19-03-2026, 02:12 PM
(Última modificación: 19-03-2026, 02:18 PM por Fuguwu.
Razón: correccion direccion tomada
)
Desembarcamos el Eidfrost de forma discreta, o al menos esa era la intención, dejando las tropas en el barco junto con el navegante que había contratado Viktor, Kraven.
Dos días después, Viktor encabezaba la marcha, yo me posicioné dos metros detrás de él, ligeramente desplazado hacia su costado izquierdo, mientras Karl y Apolo tomaban sus propias posiciones en la formación que buscaba levantar las menos sospechas posibles, solo cuatro personas visitando Risky Red. Llevaba todo el equipo que había preparado antes de zarpar, la gabardina verde esmeralda con sus detalles en relieve, el sombrero vaquero que ahora agradecía más que nunca, las pistolas montadas en el cinturón a mi espalda, los maletines médic y den den mushis guardados en los bolsillos interiores de la gabardina, los guantes de combate ajustados en ambas manos, y el peso familiar de las provisiones y otros artefactos distribuidos en cada bolsillo del pantalón. El Yermo Carmesí se extendía ante nosotros mientras que el calor golpeaba de forma diferente aquí que en Mystoria. Allá el calor era volcánico, húmedo, el tipo de calor que se pegaba a la piel; aquí era seco, abrasador, el tipo de calor que robaba la humedad del aire y dejaba la garganta áspera. Para un gyojin acostumbrado al agua, este clima era particularmente desagradable, sentía cómo mi piel pedía del líquido vital con cada paso que dábamos sobre la arcilla rojiza que crujía bajo nuestras botas.
Mantuve mi haki de observación expandido a ciento cincuenta metros en todo momento pues era un hábito que había desarrollado desde que aprendí a usarlo y había reforzado en Mystoria por lo que ahora lo aplicaba por defecto al estar en territorio hostil. Otra diferencia interesante de la isla era su vegetación, a diferencia de Mystoria en Risky Red no abundaba la vegetación densa que crece en condiciones perfectas de calor y humedad, si no que en su lugar había cactus secos, plantas rodadoras empujadas por el viento caliente, y huesos, muchos huesos de animales que en algún momento intentaron sobrevivir aquí y fracasaron en el intento. El sol nos golpeaba sin piedad desde su posición casi cenital mientras caminábamos camino al pueblo más cercano, y para cuando divisamos el arco de entrada de dicho lugar en el horizonte, había bebido más agua de mi cantimplora de lo que hubiera hecho en condiciones normales. La ciudad nos recibió con un arco de madera enorme donde se leía "Ciudad Escarlata" en letras desgastadas por el tiempo y el clima. Más allá del arco, tres avenidas rectas y paralelas dividían el asentamiento, separadas por unos cincuenta metros entre sí. Los edificios eran construcciones de madera de no más de diez metros de altura, todos con esa estética western que Viktor había predicho. Me adelanté hasta quedarme al lado de Viktor, separados por aproximadamente un metro a su costado izquierdo. Mi haki seguía expandido, detectando presencias dentro de los edificios, aunque no había ni una sola alma en las calles que se extendían frente a nuestros ojos. Muchas presencias, de hecho, pero todas refugiadas del calor del mediodía.
Viktor me pidió escanear la ciudad por lo que asentí y expandí mi haki de observación desde los ciento cincuenta metros hasta trescientos metros, el rango se extendió como una onda invisible que abarcó prácticamente toda Ciudad Escarlata, atravesando paredes de madera y capturando cada presencia viva dentro del perímetro – “Hay gente en casi todos los edificios. La mayoría están en grupos pequeños, dos o tres personas por construcción. Hay mayor concentración de gente en uno de los edificios y juzgando por sus emociones se trata de una taberna o un restaurante.” – Viktor asintió y se giró hacia el equipo para explicar el plan. Apolo y yo tomaríamos la avenida izquierda, Viktor y Karl la derecha. Nos reagruparíamos al final del pueblo y volveríamos por la central. Buscar información en bares, tiendas, oficinas de autoridad, y si algo salía mal, punto de encuentro en el arco de entrada con una palabra clave que Viktor nos susurró cuando nos acercamos formando un corrillo. Me giré hacia Apolo y asentí. Prefería mil veces ir en pareja con él que solo. Apolo tenía esa habilidad de mantener el ánimo arriba incluso en las peores situaciones, y algo me decía que íbamos a necesitar esa actitud antes de que el día terminara. Nos dirigimos hacia la avenida izquierda mientras Viktor y Karl tomaban la derecha.
Dos días después, Viktor encabezaba la marcha, yo me posicioné dos metros detrás de él, ligeramente desplazado hacia su costado izquierdo, mientras Karl y Apolo tomaban sus propias posiciones en la formación que buscaba levantar las menos sospechas posibles, solo cuatro personas visitando Risky Red. Llevaba todo el equipo que había preparado antes de zarpar, la gabardina verde esmeralda con sus detalles en relieve, el sombrero vaquero que ahora agradecía más que nunca, las pistolas montadas en el cinturón a mi espalda, los maletines médic y den den mushis guardados en los bolsillos interiores de la gabardina, los guantes de combate ajustados en ambas manos, y el peso familiar de las provisiones y otros artefactos distribuidos en cada bolsillo del pantalón. El Yermo Carmesí se extendía ante nosotros mientras que el calor golpeaba de forma diferente aquí que en Mystoria. Allá el calor era volcánico, húmedo, el tipo de calor que se pegaba a la piel; aquí era seco, abrasador, el tipo de calor que robaba la humedad del aire y dejaba la garganta áspera. Para un gyojin acostumbrado al agua, este clima era particularmente desagradable, sentía cómo mi piel pedía del líquido vital con cada paso que dábamos sobre la arcilla rojiza que crujía bajo nuestras botas.
Mantuve mi haki de observación expandido a ciento cincuenta metros en todo momento pues era un hábito que había desarrollado desde que aprendí a usarlo y había reforzado en Mystoria por lo que ahora lo aplicaba por defecto al estar en territorio hostil. Otra diferencia interesante de la isla era su vegetación, a diferencia de Mystoria en Risky Red no abundaba la vegetación densa que crece en condiciones perfectas de calor y humedad, si no que en su lugar había cactus secos, plantas rodadoras empujadas por el viento caliente, y huesos, muchos huesos de animales que en algún momento intentaron sobrevivir aquí y fracasaron en el intento. El sol nos golpeaba sin piedad desde su posición casi cenital mientras caminábamos camino al pueblo más cercano, y para cuando divisamos el arco de entrada de dicho lugar en el horizonte, había bebido más agua de mi cantimplora de lo que hubiera hecho en condiciones normales. La ciudad nos recibió con un arco de madera enorme donde se leía "Ciudad Escarlata" en letras desgastadas por el tiempo y el clima. Más allá del arco, tres avenidas rectas y paralelas dividían el asentamiento, separadas por unos cincuenta metros entre sí. Los edificios eran construcciones de madera de no más de diez metros de altura, todos con esa estética western que Viktor había predicho. Me adelanté hasta quedarme al lado de Viktor, separados por aproximadamente un metro a su costado izquierdo. Mi haki seguía expandido, detectando presencias dentro de los edificios, aunque no había ni una sola alma en las calles que se extendían frente a nuestros ojos. Muchas presencias, de hecho, pero todas refugiadas del calor del mediodía.
Viktor me pidió escanear la ciudad por lo que asentí y expandí mi haki de observación desde los ciento cincuenta metros hasta trescientos metros, el rango se extendió como una onda invisible que abarcó prácticamente toda Ciudad Escarlata, atravesando paredes de madera y capturando cada presencia viva dentro del perímetro – “Hay gente en casi todos los edificios. La mayoría están en grupos pequeños, dos o tres personas por construcción. Hay mayor concentración de gente en uno de los edificios y juzgando por sus emociones se trata de una taberna o un restaurante.” – Viktor asintió y se giró hacia el equipo para explicar el plan. Apolo y yo tomaríamos la avenida izquierda, Viktor y Karl la derecha. Nos reagruparíamos al final del pueblo y volveríamos por la central. Buscar información en bares, tiendas, oficinas de autoridad, y si algo salía mal, punto de encuentro en el arco de entrada con una palabra clave que Viktor nos susurró cuando nos acercamos formando un corrillo. Me giré hacia Apolo y asentí. Prefería mil veces ir en pareja con él que solo. Apolo tenía esa habilidad de mantener el ánimo arriba incluso en las peores situaciones, y algo me decía que íbamos a necesitar esa actitud antes de que el día terminara. Nos dirigimos hacia la avenida izquierda mientras Viktor y Karl tomaban la derecha.
Resumen
Haki
Calor
Inventario
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