19-03-2026, 03:18 AM
Intervenir cuando su colega médico y, posiblemente, futuro socio, hablaba le pareció de mal gusto, por eso el silencio lo acompañó mientras, sin querer, sus dientes mordían la delicada piel del interior de su boca, una mala maña que ponía en práctica cada vez que tenía oportunidad, en especial cuando estaba concentrado o pensando en cosas específicas. Justo como ahora, donde toda su inquieta y voluble mente debía estar solo centrada en los negocios por venir.
En algún momento, cuando sintió el sabor metálico de la sangre resbalar por sus papilas gustativas, regresó a la “realidad”, aunque en su memoria ya estaba cada palabra y frase dicha por el otro hombre… ¿Sería bueno trabajar con él? Sí, por ahora lo convencía. Tenía buena labia y seguridad suficiente para saber de lo que estaba hablando. Tendría que conformarse con eso mientras tanto, hasta probar los productos que le prometía…no quería que este hombre terminara como el último con el que trabajó, aquel que no cumplió con sus expectativas…y ahora…ahora era curioso que quien tenía al frente pensara de manera casi similar en los casos en donde se ve afectado. Eso lo hizo sonreír tras la copa que, segundos antes, había llevado a sus labios.
—¡Qué casualidad! Tenemos más en común de lo que parece ¿Sabe? —Dio un sorbo a la bebida, dejándose llevar un poco más por el momento, pero aun cuidando de no emborracharse. —Lo digo porque justamente vengo de corregir, personalmente, un problema que comprometió mi trabajo, así que debo darle la misma advertencia: Me gusta la efectividad y eficiencia…me encargaré, por mi cuenta, de cualquier negligencia que se cometa —. Volvió a sonreír, dejando entrever un rostro risueño que contrastaba con sus palabras. —Téngalo en cuenta, porque…por lo poco que hemos hablado, usted me agrada y sería una lástima tener que…corregirlo —. Al terminar de hablar alzó su mirada y lo miró con una seriedad que al mismo tiempo dejaba entrever un dejo de picardía.
—Sea como sea, me alegra que podamos entendernos por ese lado. Simplifica mucho las cosas —. Se relajó y, de paso, decidió, por fin, sostener el frasco de esencia de menta por el que había preguntado. Le quitó la tapa y aspiró el aroma…Ahí se dio cuenta de que en verdad había elegido bien. La mezcla lo hizo relajarse de inmediato, disfrutar el perfume mentolado mientras cerraba sus ojos para concentrarse en ese olor que, lamentablemente, por culpa de su mal olfato, no podía sentir como era debido…tal vez por eso le gustaba tanto o, tal vez por algo más que su subconsciente guardaba; sin embargo, sabía donde estaba, aun tenía cosas que decir.
Cerró el frasco con la esencia de menta y la guardó en su bolsillo, por supuesto que se la llevaría…ya le hacía falta y, además, sería su manera de recordar que tenía un trato con… ¿Bon? ¿Vans? Que difíciles era aprender un nombre…al menos eso rellenaba el espacio de discreción absoluta que le pedía el otro…porque sería imposible recordarlo fuera de un entorno laboral.
—Y no se preocupe por la discreción y precisión…como cirujano, son cosas con las que debo trabajar diariamente y, con respecto a la confianza, esta se gana…y por ahora lleva algunos puntos a su favor, pero veremos como sigue nuestro trabajo para depositar más de mi valiosa confianza en usted…ella es un lujo del que no puedo prescindir siempre ¿Sabe? —Miró el movimiento de las manos del otro hombre, las cartas danzando entre sus dedos y, por un momento, quedó hechizado con aquellos trucos que parecían tan sencillos y a la vez tan complejos en su mente…La magia no era lo suyo, era un terreno desconocido, pero que no le molestaba explorar.
—¡Ah! Respondiendo a sus preguntas sobre mis pacientes —. Hizo una pausa, porque eso era muy amplio. —Los datos que me pide suelen variar de acuerdo a la persona, pero puedo darle un estimado general sobre las personas con las que suelo trabajar —Se mordió la lengua, no porque estuviera a punto de mentir, si no porque era su manera de concentrarse y, para recordar los datos, necesitaba estar centrado. — Jóvenes, entre 15 y 25 años, preferiblemente…Si algún día salgo de ese rango de edades, le comunicaría. También suelo trabajar con personas que tengan un peso saludable de acuerdo a su estatura, nadie en obesidad mórbida ni desnutrido, por supuesto. Me aseguro de que estén saludables antes de cualquier cosa y que lleven un estilo de vida libre de sustancias, pero, de nuevo…si hay variaciones, lo diría…aún así, podría enviarle, en la semana, una lista con los datos de mis próximos tres pacientes. Así sería más fácil.
Por fin dejó de hablar, sabía que había mucha información en sus palabras, pero no podía interrumpirse y arriesgarse a olvidar el hilo de su idea a mitad del diálogo, por eso se tomó un tiempo para estar en silencio, dejar que el otro hombre procesara sus palabras y, finalmente, moverse de nuevo, con gracia, aunque solo para acercarse a la mesa y colocar sobre ella la copa vacía. Era un milagro que aun pensara con relativa claridad después de beber.
—¿Y no me dirá cuantos berries quiere por adelantado? —preguntó antes de sacar su billetera y, sin esperar una respuesta, colocó el dinero sobre la mesa, eran 500 mil berries, ni más ni menos, todos en billetes, nada en monedas. —Bueno, no importa, creo que con eso será suficiente por ahora, si necesita más, puede…Jmmm…
Antes de guardar su billetera, sacó de esta una tarjeta en la que aparecía su contacto, así podrían comunicarse por den den mushi en caso de ser necesario.
—…Puede hablarme por den den mushi, sería más fácil ¿No lo cree? —Alzó la tarjeta frente a sus ojos, así el otro hombre podría verla con claridad y, luego de unos segundos, la colocó sobre la mesa, en el mismo lugar en donde estaban los berries. —Y yo me quedo con la suya, así sabré donde encontrarlo —. El pelirrosa se alejó de la mesa y volvió a meter sus manos en los bolsillos antes de dar una mirada a la salida del local.
—Bien, creo que eso es todo lo que tenía por comentarle, puedo asumir que tenemos un trato y que no va a quedarme mal, así que, con todo esto claro… Me dijo que 3 días ¿no? Misma hora, mismo lugar —. Era tanto una pregunta como una afirmación, pues no aceptaría algo distinto como respuesta. —Puedo trabajar con eso, nos vemos entonces. Ha sido un placer pactar con usted, caballero.
Con eso dicho, el pelirrosa caminó hacia la salida, no esperaría una invitación para salir cuando podía abrir una puerta por su cuenta, así que, en segundos, pasó de estar dentro del cálido recinto de Bones a ser recibido por la frialdad de la noche en las calles de Sorbet. No le molestó respirar el aire, aunque el frío se colaba sin clemencia bajo su ropa, eso lo hizo arrugar la frente, molesto, pero…no demasiado, a fin de cuentas, el pequeño gran paseo por la ciudad había válido la pena. Encontró a quien buscaba.
![[Imagen: hyakocheja.png]](https://i.ibb.co/FLVxQr0j/hyakocheja.png)
