19-03-2026, 06:48 PM
Las burbujas subieron despacio hasta la superficie, una después de otra, y el pelo de Seraphine se extendió por el agua como los tentáculos de una medusa enorme. Kazan observó desde donde estaba, con los pies todavía hundidos en la misma arena de antes, sin moverse. La pipa seguía encendida. El humo subía recto en el aire quieto de la mañana de verano. Algo en su pecho cedió. Lo que Seraphine estaba haciendo en el fondo de ese mar le resultaba demasiado familiar para reírse. Él también había bajado al fondo a gritar cosas que no podían escucharse. Deja que salga.
Esperó.
Cuando ella reapareció a unos tres metros, el brazo en alto para salvar la libreta del agua, Kazan se agachó levemente. No para parecer menos grande, sino porque la distancia que sus diez metros imponían a cada conversación era una distancia que él podía reducir si hacía el esfuerzo. Aun así, sus rodillas casi rozaban la arena húmeda y el desplazamiento de su peso envió una pequeña ola hacia donde ella estaba. Levantó un dedo y por ende esperó. Leyó la libreta.
*Debo volverme más fuerte. O me quedaré atrás.*
La leyó dos veces. La primera para entender las palabras. La segunda para entender qué había detrás de ellas. Llevó los dedos a un cuerno sin darse cuenta, presionando levemente, mientras el humo de la pipa se deshacía entre él y ella. La primera frase es una decisión. La segunda es un miedo. No son lo mismo, no no. Entonces ella estornudó. -Ga-ha-ha-ha...- La risa salió breve, casi contenida, y murió antes de convertirse en el trueno habitual. Apoyó la mano libre en la rodilla doblada y la miró directo, con esos ojos pequeños que esta mañana no tenían furia. -Por las profundidades... esas dos frases no dicen lo mismo, Seraphine.- intentó trazar en su cabeza el plan para ayudarla -"Volverse más fuerte" es una dirección. Puedes caminar hacia ahí toda la vida. Pero "quedarse atrás"...- La miró. -Eso es otra cosa. Eso tiene un nombre detrás. Algo o alguien de lo que tienes miedo de alejarte, o de no alcanzar.-
No añadió la pregunta todavía. La dejó implícita en el silencio, en el espacio entre los cuatro metros de ella y los diez de él. Sacó la pipa de la boca. Señaló con ella, suavemente, el arco que ella llevaba a la espalda.-Vuelve a donde estabas. Coge el arco.- Su tono no cambió. Seguía siendo el de la marea en calma. -Esta vez cuando vayas a disparar cree en ti de verdad, no en el miedo de quedarte atrás. Y cuando lo hagas...- Sus ojos se posaron en ella con algo que no era evaluación ni instrucción. -...ambos discutiremos eso de quedarte atras.-
Esperó.
Cuando ella reapareció a unos tres metros, el brazo en alto para salvar la libreta del agua, Kazan se agachó levemente. No para parecer menos grande, sino porque la distancia que sus diez metros imponían a cada conversación era una distancia que él podía reducir si hacía el esfuerzo. Aun así, sus rodillas casi rozaban la arena húmeda y el desplazamiento de su peso envió una pequeña ola hacia donde ella estaba. Levantó un dedo y por ende esperó. Leyó la libreta.
*Debo volverme más fuerte. O me quedaré atrás.*
La leyó dos veces. La primera para entender las palabras. La segunda para entender qué había detrás de ellas. Llevó los dedos a un cuerno sin darse cuenta, presionando levemente, mientras el humo de la pipa se deshacía entre él y ella. La primera frase es una decisión. La segunda es un miedo. No son lo mismo, no no. Entonces ella estornudó. -Ga-ha-ha-ha...- La risa salió breve, casi contenida, y murió antes de convertirse en el trueno habitual. Apoyó la mano libre en la rodilla doblada y la miró directo, con esos ojos pequeños que esta mañana no tenían furia. -Por las profundidades... esas dos frases no dicen lo mismo, Seraphine.- intentó trazar en su cabeza el plan para ayudarla -"Volverse más fuerte" es una dirección. Puedes caminar hacia ahí toda la vida. Pero "quedarse atrás"...- La miró. -Eso es otra cosa. Eso tiene un nombre detrás. Algo o alguien de lo que tienes miedo de alejarte, o de no alcanzar.-
No añadió la pregunta todavía. La dejó implícita en el silencio, en el espacio entre los cuatro metros de ella y los diez de él. Sacó la pipa de la boca. Señaló con ella, suavemente, el arco que ella llevaba a la espalda.-Vuelve a donde estabas. Coge el arco.- Su tono no cambió. Seguía siendo el de la marea en calma. -Esta vez cuando vayas a disparar cree en ti de verdad, no en el miedo de quedarte atrás. Y cuando lo hagas...- Sus ojos se posaron en ella con algo que no era evaluación ni instrucción. -...ambos discutiremos eso de quedarte atras.-
