17-03-2026, 12:43 AM
(Última modificación: 17-03-2026, 12:47 AM por Miyori Hoshino.)
Ante mi pregunta sobre alcanzar la gloria y la aventura, Cill rió como si una chispa se hubiera encendido de inmediato. Me encantaba escucharlo reír de esa manera, su risa me hacia sentir ligera y suspendida en un instante compartido de alegría.
Sus ambiciones eran más que simples deseos de gloria, y su cercanía despertó en mí una curiosidad imposible de ignorar. Se acercó más de lo que había planeado hacerlo, y cuando su frente rozó con la mía, mi corazón vibró desesperado, casi doloroso, como una cosquilla imposible de contener.
Mi mano derecha se levantó instintivamente y descansó sobre su pecho, sobre su corazón, quería sentir, aunque fuera un instante, si lo que él compartía conmigo era tan real como lo que yo sentía en este momento queriendo evidenciar tal gesto con el ritmo de sus látidos. Inmersión desconocida.
No me aparté, porque no había motivo para hacerlo. Me atraía más el brillo de sus ojos cobrizos, que parecían querer capturar toda la curiosidad de los míos. Su amor por la aventura me fascinaba, era algo que le sentaba perfectamente, y lo hacía aún más admirable.
Reí al contacto de su mano sobre mi cabeza y también por el toque ligero de sus palabras. — Si, tienes razón, el mar es hermoso y algo misterioso, pero vale la pena recorrerlo.
Lo miré de nuevo con cierta sonrisa, estaba satisfecha con su respuesta, pero para mi sorpresa me tope con una expresión un tanto gélida o mejor dicho calculadora de su parte. — ¿Sucede algo?.
Mi mano que reposaba sobre su pecho, fue tomada con rapidez, como si no me permitiera negarme ni escapar. Atrajo mi cuerpo por completo, casi de manera chocante, y no tuve más opción que sostenerme como pude. Cerré los ojos al sentir que mis pies ya no tocaban el suelo. No grité, aunque un escalofrío de miedo ante lo desconocido recorrió todo mi ser.
Al volver a sentir el piso bajo mis pies, abrí los ojos con cierta cautela. Sabía que ya no estábamos en el mismo lugar, pero ahí estaban esas hermosas luces que adornaban el entorno, aunque ahora las veía desde otra perspectiva. Todo había cambiado de lugar, solo que ahora los miraba desde arriba, sobre el techado de aquella caseta músical.
Inspeccioné el panorama con curiosidad, notando cada detalle desde mi nueva posición, y al mirar a Cill, descubrí que mi mano derecha seguía aferrada instintivamente a la manga de su saco, como si soltarlo en este momento fuera imposible.
Eramos los dos, lejos de la realidad y la vez… parte de ella.
Escuché atentamente su explicación sobre la vida de piratas, y cada palabra, cada gesto, se fue quedando en mí. El escenario parecía pintar la obra completa, y de repente comprendí lo que significaba formar parte de una tripulación. Ahora entendía, más que nunca, por que Cill no iba tras la gloria, al final, no sería más que una ambición vacía. Y me alegraba que su ideal fuera así.
Solté su manga, permitiéndole encender su cigarrillo, mientras yo daba un paso adelante para observar con más detalles ambas caras de la moneda, luego levanté la mirada hacia el horizonte, donde parece que se podría encontrar otras verdades y nuevos caminos.
*Un mundo grandioso…* Pensé en su última frase, yo no conocía nada del mundo pero él parecía verlo de una manera distinta a la mía, y aún así se permitía decir que vivir era una dicha. Mi mirada no podía sostener la suya, había algo dentro de mí, procesando, y pasaron varios minutos de silencio, lo suficiente como para que Cill casi se sintiera obligado a disculparse por confundirme, aunque no era ese el caso.
— Bien… —- Dije con cautela, había una idea, si que la había, o mejor dicho… una condición. —- En mi camino no pienso robar, ni matar, ni tampoco hacer cosas que estén mal. —- Aquella realidad, frente a mis ojos, me mostraba la injusticia y la ignorancia en la que algunos vivían.
Miré a Cill de nuevo, no estaba lejos, no mentiré, tenía miedo de caer, pero decidí caminar por ese terreno. De nuevo me acerqué en señal de mando, o al menos eso indicaba mi sonrisa
— Y también me gustaría ser como la iglesia…. —- Mi mano izquierda se alzó hacia su boca con toda la intención de arrebatarle el cigarrillo encendido. Quizás mi familia eran fumadores natos, pero siempre estuve en contra, y ahora que tengo toda la libertad de defender mis creencias, empezaría por mi…¿capitán?.
— Para corregir lo que se tenga que corregir. —- Ahora era yo la que se reía completamente, jovial y decidida. —- Espero que no te incómode, pero seré una Pirata Buena.
Sus ambiciones eran más que simples deseos de gloria, y su cercanía despertó en mí una curiosidad imposible de ignorar. Se acercó más de lo que había planeado hacerlo, y cuando su frente rozó con la mía, mi corazón vibró desesperado, casi doloroso, como una cosquilla imposible de contener.
Mi mano derecha se levantó instintivamente y descansó sobre su pecho, sobre su corazón, quería sentir, aunque fuera un instante, si lo que él compartía conmigo era tan real como lo que yo sentía en este momento queriendo evidenciar tal gesto con el ritmo de sus látidos. Inmersión desconocida.
No me aparté, porque no había motivo para hacerlo. Me atraía más el brillo de sus ojos cobrizos, que parecían querer capturar toda la curiosidad de los míos. Su amor por la aventura me fascinaba, era algo que le sentaba perfectamente, y lo hacía aún más admirable.
Reí al contacto de su mano sobre mi cabeza y también por el toque ligero de sus palabras. — Si, tienes razón, el mar es hermoso y algo misterioso, pero vale la pena recorrerlo.
Lo miré de nuevo con cierta sonrisa, estaba satisfecha con su respuesta, pero para mi sorpresa me tope con una expresión un tanto gélida o mejor dicho calculadora de su parte. — ¿Sucede algo?.
Mi mano que reposaba sobre su pecho, fue tomada con rapidez, como si no me permitiera negarme ni escapar. Atrajo mi cuerpo por completo, casi de manera chocante, y no tuve más opción que sostenerme como pude. Cerré los ojos al sentir que mis pies ya no tocaban el suelo. No grité, aunque un escalofrío de miedo ante lo desconocido recorrió todo mi ser.
Al volver a sentir el piso bajo mis pies, abrí los ojos con cierta cautela. Sabía que ya no estábamos en el mismo lugar, pero ahí estaban esas hermosas luces que adornaban el entorno, aunque ahora las veía desde otra perspectiva. Todo había cambiado de lugar, solo que ahora los miraba desde arriba, sobre el techado de aquella caseta músical.
Inspeccioné el panorama con curiosidad, notando cada detalle desde mi nueva posición, y al mirar a Cill, descubrí que mi mano derecha seguía aferrada instintivamente a la manga de su saco, como si soltarlo en este momento fuera imposible.
Eramos los dos, lejos de la realidad y la vez… parte de ella.
Escuché atentamente su explicación sobre la vida de piratas, y cada palabra, cada gesto, se fue quedando en mí. El escenario parecía pintar la obra completa, y de repente comprendí lo que significaba formar parte de una tripulación. Ahora entendía, más que nunca, por que Cill no iba tras la gloria, al final, no sería más que una ambición vacía. Y me alegraba que su ideal fuera así.
Solté su manga, permitiéndole encender su cigarrillo, mientras yo daba un paso adelante para observar con más detalles ambas caras de la moneda, luego levanté la mirada hacia el horizonte, donde parece que se podría encontrar otras verdades y nuevos caminos.
*Un mundo grandioso…* Pensé en su última frase, yo no conocía nada del mundo pero él parecía verlo de una manera distinta a la mía, y aún así se permitía decir que vivir era una dicha. Mi mirada no podía sostener la suya, había algo dentro de mí, procesando, y pasaron varios minutos de silencio, lo suficiente como para que Cill casi se sintiera obligado a disculparse por confundirme, aunque no era ese el caso.
— Bien… —- Dije con cautela, había una idea, si que la había, o mejor dicho… una condición. —- En mi camino no pienso robar, ni matar, ni tampoco hacer cosas que estén mal. —- Aquella realidad, frente a mis ojos, me mostraba la injusticia y la ignorancia en la que algunos vivían.
Miré a Cill de nuevo, no estaba lejos, no mentiré, tenía miedo de caer, pero decidí caminar por ese terreno. De nuevo me acerqué en señal de mando, o al menos eso indicaba mi sonrisa
— Y también me gustaría ser como la iglesia…. —- Mi mano izquierda se alzó hacia su boca con toda la intención de arrebatarle el cigarrillo encendido. Quizás mi familia eran fumadores natos, pero siempre estuve en contra, y ahora que tengo toda la libertad de defender mis creencias, empezaría por mi…¿capitán?.
— Para corregir lo que se tenga que corregir. —- Ahora era yo la que se reía completamente, jovial y decidida. —- Espero que no te incómode, pero seré una Pirata Buena.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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