17-03-2026, 06:51 PM
En esos momentos, Bonez se encontraba fumando y bebiendo en la barra de la taberna, minutos antes de que Dolly irrumpiera en el lugar. Aquel ambiente sombrío y decadente era perfecto para ahogar sus males en alcohol. Aunque no se trataba exactamente de pena o tristeza, sino más bien de una profunda decepción por no haber logrado alcanzar a Tensui después de que a este le cortaran la pierna y su tripulación partiera rumbo a Baquella.
Una vez más, había quedado varado en aquella isla de Samba, sin posibilidad inmediata de continuar su camino. Tendría que comenzar desde cero si deseaba salir cuanto antes de ese lugar.
La tonada que sonaba en la rocola era lenta y melancólica, lo que empujaba a Bonez a beber vaso tras vaso mientras soltaba suspiros cargados de resignación por lo ocurrido.
Bones en aquellos momentos en el bar.
Fue en medio de aquella sesión de whisky y esa pasajera depresión que afectaba al médico brujo cuando sintió la puerta abrirse de golpe, dando paso a una chica tan particular como extraña. A simple vista, parecía conocer a algunos de los presentes, pues lanzaba guiños poco sutiles a diestra y siniestra. Sin embargo, tanto Bonez como el resto de los clientes observaban la escena con una expresión compartida de “¿qué demonios está pasando?”.
De pronto, la joven comenzó a girar sobre uno de los taburetes hasta terminar derribando la jarra de cerveza de uno de los hombres del lugar. El líquido se esparció por la madera, y fue entonces cuando Bonez fijó su mirada en ella, notando que ahora se encontraba sentada peligrosamente cerca.
Cuando la chica terminó de sembrar el caos a su alrededor, se giró hacia el barman y pidió su “mejor ron”. No era mucho decir en un sitio como aquel, donde la calidad importaba poco; lo esencial para los presentes era borrar sus malas memorias, aunque fuera por unos segundos, ahogándolas en alcohol.
El gesto de incomodidad del cantinero habría provocado una carcajada inmediata en Bonez de no haber contenido la risa. En su lugar, intervino con calma.
—Ya la oíste… dale de ese ron verde importado de ahí —dijo, señalando con el mentón una botella que, en realidad, no era más que una mezcla sin alcohol de lima y tónica dulce—.
Aquella bebida podía sacarlo de apuros: tenía un leve amargor que simulaba el alcohol sin traer sus consecuencias.
—No te preocupes, esta ronda invito yo —añadió, dirigiéndose a la peculiar chica que, incluso en medio de su apatía, había logrado captar su atención.
El barman entendió de inmediato la intención de Bonez y asintió en silencio, sirviendo la bebida en una jarra antes de deslizarla hacia la joven.
Bonez volvió a tomar la palabra, observándola con curiosidad, analizando cada detalle de su apariencia, desde sus largos brazos hasta su sombrero de copa.
—En todo el tiempo que he estado en Samba, recordaría haber visto a alguien como tú… ¿Acaso llegaste hace poco a la isla?
