17-03-2026, 03:34 AM
Por suerte habían pasado por esa ciudad hace unos días.
Visitarla y acostumbrarse a sus calles los hizo al menos tener una idea de donde estaban parados, de lo que podían llegar a encontrarse en esta isla y adecuarse un poco al horrible calor que se vivía siempre en ese lugar. - Aunque solo te haya pedido un poco de ayuda, no quiero que te limites al pelear -. Habló con quien lo acompañaba ese día, un hombre al que había pedido una mano en su entrenamiento, alguien que empezaba a conocer lo suficientemente bien como para saber que no dudaría en pelear en serio si eso era necesario. - No podré conseguir lo que quiero si no lo practico en situaciones reales también -.
¿Dónde estaban? Su visita a la ciudad de Rainbase le había traído conocimiento sobre ese lugar, un espacio algo apartado de la ciudad pero aún visitable por cualquiera. Pese a eso, se trataba de un punto abierto y sin obstáculos, fuera del desierto que se encontraba en otras partes de la isla pero sin la gran cantidad de personas que poseía el centro poblacional cercano.
¿Para qué estaban ahí? Uker ya lo dijo, le había pedido ayuda a Eros. ¿En qué? También era una respuesta simple. Desde hace un tiempo notó como su falta de manejo y técnica en su mano derecha significaba un problema, aparte de estar perdiendo la capacidad de generar más daño y defenderse de mejor manera si solo podía usar una espada en combate. “Necesito combatir con alguien que me exija al máximo” habían sido las palabras que usó para tratar de convencer a Eros para, de forma muy básica y explicado lo más rápido posible, golpearlo tanto como pudiera.
Detuvo su caminata e inspeccionó el lugar, aceptando entrenar ahí, incluso bajo el inclemente sol que amenazaba con quemarlos. Sus dos espadas resonaron al chocar entre sí mientras tomaba su posición y dejaba que su capitán decidiera desde donde empezar. - Gracias, por cierto -. Dijo al tiempo que sus manos quitaban las katanas de sus vainas, las cuales observó por un momento antes de volver a levantar la mirada.
200 metros los separaban de la primera construcción, desde donde venían. Tenían un buen terreno para poder luchar, no creía que nadie fuese a llegar a molestarlos ni se interpusiera en un combate, pero supuso que tampoco era un problema demasiado grande para un dúo que pudo derrotar a 90 personas en Whisky Peak.
El cocinero suspiró para concentrarse, maldiciendo en su mente al notar como el sudor ya comenzaba a bajar por su frente y nuca.
¿No se podía apagar el sol?
Visitarla y acostumbrarse a sus calles los hizo al menos tener una idea de donde estaban parados, de lo que podían llegar a encontrarse en esta isla y adecuarse un poco al horrible calor que se vivía siempre en ese lugar. - Aunque solo te haya pedido un poco de ayuda, no quiero que te limites al pelear -. Habló con quien lo acompañaba ese día, un hombre al que había pedido una mano en su entrenamiento, alguien que empezaba a conocer lo suficientemente bien como para saber que no dudaría en pelear en serio si eso era necesario. - No podré conseguir lo que quiero si no lo practico en situaciones reales también -.
¿Dónde estaban? Su visita a la ciudad de Rainbase le había traído conocimiento sobre ese lugar, un espacio algo apartado de la ciudad pero aún visitable por cualquiera. Pese a eso, se trataba de un punto abierto y sin obstáculos, fuera del desierto que se encontraba en otras partes de la isla pero sin la gran cantidad de personas que poseía el centro poblacional cercano.
¿Para qué estaban ahí? Uker ya lo dijo, le había pedido ayuda a Eros. ¿En qué? También era una respuesta simple. Desde hace un tiempo notó como su falta de manejo y técnica en su mano derecha significaba un problema, aparte de estar perdiendo la capacidad de generar más daño y defenderse de mejor manera si solo podía usar una espada en combate. “Necesito combatir con alguien que me exija al máximo” habían sido las palabras que usó para tratar de convencer a Eros para, de forma muy básica y explicado lo más rápido posible, golpearlo tanto como pudiera.
Detuvo su caminata e inspeccionó el lugar, aceptando entrenar ahí, incluso bajo el inclemente sol que amenazaba con quemarlos. Sus dos espadas resonaron al chocar entre sí mientras tomaba su posición y dejaba que su capitán decidiera desde donde empezar. - Gracias, por cierto -. Dijo al tiempo que sus manos quitaban las katanas de sus vainas, las cuales observó por un momento antes de volver a levantar la mirada.
200 metros los separaban de la primera construcción, desde donde venían. Tenían un buen terreno para poder luchar, no creía que nadie fuese a llegar a molestarlos ni se interpusiera en un combate, pero supuso que tampoco era un problema demasiado grande para un dúo que pudo derrotar a 90 personas en Whisky Peak.
El cocinero suspiró para concentrarse, maldiciendo en su mente al notar como el sudor ya comenzaba a bajar por su frente y nuca.
¿No se podía apagar el sol?
Libro de recetas
