19-03-2026, 11:37 PM
El impacto del Karakusagawara Seiken dio de lleno al dragón y sentí cómo la energía atravesaba las escamas del dragón haciendo que la onda expansiva de 2 metros se propagara más allá de mi objetivo inmediato. En ese momento, por primera vez desde que subí a esta plataforma, mi haki captó algo nuevo, una presencia pequeña, humana, que salía despedida desde la espalda del dragón en línea recta, alejándose del dragón que permaneció en la orilla de la plataforma. Había estado ahí todo el tiempo, oculta de alguna manera, invisible para mi haki hasta este momento, el impacto debió romper lo que fuera que la ocultaba. Expandí mi haki inmediatamente, aumentando el radio de detección a 20 metros mientras corría hacia el borde de la plataforma cubriendo los diez metros que me separaban del precipicio mucho más rápido que la velocidad a la que caía aquel ser al que perseguía, su presencia seguía en mi rango, moviéndose en línea recta por la inercia del golpe 17 metros de distancia horizontalmente para luego comenzar a caer lentamente jalado por la gravedad.
Me detuve exactamente en el borde de la plataforma a las espaldas del dragón, mis dedos de los pies a centímetros del vacío, la ladera descendía en un ángulo pronunciado de 45 grados desapareciendo en la oscuridad. El aura de aquel extraño se sentía desorientada, confusa, girando sin control tras mi ataque, pero después de un par de segundos retomo el control de sus acciones y en ese momento sentí su intención, clara como el cristal en mi percepción del haki, de lanzar un ataque que atacaría al dragón. Hubiera preferido mil veces que decidiera atacarme a mí. Ahora entendía perfectamente que este desgraciado era el culpable del estado actual de un ser tan increíble como el que estaba a mi lado y no le podía perdonar. Pude sentir su ataque al instante de que sucedía, un intento desesperado de salvación. Aprovechando mi gran velocidad levanté mi pierna derecha, el muslo formando un ángulo de 90 grados con mi cuerpo, mi haki de armadura fluyendo instantáneamente hacia mi extremidad tiñendo la pierna de negro metálico todo mi cuerpo, desde la cabeza hasta la cadera y desde la cadera hasta los dedos del pie. Aquel desagradable sujeto lanzó su ataque y yo lancé el mío.
Mi pierna cortó el aire en un arco horizontal perfecto, generando una cuchilla de viento comprimido imbuida en haki de armadura que salió disparada hacia abajo en la trayectoria exacta que mi haki me indicaba, la hoja de aire negro atravesó siete metros en diagonal impactando en la lanza que había arrojado el impresentable ese que buscaba seguir lastimando al dragón, la rompió por completo y siguió su avance otros tres metros hasta impactar en ese ser nefasto. Su caída se aceleró, girando sin rumbo, alejándose más y más. Desapareció en la oscuridad de la tormenta, tragada por el abismo del volcán. El viento aullaba a mil quinientos metros de altura, el dragón a mi lado inconsciente aun de que había sido liberado de su captor y yo a su lado, una torre de obsidiana inamovible tras ese color negro que me otorgaba el haki de armamento que recubría toda mi piel. Las cadenas en su cuello colgaban ahora libremente, sin nadie tirando de ellas, golpeando contra sus escamas con cada movimiento, por fin era libre, su torturador no volvería a incordiarle nunca más.
Me detuve exactamente en el borde de la plataforma a las espaldas del dragón, mis dedos de los pies a centímetros del vacío, la ladera descendía en un ángulo pronunciado de 45 grados desapareciendo en la oscuridad. El aura de aquel extraño se sentía desorientada, confusa, girando sin control tras mi ataque, pero después de un par de segundos retomo el control de sus acciones y en ese momento sentí su intención, clara como el cristal en mi percepción del haki, de lanzar un ataque que atacaría al dragón. Hubiera preferido mil veces que decidiera atacarme a mí. Ahora entendía perfectamente que este desgraciado era el culpable del estado actual de un ser tan increíble como el que estaba a mi lado y no le podía perdonar. Pude sentir su ataque al instante de que sucedía, un intento desesperado de salvación. Aprovechando mi gran velocidad levanté mi pierna derecha, el muslo formando un ángulo de 90 grados con mi cuerpo, mi haki de armadura fluyendo instantáneamente hacia mi extremidad tiñendo la pierna de negro metálico todo mi cuerpo, desde la cabeza hasta la cadera y desde la cadera hasta los dedos del pie. Aquel desagradable sujeto lanzó su ataque y yo lancé el mío.
Mi pierna cortó el aire en un arco horizontal perfecto, generando una cuchilla de viento comprimido imbuida en haki de armadura que salió disparada hacia abajo en la trayectoria exacta que mi haki me indicaba, la hoja de aire negro atravesó siete metros en diagonal impactando en la lanza que había arrojado el impresentable ese que buscaba seguir lastimando al dragón, la rompió por completo y siguió su avance otros tres metros hasta impactar en ese ser nefasto. Su caída se aceleró, girando sin rumbo, alejándose más y más. Desapareció en la oscuridad de la tormenta, tragada por el abismo del volcán. El viento aullaba a mil quinientos metros de altura, el dragón a mi lado inconsciente aun de que había sido liberado de su captor y yo a su lado, una torre de obsidiana inamovible tras ese color negro que me otorgaba el haki de armamento que recubría toda mi piel. Las cadenas en su cuello colgaban ahora libremente, sin nadie tirando de ellas, golpeando contra sus escamas con cada movimiento, por fin era libre, su torturador no volvería a incordiarle nunca más.
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