19-03-2026, 07:28 AM
(Última modificación: 19-03-2026, 08:43 AM por Onizuka Jin.)
Por mucho que hablara, ahora, extrañamente, podía ver un poco más a través de él. ¿Cómo era posible? ¿Quizás porque ahora ya parecía conocerle mejor? ¿O tal vez era que, tras la confesión, la confianza había ascendido? Por cada vez que decía estar bien, más convencido estaba de que aquello era falso. No le importó tenerlo encima, o quizás sí. Su mano se acomodó tras la espalda del hombre, a la altura de la cintura, buscando de nuevo su mirada. La excitación no es que le ayudara demasiado a concentrarse, pero los ojos de Tezca junto a sus palabras eran todo lo que necesitaba para mentener el control, incluso si, entre sus piernas, la erección parecía estar torturándolo.
Apretó los dientes, cerrando los ojos. Por mucho que quisiera que le hablara, no podía obligarlo y, para colmo, que concentrase sus besos en su cuello no lo estaba ayudando. El gemido escapó de entre sus labios, acomodándose sobre él para que el contrario estuviera lo más cómodo posible, tratando de acompañarlo aunque fuera con su propio cuerpo, aliviar su pecho, fuera lo que fuere que lo estuviera molestando. Sus manos se cerraban en forma de puños, ¿Debería seguir? Si es lo que Tezca deseaba, que así fuera. Elevó su diestra, con intención de terminar de retirarle la camisa, hasta que se apartó. Parecía que se había decidido, pese a la maldita erección de entre sus piernas. Tuvo que respirar, apretar la mandíbula unos segundos, centrándose una vez más en la prioridad que era Tezca y lo dejó hacer.
Su voz sonaba ronca a medida que se sentaba, cruzándose de piernas para evitar que la situación escalara. Debía respetarlo. Él no era Raigo, no iba a tratarlo como a basura. Elevó su mano, respirando de nuevo, retomando el aliento, intentando que el corazón que se encontraba acelerado por la situación se calmara un poco, concentrándose en lo más importante: Tezca.
Escuchó mejor sus palabras, dejando escapar un leve suspiro, volteando ahora su rostro para encontrarse con la mirada ajena. Sus ojos se entrecerraron, para luego desviar la mirada.
Su voz sonó segura, no mentía. De hecho, sus ojos pálidos, azules, se clavaron en el contrario. —No voy a mentirte diciendo que no intenté que supieran sobre ti, pero no he llegado más lejos que el saber por dónde te movías. No he estudiado sobre ti, no he indagado sobre tu pasado, ni sobre tu ex, aunque te aseguro que no me faltan ganas. — Frotó sus ojos, tratando de mantener la calma, no por furia o molestia, sino para enfocarse mejor. —Hice que te siguieran porque estaba preocupado, pero la orden era solo seguirte, nada más. Y esa orden ya la he retrocedido. — Todavía recordaba, con escalofríos, cuando lo hizo, y lo buscó sin encontrarlo, pensando que Raigo le había atrapado, o descubierto su relación entre ambos después del encuentro del restaurante. —Lo que es sobre ti, quiero que salga de ti, igual que lo que es sobre mí es mejor que salga de mí. — Estiró el brazo, hablaba con sinceridad. Paseó sus dedos índice y corazón por el lado de la mejilla que tenía en su dirección en un gesto cálido, cariñoso y buscando hacerlo sentir cómodo con ese toque suave. —Incluso en tu privacidad, te he respetado. Tengo tantas cosas que quiero saber sobre ti todavía, tantas preguntas sobre ti... Pero mi prioridad es que estés bien, por eso nunca te he preguntado, no desde que... — Recordó el día en que pensó que lo había perdido. Su pecho se apretó en una sensación de dolor. Todo inició por una discusión sobre Aleksei. Apartó suavemente su mano. —Si quieres hablar, yo siempre estaré para escucharte, Tezca. Si no quieres hacerlo, puedes usarme para olvidar. Igual que tú quieres dar un nuevo significado a mi cicatriz, yo quiero darte otro a ti en los momentos que te duelen.
Apretó los dientes, cerrando los ojos. Por mucho que quisiera que le hablara, no podía obligarlo y, para colmo, que concentrase sus besos en su cuello no lo estaba ayudando. El gemido escapó de entre sus labios, acomodándose sobre él para que el contrario estuviera lo más cómodo posible, tratando de acompañarlo aunque fuera con su propio cuerpo, aliviar su pecho, fuera lo que fuere que lo estuviera molestando. Sus manos se cerraban en forma de puños, ¿Debería seguir? Si es lo que Tezca deseaba, que así fuera. Elevó su diestra, con intención de terminar de retirarle la camisa, hasta que se apartó. Parecía que se había decidido, pese a la maldita erección de entre sus piernas. Tuvo que respirar, apretar la mandíbula unos segundos, centrándose una vez más en la prioridad que era Tezca y lo dejó hacer.

—¿Te has decidido?
Su voz sonaba ronca a medida que se sentaba, cruzándose de piernas para evitar que la situación escalara. Debía respetarlo. Él no era Raigo, no iba a tratarlo como a basura. Elevó su mano, respirando de nuevo, retomando el aliento, intentando que el corazón que se encontraba acelerado por la situación se calmara un poco, concentrándose en lo más importante: Tezca.
Escuchó mejor sus palabras, dejando escapar un leve suspiro, volteando ahora su rostro para encontrarse con la mirada ajena. Sus ojos se entrecerraron, para luego desviar la mirada.

—Te equivocas.
Su voz sonó segura, no mentía. De hecho, sus ojos pálidos, azules, se clavaron en el contrario. —No voy a mentirte diciendo que no intenté que supieran sobre ti, pero no he llegado más lejos que el saber por dónde te movías. No he estudiado sobre ti, no he indagado sobre tu pasado, ni sobre tu ex, aunque te aseguro que no me faltan ganas. — Frotó sus ojos, tratando de mantener la calma, no por furia o molestia, sino para enfocarse mejor. —Hice que te siguieran porque estaba preocupado, pero la orden era solo seguirte, nada más. Y esa orden ya la he retrocedido. — Todavía recordaba, con escalofríos, cuando lo hizo, y lo buscó sin encontrarlo, pensando que Raigo le había atrapado, o descubierto su relación entre ambos después del encuentro del restaurante. —Lo que es sobre ti, quiero que salga de ti, igual que lo que es sobre mí es mejor que salga de mí. — Estiró el brazo, hablaba con sinceridad. Paseó sus dedos índice y corazón por el lado de la mejilla que tenía en su dirección en un gesto cálido, cariñoso y buscando hacerlo sentir cómodo con ese toque suave. —Incluso en tu privacidad, te he respetado. Tengo tantas cosas que quiero saber sobre ti todavía, tantas preguntas sobre ti... Pero mi prioridad es que estés bien, por eso nunca te he preguntado, no desde que... — Recordó el día en que pensó que lo había perdido. Su pecho se apretó en una sensación de dolor. Todo inició por una discusión sobre Aleksei. Apartó suavemente su mano. —Si quieres hablar, yo siempre estaré para escucharte, Tezca. Si no quieres hacerlo, puedes usarme para olvidar. Igual que tú quieres dar un nuevo significado a mi cicatriz, yo quiero darte otro a ti en los momentos que te duelen.
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