[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 2
#21
[personajeinvalido=3367]

Tuve el placer de ver a Akira mientras hablaba de los proclamados delincuentes, piratas y alborotadores del orden, tesoro. Su energía era imposible de ignorar, casi tan ruidosa como la mía y mira que eso ya es decir bastante, no pude evitar observarlo con una media sonrisa mientras analizaba la situación, porque incluso en medio de una posible amenaza, hay quienes no pueden evitar ser exactamente lo que son y entonces comenzó a dar saltos a mi alrededor como si fuese un mono desatado, lleno de energía, impredecible y absolutamente incapaz de quedarse quieto. Mi cascabel respondió con un sonido suave cada vez que movía la cola para seguirle el ritmo visualmente, mis ojos clavados en él con una mezcla de diversión y atención real. —Ay, tesoro, si esa es tu forma de prepararte para un posible enfrentamiento entonces más te vale no perder ese entusiasmo cuando las cosas se pongan realmente serias, porque voy a necesitar que toda esa energía sirva para algo más que dar saltitos encantadores alrededor mío —comenté con una sonrisa ladeada.
 
Lo observé un momento más, ladeando ligeramente la cabeza mientras mis alas se acomodaban detrás de mí con elegancia, porque sí, esta división es un completo circo. Un espectáculo de personalidades intensas, estilos distintos y formas únicas de enfrentar el deber y, honestamente, no lo cambiaría por nada del mundo. —Vamos a proteger ese ferry de los delincuentes, tesoro —dije con firmeza mientras mi cuerpo comenzaba a desplazarse por la cubierta en un movimiento fluido y zigzagueante, con mi cola serpentina deslizándose con elegancia y precisión sobre la madera. Cada impulso era natural, casi hipnótico. El cascabel al final de mi cola con un sonido constante, marcando un ritmo distinto al de mis maracas, uno más tenso, más, peligroso, mis ojos fijos en el ferry como si ya pudiera ver el problema antes de que se manifestara por completo.
 
—Consumí esta akuma no mi que me permite transformarme en una serpiente de cascabel, tesoro y mira esta combinación de elegancia, peligro y ritmo que no se consigue todos los días, ¿no te parece que va perfectamente conmigo, Juan? —dije con una sonrisa ladeada mientras mi cascabel sonaba, casi como si acompañara mis propias palabras, no lo digo por presumir, lo digo porque es la verdad, y ya se sabe que yo no miento, pero claro, el universo nunca permite que una revelación tan fabulosa ocurra en calma.
 
En cuestión de segundos, todo empezó a desordenarse con una precisión casi cómica, Sigrid había dejado su alabarda en una habitación cerrada, un detalle que, tesoro, en medio de una posible amenaza, es todo menos ideal, Akira estaba en su propio mundo, actuando como si fuera el cerebro maestro con información de los delincuentes en lugar de un marine listo para actuar, y para rematar, el barco cambió de dirección, así, sin más, sin elegancia, sin aviso digno. Mi cola se tensó ligeramente contra la cubierta, el cascabel se detuvo por un segundo.

Tras haber pasado unas horas de viaje, el sol comenzó a ocultarse lentamente, tiñendo el horizonte con ese brillo que siempre me hace suspirar un poquito, tesoro… pero la calma duró lo justo. Las nubes empezaron a acumularse sin pedir permiso, cubriendo el cielo hasta dejarlo completamente blanquecino, como si alguien hubiese decidido borrar el verano de un solo trazo, pero no es precisamente el tipo de espectáculo que me gusta.
 
El frío se coló en la cubierta con una intensidad inesperada, mucho más molesto que el calor que habíamos soportado durante la tarde. Mi piel ahora cubierta en parte por escamas reaccionó al cambio, y mi cola se movió con un leve roce contra la madera mientras ajustaba mi postura. —Ay, Ay, Ay, ya no se siente como un simple cambio de clima, y mira que he visto cielos ponerse caprichosos como una señorita en sus dias, pero este tiene una intención bastante fea escondida entre esas nubes tan blanquitas —murmuré con una pequeña sonrisa cerca de Akira quien parecía querer subirse en la espalda de Sigrid. A lo lejos, la silueta de la isla comenzaba a definirse, justo hacia donde el desfile de barcos se había desviado. El mar se agitaba un poco más con cada minuto que pasaba, y el ambiente se volvía denso, pesado como si algo estuviera esperando nuestra llegada.
 
Los chicos decían ver una silueta a lo lejos, tesoro, pero por más que afiné la mirada no lograba distinguir nada con claridad; el horizonte se había vuelto un lienzo borroso entre nubes y mar inquieto, y eso no me gustaba ni un poquito. Estaba a punto de decir algo, de soltar una de mis observaciones con todo el estilo que corresponde, cuando de repente todo se apagó. Así, sin aviso, sin elegancia, sin darme siquiera el gusto de reaccionar como es debido. Sentí mi cuerpo ceder, la fuerza abandonando cada músculo mientras mi cola se deshacía en el proceso inverso, escamas retrocediendo, huesos reacomodándose, volviendo a ser yo, completamente yo. Caí contra la cubierta con un golpe sordo y mis alas parecían pesar más de lo normal, mis dedos eran incapaces de aferrarse a nada, qué forma tan poco glamurosa de desplomarse.
 
Entonces llegó la oscuridad, no veía nada, no sentía el viento como antes, no percibía a los demás con esa claridad que siempre me acompaña, pero algo sí estaba ahí. Una canción, suave al principio, colándose en mi mente como un recuerdo que no pedí pero que tampoco podía rechazar. Era ese tipo de melodía que te abraza cuando has bebido demasiado, cuando la noche se vuelve eterna entre risas, maracas improvisadas y confidencias que solo existen bajo la luz tenue de un bar cualquiera. Podía casi oler el alcohol, escuchar las carcajadas, sentir ese calor despreocupado que llega cuando el mundo deja de pesar por unas horas, esas noches donde uno se pierde un poquito para poder encontrarse después.
 

Mi cuerpo no respondía, pero mi mente vagaba entre esos recuerdos, arrastrándome a ese instante incómodo del día siguiente cuando abrir los ojos es una batalla, cuando todo da vueltas y el alma parece seguir bailando, aunque el cuerpo ya no quiera y entre esa neblina mental, como un eco lejano pero insistente, apareció esa frase. —Hoy parece 31 de febrero —murmuré en la oscuridad, con una sonrisa débil que nadie pudo ver.

Mi Off
[Imagen: xFGuWOj.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 512 + 0 = 512
Energia: 510 + 2 = 512
Espiritu: 102 + 0 = 102


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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 2 - por Masato Ami - 18-03-2026, 05:59 PM

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