18-03-2026, 09:38 PM
[personajeinvalido=3367]
Definitivamente, Tensui sabe cosas. No sé cómo lo hace, pero lo hace, ni siquiera se había dado la vuelta y ya sabía que yo tenía algo que no era mío. Es inquietante, casi como si pudiera oler mis intenciones antes de que yo misma las termine de pensar, hice una mueca pequeña, inflando un poco las mejillas mientras miraba la pieza entre mis dedos, ni siquiera tenía idea de para qué servía, podría ser parte de un arma, de una máquina o simplemente algo importante que no debería desaparecer por accidente. —Pero bueeeeeno, ya lo dejo en su lugar —murmuré con ese tonito resignado que no me sale del todo convincente.
Me incliné un poco hacia adelante y la devolví exactamente donde la había tomado o bueno, casi exactamente. Ajusté un poquito la posición, como si eso compensara la intención inicial. Mis dedos se quedaron un segundo más de la cuenta sobre el metal, como si dudaran en soltarlo, porque soltarlo siempre es la parte difícil, aunque finalmente retiré la mano despacio, como si nada hubiera pasado, y me giré con una sonrisa ligera, inocente, perfectamente ensayada. —¿Ves? Estoy siendo un ejemplo de comportamiento impecable, como toda una niña buena, mirame, mirame —añadí, llevándome una mano al pecho con falsa dignidad —Bajo perfil, cero robos, pura honestidad. —Hice una pausa breve y luego ladeé la cabeza. —Bueno, por ahora, glup. — Salí del taller de Tensui sin hacer mucho ruido, cerrando la puerta detrás de mí con un cuidado que no suelo tener, pero que, por alguna razón, ese lugar me obliga a fingir. El calor quedó atrás poco a poco mientras subía, y con él también esa sensación incómoda de estar siendo observada incluso cuando nadie mira.
Volví a mi habitación y me dejé caer un rato, sin hacer mucho más que mirar el techo y dejar que el balanceo del barco me arrullara. No dormí del todo, pero tampoco estuve despierta, sino ese punto medio donde el tiempo se escurre sin pedir permiso, por lo menos sé que pasaron varias horas, lo suficiente como para que el aburrimiento empezara a picarme otra vez en los dedos y no tenía ninguna intención de volver donde Tensui, porque ya había sido suficientemente buena por un día.
Me incorporé despacio, estirando un poco los brazos mientras mis tentáculos se acomodaban por sí solos, como si también hubieran descansado. Ajusté mi bufanda roja en mi cuello, asegurándome de que cubriera bien lo de siempre. Luego di un par de pasos hacia la puerta, con esa sensación inquieta creciendo otra vez en el pecho, si ya habíamos llegado el mundo afuera me estaba esperando, porque yo no soy muy buena esperando. Salí de la habitación y empecé a subir hacia la parte superior del barco, moviéndome con ligereza entre los pasillos., porque si ya estábamos en puerto, significaba gente y si hay gente, bueno, sonreí apenas para mí misma mientras subía el último tramo. —Sanemi —murmuré en voz baja, casi cantando su nombre antes de siquiera verlo —Más te vale tener buenas noticias porque ya me cansé de portarme bien, glup— Ni siquiera pude decir una palabra mas pues sentí una ola extraña recorrer todo mi cuerpo y pareciera como si mi mundo se desvaneciera en un segundo cayendo al suelo de la cubierta del Buda.
Definitivamente, Tensui sabe cosas. No sé cómo lo hace, pero lo hace, ni siquiera se había dado la vuelta y ya sabía que yo tenía algo que no era mío. Es inquietante, casi como si pudiera oler mis intenciones antes de que yo misma las termine de pensar, hice una mueca pequeña, inflando un poco las mejillas mientras miraba la pieza entre mis dedos, ni siquiera tenía idea de para qué servía, podría ser parte de un arma, de una máquina o simplemente algo importante que no debería desaparecer por accidente. —Pero bueeeeeno, ya lo dejo en su lugar —murmuré con ese tonito resignado que no me sale del todo convincente.
Me incliné un poco hacia adelante y la devolví exactamente donde la había tomado o bueno, casi exactamente. Ajusté un poquito la posición, como si eso compensara la intención inicial. Mis dedos se quedaron un segundo más de la cuenta sobre el metal, como si dudaran en soltarlo, porque soltarlo siempre es la parte difícil, aunque finalmente retiré la mano despacio, como si nada hubiera pasado, y me giré con una sonrisa ligera, inocente, perfectamente ensayada. —¿Ves? Estoy siendo un ejemplo de comportamiento impecable, como toda una niña buena, mirame, mirame —añadí, llevándome una mano al pecho con falsa dignidad —Bajo perfil, cero robos, pura honestidad. —Hice una pausa breve y luego ladeé la cabeza. —Bueno, por ahora, glup. — Salí del taller de Tensui sin hacer mucho ruido, cerrando la puerta detrás de mí con un cuidado que no suelo tener, pero que, por alguna razón, ese lugar me obliga a fingir. El calor quedó atrás poco a poco mientras subía, y con él también esa sensación incómoda de estar siendo observada incluso cuando nadie mira.
Volví a mi habitación y me dejé caer un rato, sin hacer mucho más que mirar el techo y dejar que el balanceo del barco me arrullara. No dormí del todo, pero tampoco estuve despierta, sino ese punto medio donde el tiempo se escurre sin pedir permiso, por lo menos sé que pasaron varias horas, lo suficiente como para que el aburrimiento empezara a picarme otra vez en los dedos y no tenía ninguna intención de volver donde Tensui, porque ya había sido suficientemente buena por un día.
Me incorporé despacio, estirando un poco los brazos mientras mis tentáculos se acomodaban por sí solos, como si también hubieran descansado. Ajusté mi bufanda roja en mi cuello, asegurándome de que cubriera bien lo de siempre. Luego di un par de pasos hacia la puerta, con esa sensación inquieta creciendo otra vez en el pecho, si ya habíamos llegado el mundo afuera me estaba esperando, porque yo no soy muy buena esperando. Salí de la habitación y empecé a subir hacia la parte superior del barco, moviéndome con ligereza entre los pasillos., porque si ya estábamos en puerto, significaba gente y si hay gente, bueno, sonreí apenas para mí misma mientras subía el último tramo. —Sanemi —murmuré en voz baja, casi cantando su nombre antes de siquiera verlo —Más te vale tener buenas noticias porque ya me cansé de portarme bien, glup— Ni siquiera pude decir una palabra mas pues sentí una ola extraña recorrer todo mi cuerpo y pareciera como si mi mundo se desvaneciera en un segundo cayendo al suelo de la cubierta del Buda.
Estanque de peces
