18-03-2026, 01:23 AM
Bajo su punto de vista extremadamente ególatra, aquel ataque debería haber bastado para dejarle algún moretón de esos horribles a su compañero marine, causarle un dolor digno de que se arrodille y suplique una rendición pacífica y lo reconociera como el albino más fuerte de entre los dos, sin embargo, ocurrió algo que no esperaba, incluso si se mantenía transformado en forma logia.
Tras el espadazo a la zona costillar, se activó un contraataque prácticamente inmediato. Hasegawa no lo vio venir y aquel gas de apariencia letal se expulsó directamente contra su piel y sistema respiratorio, dejándolo atontado en un principio y luego comenzando a quemar como nunca. Intentó convertir esas partes del cuerpo en luz pero no valió de nada, seguía doliendo y el efecto parecía dispersarse al resto de su cuerpo, generándole pequeñas marcas violáceas en el cuello de manera parcial y como efecto colateral del impacto, sinónimo de que aquella sustancia se mantendría en su sistema.
Shin soltó su espada y cayo de prepo al suelo, sentado y con ambas manos apoyándose en el susodicho. Su expresión enmarcaba sorpresa ante el hecho inequívoco de que fue derrotado por aquel hombre, y a pesar de que su sonrisa soberbia no se había borrado ni emitió sonidos que pudiesen dejarlo en una posición de debilidad, por dentro le tocaba reconocer que no estaba ni cerca del nivel expuesto por Enji, pues sólo le bastó un movimiento para tumbarlo.
—¿Qué demonios...? —cuestionó, más una pregunta para sí mismo que en dirección a su contraparte, porque no entendía en dónde fue que falló la intangibilidad que hasta la fecha no le había causado problemas, y empezó a hacer el repaso de la escena. Por supuesto, la línea de pensamientos se vio interrumpida por una súbita tos que volvía a denotar los efectos del veneno en su cuerpo, y como un hombre de honor, reconoció los hechos.
—Tú ganas. —remarcó, sus brazos temblando por el daño recibido. Era sorprendente ver que la sonrisa del marine no se había borrado, manteniendo su ego intacto y la voluntad de luchar contra los más fuertes, a medida que reconocía un respeto hacia Enji siguiendo su filosofía. —He enfrentado otras de estas llamadas frutas del diablo y no pasó nada similar a esto... —refunfuñó, aún en el suelo. Entendió que quizás era mejor luchar a distancia con la velocidad de su luz y lo que era capaz de recorrer, y el concepto de que sustancias parecidas a la de esa nube rociadora podían tocarlo abría una rueda de opciones interesante.
—Pero que no se te suba a la cabeza, ¡esta es la primera y única vez que vas a vencerme! —desde su posición, aún en el suelo, lo señaló, poco antes de... caer del todo, apoyando la cabeza y llevándose ambas manos al rostro. Susurraba cosas sin sentido y en algún punto tuvo toda la apariencia de estar drogado.
Tras el espadazo a la zona costillar, se activó un contraataque prácticamente inmediato. Hasegawa no lo vio venir y aquel gas de apariencia letal se expulsó directamente contra su piel y sistema respiratorio, dejándolo atontado en un principio y luego comenzando a quemar como nunca. Intentó convertir esas partes del cuerpo en luz pero no valió de nada, seguía doliendo y el efecto parecía dispersarse al resto de su cuerpo, generándole pequeñas marcas violáceas en el cuello de manera parcial y como efecto colateral del impacto, sinónimo de que aquella sustancia se mantendría en su sistema.
Shin soltó su espada y cayo de prepo al suelo, sentado y con ambas manos apoyándose en el susodicho. Su expresión enmarcaba sorpresa ante el hecho inequívoco de que fue derrotado por aquel hombre, y a pesar de que su sonrisa soberbia no se había borrado ni emitió sonidos que pudiesen dejarlo en una posición de debilidad, por dentro le tocaba reconocer que no estaba ni cerca del nivel expuesto por Enji, pues sólo le bastó un movimiento para tumbarlo.
—¿Qué demonios...? —cuestionó, más una pregunta para sí mismo que en dirección a su contraparte, porque no entendía en dónde fue que falló la intangibilidad que hasta la fecha no le había causado problemas, y empezó a hacer el repaso de la escena. Por supuesto, la línea de pensamientos se vio interrumpida por una súbita tos que volvía a denotar los efectos del veneno en su cuerpo, y como un hombre de honor, reconoció los hechos.
—Tú ganas. —remarcó, sus brazos temblando por el daño recibido. Era sorprendente ver que la sonrisa del marine no se había borrado, manteniendo su ego intacto y la voluntad de luchar contra los más fuertes, a medida que reconocía un respeto hacia Enji siguiendo su filosofía. —He enfrentado otras de estas llamadas frutas del diablo y no pasó nada similar a esto... —refunfuñó, aún en el suelo. Entendió que quizás era mejor luchar a distancia con la velocidad de su luz y lo que era capaz de recorrer, y el concepto de que sustancias parecidas a la de esa nube rociadora podían tocarlo abría una rueda de opciones interesante.
—Pero que no se te suba a la cabeza, ¡esta es la primera y única vez que vas a vencerme! —desde su posición, aún en el suelo, lo señaló, poco antes de... caer del todo, apoyando la cabeza y llevándose ambas manos al rostro. Susurraba cosas sin sentido y en algún punto tuvo toda la apariencia de estar drogado.
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![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
