17-03-2026, 07:05 AM
Jin, lejos de sentirse ofendido parecía calmado, tranquilo. Claramente estaba suficientemente satisfecho con la explicación que le había brindado el contrario. La insistencia no era algo que fuera de su agrado, a diferencia del joven pelirrojo que estaba todavía en la planta superior.
Sus ojos estaban fríos, aquella mirada de hielo que tanto lo caracterizaba, mientras dejaba su camisa sobre el brazo, con calma. —Soy un hombre paciente, más de lo que pueda imaginar probablemente. Puedo esperar el tiempo que haga falta hasta que se acostumbre a mí, mis nombres y todo lo que necesite hasta recordarme. — Hizo una pequeña pausa, mirándolo de nuevo, sin apartar la mirada del contrario en ningún momento, observándolo con claro interés.
—Y además, está claro que su forma de pensar es similar a la mía. Efectividad, claridad, no tolerar errores innecesarios... Me gusta quien pueda comprenderme sin palabras, sea con o sin memoria. Como bien le he puntualizado, soy alguien que prefiere verlo antes que creerlo. No dudo que, viendo sus perspectivas y la forma que tiene de negociar, no me defraudará. Pero, como bien menciono, eso se verá el día de la cita. — No le hacían falta explicaciones, pero sí sintió curiosidad. ¿Su problema de memoria era algo crónico? ¿O tal vez había un factor concreto? Una memoria selectiva, además, podría resultar ser de lo más útil también. Eso, desde luego, iba a ser algo que vería más adelante.
Takano estaba nervioso, la toalla parecía descender ahora revelando parte de sus nalgas. El hombre temblaba, su propio Jefe, Jin, le conocía demasiado y ahora parecía añadírsele el factor de Hyákinthos. —N-no... yo... yo... — El hombre temblaba, la timidez lo estaba ganando, apretando con sus manos la toalla como si fuera una fuente de protección.
La voz de Jin sonaba suave, lenta, aquella voz que lo caracterizaba, haciendo temblar al joven quien ahora parecía comenzar a tener un problema. Uno serio. No supo si sentirse aliviado o más asustado cuando se vio a solas con el pelirrosa con aquel aire que solo le arrancó escalofríos desde la punta de sus cabellos hasta los dedos de los pies. Ahora la toalla parecía haberse rendido, siendo que se concentraba en un solo punto, frente a él, entre sus piernas, tragando saliva. Ni siquiera cuando la actitud del pelirrosa parecía haberse relajado parecía que hubiera funcionado en él. Respiró, sus labios se entreabrían nerviosamente.
—N-no me disgustan... los hombres... — Apenas lo murmuró. Hasta entonces no había respondido a ninguna de sus palabras, ni siquiera cuando escuchaba el agua de la ducha abrirse, y Cherry parecía estar dispuesto a esperar. Solo cuando notó que se iba del dormitorio, lo respondió, momento en que sintió el alivio golpearlo al instante. Su espalda seguía en la pared y se dejó desdender lentamente hasta sentarse en el mismo suelo. Elevó sus manos, tratando de respirar, calmarse. Debía pensar en otra cosa. Solo podía recordar la belleza del propio Hyákinthos y la provocación de Jin. Se puso en pie, revisando la ropa que se le había entregado y, ahora que parecía más calmado, poder vestirse. Tardar demasiado solo podría dar problemas.
Se acercó a la puerta, por donde había salido Hyákinthos, y asomó la cabeza. Su actitud activa y divertida parecía haber regresado ahora que su corazón podía latir normalmente. —¡Ya estoy listo! Y seguro que al jefe no que quedará demasiado para terminar. — Abrió por completo la puerta, momento en que, efectivamente, Jin salía del baño con la toalla sobre la cabeza, y la otra alrededor de la cintura. El cabello secándose gracias a la toalla superior, analizando la situación. —Vaya, ni siquiera habéis empezado. — Lo pronunció naturalmente, solo para darse cuenta de que aquel no podría ser el mejor lugar.
—¡Jefe! Cherry quiere quedarse en la cama. ¡Yo no tengo problema! — Jin analizó la habitación con más detenimiento, observando el lugar de la cama, y las dos colchonetas. Su rostro se ensombreció, dejando escapar el aire en halo cansado. Lo peor era quedarse sin tabaco, lo estaba matando no poder relajarse después de la ducha. Sin embargo, se acercó a las ropas que también parecían haber para él, retirando sin pudor alguno la ropa que todavía cargaba, solo manteniendo la toalla superior.
De todas formas, su insomnio iba a hacer su trabajo, como todas las noches, podría esperar a ver si la lluvia se relajaba. Takano, como un niño, se abalanzó sobre una de las colchonetas, boca abajo. Su tensión parecía haberse desvanecido del mismo modo que aquel rojo en su rostro. Quizás porque comenzaba a tomar un poco más de confianza, quizás por creer en otra cosa. El tatuaje tras su espalda se vio ahora con más claridad. Kanjis con el apellido que él cargaba y, a su vez, el que era el nombre de su clan. No se molestó en cubrirlo, Takano conocía el tatuaje y, a diferencia de él, Takano no poseía ninguno. Se terminó de vestir, sentándose a los pies de la cama, observando fijamente a Hyákinthos. No se iba a tumbar, por el momento solo era para entablar la conversación. —Takano lo escoltará cuando llegue a la cita, espero que no le importe, Hyákinthos.

—No se preocupe por eso, Hyákinthos.
Sus ojos estaban fríos, aquella mirada de hielo que tanto lo caracterizaba, mientras dejaba su camisa sobre el brazo, con calma. —Soy un hombre paciente, más de lo que pueda imaginar probablemente. Puedo esperar el tiempo que haga falta hasta que se acostumbre a mí, mis nombres y todo lo que necesite hasta recordarme. — Hizo una pequeña pausa, mirándolo de nuevo, sin apartar la mirada del contrario en ningún momento, observándolo con claro interés.
—Y además, está claro que su forma de pensar es similar a la mía. Efectividad, claridad, no tolerar errores innecesarios... Me gusta quien pueda comprenderme sin palabras, sea con o sin memoria. Como bien le he puntualizado, soy alguien que prefiere verlo antes que creerlo. No dudo que, viendo sus perspectivas y la forma que tiene de negociar, no me defraudará. Pero, como bien menciono, eso se verá el día de la cita. — No le hacían falta explicaciones, pero sí sintió curiosidad. ¿Su problema de memoria era algo crónico? ¿O tal vez había un factor concreto? Una memoria selectiva, además, podría resultar ser de lo más útil también. Eso, desde luego, iba a ser algo que vería más adelante.
[***]
Takano estaba nervioso, la toalla parecía descender ahora revelando parte de sus nalgas. El hombre temblaba, su propio Jefe, Jin, le conocía demasiado y ahora parecía añadírsele el factor de Hyákinthos. —N-no... yo... yo... — El hombre temblaba, la timidez lo estaba ganando, apretando con sus manos la toalla como si fuera una fuente de protección.

—¿No le has oído? Quiere escucharlo alto y claro, Takano.
La voz de Jin sonaba suave, lenta, aquella voz que lo caracterizaba, haciendo temblar al joven quien ahora parecía comenzar a tener un problema. Uno serio. No supo si sentirse aliviado o más asustado cuando se vio a solas con el pelirrosa con aquel aire que solo le arrancó escalofríos desde la punta de sus cabellos hasta los dedos de los pies. Ahora la toalla parecía haberse rendido, siendo que se concentraba en un solo punto, frente a él, entre sus piernas, tragando saliva. Ni siquiera cuando la actitud del pelirrosa parecía haberse relajado parecía que hubiera funcionado en él. Respiró, sus labios se entreabrían nerviosamente.
—N-no me disgustan... los hombres... — Apenas lo murmuró. Hasta entonces no había respondido a ninguna de sus palabras, ni siquiera cuando escuchaba el agua de la ducha abrirse, y Cherry parecía estar dispuesto a esperar. Solo cuando notó que se iba del dormitorio, lo respondió, momento en que sintió el alivio golpearlo al instante. Su espalda seguía en la pared y se dejó desdender lentamente hasta sentarse en el mismo suelo. Elevó sus manos, tratando de respirar, calmarse. Debía pensar en otra cosa. Solo podía recordar la belleza del propio Hyákinthos y la provocación de Jin. Se puso en pie, revisando la ropa que se le había entregado y, ahora que parecía más calmado, poder vestirse. Tardar demasiado solo podría dar problemas.
Se acercó a la puerta, por donde había salido Hyákinthos, y asomó la cabeza. Su actitud activa y divertida parecía haber regresado ahora que su corazón podía latir normalmente. —¡Ya estoy listo! Y seguro que al jefe no que quedará demasiado para terminar. — Abrió por completo la puerta, momento en que, efectivamente, Jin salía del baño con la toalla sobre la cabeza, y la otra alrededor de la cintura. El cabello secándose gracias a la toalla superior, analizando la situación. —Vaya, ni siquiera habéis empezado. — Lo pronunció naturalmente, solo para darse cuenta de que aquel no podría ser el mejor lugar.
—¡Jefe! Cherry quiere quedarse en la cama. ¡Yo no tengo problema! — Jin analizó la habitación con más detenimiento, observando el lugar de la cama, y las dos colchonetas. Su rostro se ensombreció, dejando escapar el aire en halo cansado. Lo peor era quedarse sin tabaco, lo estaba matando no poder relajarse después de la ducha. Sin embargo, se acercó a las ropas que también parecían haber para él, retirando sin pudor alguno la ropa que todavía cargaba, solo manteniendo la toalla superior.

—Si está más cómodo, adelante.
De todas formas, su insomnio iba a hacer su trabajo, como todas las noches, podría esperar a ver si la lluvia se relajaba. Takano, como un niño, se abalanzó sobre una de las colchonetas, boca abajo. Su tensión parecía haberse desvanecido del mismo modo que aquel rojo en su rostro. Quizás porque comenzaba a tomar un poco más de confianza, quizás por creer en otra cosa. El tatuaje tras su espalda se vio ahora con más claridad. Kanjis con el apellido que él cargaba y, a su vez, el que era el nombre de su clan. No se molestó en cubrirlo, Takano conocía el tatuaje y, a diferencia de él, Takano no poseía ninguno. Se terminó de vestir, sentándose a los pies de la cama, observando fijamente a Hyákinthos. No se iba a tumbar, por el momento solo era para entablar la conversación. —Takano lo escoltará cuando llegue a la cita, espero que no le importe, Hyákinthos.
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