16-03-2026, 05:35 PM
Los compases finales llegaban. Mis ojos se agudizaron mientras veían cómo sus pies rozaban en el suelo empujados por mi golpe. Pude ver la dirección al haberme fijado con anterioridad, y aunque mi mano izquierda se movió con una velocidad increíble mi mano derecha no fue capaz de seguir el ritmo.
Pare el martillo de su izquierda mientras el chasquido del dial de impacto que guardaba bajo mis vendajes absorbía el exceso de su fuerza. Sin embargo, el golpe que asestó contra mi flanco derecho me hizo flaquear, perdiendo de nuevo el dominio de mis hakis y haciendo que el mundo se emborronara. Aquel hombre golpeaba como un camión. Respiré con fuerza, aguantando las ganas de gritar mientras sentía la presión de su martillo izquierdo sobre mi y el suelo rechinar y astillarase bajo mis pies., un nuevo golpe del frío acero de la cabeza de su arma me volvió a golpear. Tenía que salir de allí. Salté hacia atras saliendo de su rango antes de que fuera capaz de reaccionar de nuevo. Mis pies se impulsaron contra el suelo agrietado del golpe que acaba de recibir y salí despedido alejándome 12 metros de él.
Su ojo sangraba con fiereza mientras mi hombro ardía. Desde los 15 metros de distancia que nos separaban le miraba mientras respiraba entre cortado. Me había confiado con él. Había intentado guardar fuerzas para pelear contra Akatora y casi había muerto. Había cometido un pecado.
Había sido soberbio.
Había sido un engreído.
Había dejado de ser digno.
Había dejado de merecer la fuerza.
Había perdido el derecho de portarla.
Y él... Él había ganado el derecho de...
- Tú - susurré a aquel hombre que casi me había derrotado. Mis recuerdos se entrelazan de nuevo. El azufre, el suelo negro un coliseo, la isla de las bestia. Yo conocía a aquel hombre. Me había alcanzado y casi… Casi me había superado - Tu… ¿Eres el heredero? - y antes de que la respuesta escapara por su boca mis pies traquetearon contra el suelo de la destrozada calle que había visto nuestro combate. Mis alas acompañaban cada zancada y el viento se convirtió en mi compañero. La distancia desapareció entre nosotros y le rodeé hacia su blanco izquierdo recorriendo de nuevo los 15 metros que nos separaban. Sin parar, un movimiento seco de mi hombro disparó mi brazo izquierdo y el dial se activó de nuevo - ¿Tú eres más digno que yo? - Terminé de preguntarle junto al click del artefacto.
Una poderosa ráfaga de viento se extendió desde mi palma y el cuerpo de aquel colosal enemigo salió despedido contra la pared que su hacha había roto al inicio de nuestra contienda. El edificio se rasgó con un boquete enorme perfectamente esférico mientras su cuerpo se estrellaba contra las paredes de la casa, partiendo una, dos y hasta tres paredes a su paso. El edificio quedó totalmente devastado por el paso de su enorme cuerpo y la violencia de el colosal empuje del artefacto de mi tierra natal.
Suspiré mientras movía mi hombro derecho de manera rotativa en busca de alguna lesión de gravedad. Él había ganado la prueba, no… Yo la había fallado. No era meritorio de la fuerza. Caminé entre la destrucción que su enorme cuerpo había generado, los cascotes caían a mi paso mientras la luz se filtraba por las roturas del edificio. Camine hasta que llegué a su cuerpo, estaba destrozado, completamente derrotado, en el suelo y sin mediar palabra con él agarré la fruta que guardaba desde que el maestro murió. Desde que la misión llegó a mi. Desde que empecé el camino. Por dentro de mi macuto, junto a la foto de mi antiguo maestro se encontraba la Rikki Rikki No Mi. La fruta que otorgaba la fuerza, introduje la mano con repulsión, sentía que no tenía derecho a tocar aquel regalo, que ya no era digno de ser su portador y mucho menos de su heredero.
Agarré a aquel hombre por el cuello y… Sin que pudiera evitarlo introduje la fruta por su gaznate y le obligé a tragar la fuerza.
Le miré con furia, resignación y vergüenza. Él se merecía algo que yo había perdido. Él había demostrado a los cielos que era un patético confiado, que mi obstinación casi había terminado mi camino. Y yo debía ser responsable y recuperar lo que me merecía, por eso… Yo le entregaría a él la fuerza, para que la portara, para que la guardase hasta que pudiera sentirme digno de nuevo para llevar esa misión.
- Yo… Volveré a por ella - susurré mientras apretaba con fuerza su cuello. Solté su agarré y dejé que se desmayara, los cortes de su ojo y su mano harían el trabajo que faltaba, si es que seguía consciente.
Salí entre los cascoquetes y el derrumbamiento. El sol y el viento volvieron a acariciarme mientras yo salía de la sombra de mis vergüenzas.
Primero tenía que volver a encontrarme, primero tenía que encontrar de nuevo mi camino y después… Después volvería a por él. Después de volver a merecerla… Volvería a por la fuerza. Salté sobre los edificios y me perdí entre los techos de Arabasta, camino hacia al desierto, en busca de mi perdón. En busca de mi propia fuerza.
Pare el martillo de su izquierda mientras el chasquido del dial de impacto que guardaba bajo mis vendajes absorbía el exceso de su fuerza. Sin embargo, el golpe que asestó contra mi flanco derecho me hizo flaquear, perdiendo de nuevo el dominio de mis hakis y haciendo que el mundo se emborronara. Aquel hombre golpeaba como un camión. Respiré con fuerza, aguantando las ganas de gritar mientras sentía la presión de su martillo izquierdo sobre mi y el suelo rechinar y astillarase bajo mis pies., un nuevo golpe del frío acero de la cabeza de su arma me volvió a golpear. Tenía que salir de allí. Salté hacia atras saliendo de su rango antes de que fuera capaz de reaccionar de nuevo. Mis pies se impulsaron contra el suelo agrietado del golpe que acaba de recibir y salí despedido alejándome 12 metros de él.
Su ojo sangraba con fiereza mientras mi hombro ardía. Desde los 15 metros de distancia que nos separaban le miraba mientras respiraba entre cortado. Me había confiado con él. Había intentado guardar fuerzas para pelear contra Akatora y casi había muerto. Había cometido un pecado.
Había sido soberbio.
Había sido un engreído.
Había dejado de ser digno.
Había dejado de merecer la fuerza.
Había perdido el derecho de portarla.
Y él... Él había ganado el derecho de...
- Tú - susurré a aquel hombre que casi me había derrotado. Mis recuerdos se entrelazan de nuevo. El azufre, el suelo negro un coliseo, la isla de las bestia. Yo conocía a aquel hombre. Me había alcanzado y casi… Casi me había superado - Tu… ¿Eres el heredero? - y antes de que la respuesta escapara por su boca mis pies traquetearon contra el suelo de la destrozada calle que había visto nuestro combate. Mis alas acompañaban cada zancada y el viento se convirtió en mi compañero. La distancia desapareció entre nosotros y le rodeé hacia su blanco izquierdo recorriendo de nuevo los 15 metros que nos separaban. Sin parar, un movimiento seco de mi hombro disparó mi brazo izquierdo y el dial se activó de nuevo - ¿Tú eres más digno que yo? - Terminé de preguntarle junto al click del artefacto.
Una poderosa ráfaga de viento se extendió desde mi palma y el cuerpo de aquel colosal enemigo salió despedido contra la pared que su hacha había roto al inicio de nuestra contienda. El edificio se rasgó con un boquete enorme perfectamente esférico mientras su cuerpo se estrellaba contra las paredes de la casa, partiendo una, dos y hasta tres paredes a su paso. El edificio quedó totalmente devastado por el paso de su enorme cuerpo y la violencia de el colosal empuje del artefacto de mi tierra natal.
Suspiré mientras movía mi hombro derecho de manera rotativa en busca de alguna lesión de gravedad. Él había ganado la prueba, no… Yo la había fallado. No era meritorio de la fuerza. Caminé entre la destrucción que su enorme cuerpo había generado, los cascotes caían a mi paso mientras la luz se filtraba por las roturas del edificio. Camine hasta que llegué a su cuerpo, estaba destrozado, completamente derrotado, en el suelo y sin mediar palabra con él agarré la fruta que guardaba desde que el maestro murió. Desde que la misión llegó a mi. Desde que empecé el camino. Por dentro de mi macuto, junto a la foto de mi antiguo maestro se encontraba la Rikki Rikki No Mi. La fruta que otorgaba la fuerza, introduje la mano con repulsión, sentía que no tenía derecho a tocar aquel regalo, que ya no era digno de ser su portador y mucho menos de su heredero.
Agarré a aquel hombre por el cuello y… Sin que pudiera evitarlo introduje la fruta por su gaznate y le obligé a tragar la fuerza.
Le miré con furia, resignación y vergüenza. Él se merecía algo que yo había perdido. Él había demostrado a los cielos que era un patético confiado, que mi obstinación casi había terminado mi camino. Y yo debía ser responsable y recuperar lo que me merecía, por eso… Yo le entregaría a él la fuerza, para que la portara, para que la guardase hasta que pudiera sentirme digno de nuevo para llevar esa misión.
- Yo… Volveré a por ella - susurré mientras apretaba con fuerza su cuello. Solté su agarré y dejé que se desmayara, los cortes de su ojo y su mano harían el trabajo que faltaba, si es que seguía consciente.
Salí entre los cascoquetes y el derrumbamiento. El sol y el viento volvieron a acariciarme mientras yo salía de la sombra de mis vergüenzas.
Primero tenía que volver a encontrarme, primero tenía que encontrar de nuevo mi camino y después… Después volvería a por él. Después de volver a merecerla… Volvería a por la fuerza. Salté sobre los edificios y me perdí entre los techos de Arabasta, camino hacia al desierto, en busca de mi perdón. En busca de mi propia fuerza.
resumen
belico
gastos
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