el piano y llevándoselo de allí. Todos ponían pies en polvorosa y se disponían a la huída. Por lo visto, la fiesta era genuinamente una fiesta de piratas. Y al fondo de la calle, se veía al grupo de marines avanzar a paso firme. Yuuki tan solo chasqueó con la lengua. Detestaba esa vista. Esos uniformes que en lugar de evocar respeto y admiración, solo eran usados para abusar de los demás.
—Ya me arruinaron el día los perros del Gobierno...

![[Imagen: o32YH2T.png]](https://i.imgur.com/o32YH2T.png)