13-11-2023, 02:58 AM
Pasó las siguientes dos horas recorriendo las diferentes joyerías, ofuscándose en cada escaparate al ver los prohibitivos precios que tenían las piezas expuestas. Algo en su interior le ayudaba a aunar la paciencia que nunca había tenido y eso, irónicamente, la enfadaba. Quería romper el siguiente escaparate y llevarse lo que más le gustase, pero ya no podía hacer eso. Quería sentirse útil, dejar de ser un perro vagabundo en busca del siguiente bocado, quería ser respetada y demostrarle al mundo que era necesaria. Terminar bajo las ordenes del gobierno mundial había sido una casualidad, pero que mejor organismo que ese, uno con todos los medios posibles y con la misma aversión a los piratas que ella. Era perfecto, además tenía la obligación (para ella libertad) de capturar a esos maleantes y demás delincuentes. A Jude se la podía haber categorizado como una de ellos antaño, pero lo que importaba era el presente, y ella se lo debía al gobierno mundial.
Recordando todo esto, quien era, cual era su propósito en la vida, etc. Recordó que estaba en una misión, la segunda, y que debía capturar a un pirata. Le encantaba su nuevo (primer) trabajo. Así pues se olvidó momentáneamente de las joyas y se dirigió hacia los suburbios que había dejado atrás, al lado del puerto, para recabar información allí. Unos tipos sospechosos que parecía vendían algo ilegalmente, quizás cosas robadas, ilícitas o simplemente fuera del régimen de comercio legal para evitar pagar impuestos. Ya tenía un primer objetivo.
Como no pasaba desapercibida, su táctica era ir de frente. Al ver a la semigigante, el que estaba comprando salió corriendo como alma que lleva el diablo y los dos vendedores tardaron algo más en reaccionar pero comenzaron a seguir al que corría pero andando rápido antes de echar a correr también. - ¡QUIETOS AHÍ! - La potente voz de Jude los paralizó. - A ver ineptos, la ley os impide trapichear en este reino. La habéis cagado pero bien. ¿Qué lleváis encima? - La agente cogió a cada uno por una pierna y los agitó hasta vaciar sus bolsillos. - Hmmm bonitos pendientes. ¿Y qué tenemos por aquí? Collares, pulseras... Os parece bonito evitar pagar impuestos por la venta todo este oro veo. ¿No? Estáis de suerte, si me dais la información que necesito podréis salir de esta sin pisar la cárcel. Estoy buscando a Kletus "piel..." - Cogió a los dos con una sola mano y se hurgó el bolsillo en busca de la hoja donde tenía apuntados los datos de la misión. - No, a Glatus "piel azul". ¿Os suena? Más os vale que si. - Los dos maleantes tiritaban de miedo. Uno se atrevió a hablar. - Si señorita, él es quien nos ha dado estas joyas como pago por un favor que le hicimos. Suéltenos, por favor y le diré todo lo que sé. - Jude sonrió maléficamente. - Muy educado, pero olvidaos de vuestra libertad, hasta que no me digas lo que necesito saber sois míos. El aburrimiento me pone de los nervios y uno de mis entretenimientos favoritos es comprobar la resistencia de los huesos de ratas como vosotros. Decidid que va a acabar con mi aburrimiento. ¿Seguir con mi misión o quebrar vuestras frágiles piernecitas? - El que se había mantenido callado comenzó a orinarse encima, como seguía boca abajo todo fue a parar a su cabeza. - Diablos que asco, me estáis cabreando demasiado. - Jude comenzó a apretar con sus manos las piernas que sujetaba. - ¡Aaah! Hablaré, hablaré. Se oculta en las minas de Illisia, él y su tripulación. Por favor, no nos hagas daño. Te juro que es verdad. Nosotros les ayudamos a... - Jude los soltó cayendo ambos con la cabeza por delante. - ¿Veis? No era tan difícil. Por cierto, esto queda confiscado. - La semigigante se agachó para recoger las joyas del suelo. - Son muy peligrosos, tenga cuidado si va a ir sola. - Aunque con buena intención, el vendedor ambulante no sabía lo que acababa de hacer. - ¿En serio tienes el valor de ofenderme así? - Jude propinó una patada al charlatán que lo envió varios metros hacia delante hasta chocar con una pared de piedra. - Largaos de aquí y buscad una manera honrada de ganaros la vida, escoria. - El que no había hablado fue hasta su compañero para incorporarlo y pasando un brazo por su espalda lo ayudo a abandonar la escena.
Ya tenía la información necesaria y unas cuantas alhajas por la cara. Siguiente paso comer algo y localizar las minas. Las asaltaría al anochecer para pasar más desapercibida.
Recordando todo esto, quien era, cual era su propósito en la vida, etc. Recordó que estaba en una misión, la segunda, y que debía capturar a un pirata. Le encantaba su nuevo (primer) trabajo. Así pues se olvidó momentáneamente de las joyas y se dirigió hacia los suburbios que había dejado atrás, al lado del puerto, para recabar información allí. Unos tipos sospechosos que parecía vendían algo ilegalmente, quizás cosas robadas, ilícitas o simplemente fuera del régimen de comercio legal para evitar pagar impuestos. Ya tenía un primer objetivo.
Como no pasaba desapercibida, su táctica era ir de frente. Al ver a la semigigante, el que estaba comprando salió corriendo como alma que lleva el diablo y los dos vendedores tardaron algo más en reaccionar pero comenzaron a seguir al que corría pero andando rápido antes de echar a correr también. - ¡QUIETOS AHÍ! - La potente voz de Jude los paralizó. - A ver ineptos, la ley os impide trapichear en este reino. La habéis cagado pero bien. ¿Qué lleváis encima? - La agente cogió a cada uno por una pierna y los agitó hasta vaciar sus bolsillos. - Hmmm bonitos pendientes. ¿Y qué tenemos por aquí? Collares, pulseras... Os parece bonito evitar pagar impuestos por la venta todo este oro veo. ¿No? Estáis de suerte, si me dais la información que necesito podréis salir de esta sin pisar la cárcel. Estoy buscando a Kletus "piel..." - Cogió a los dos con una sola mano y se hurgó el bolsillo en busca de la hoja donde tenía apuntados los datos de la misión. - No, a Glatus "piel azul". ¿Os suena? Más os vale que si. - Los dos maleantes tiritaban de miedo. Uno se atrevió a hablar. - Si señorita, él es quien nos ha dado estas joyas como pago por un favor que le hicimos. Suéltenos, por favor y le diré todo lo que sé. - Jude sonrió maléficamente. - Muy educado, pero olvidaos de vuestra libertad, hasta que no me digas lo que necesito saber sois míos. El aburrimiento me pone de los nervios y uno de mis entretenimientos favoritos es comprobar la resistencia de los huesos de ratas como vosotros. Decidid que va a acabar con mi aburrimiento. ¿Seguir con mi misión o quebrar vuestras frágiles piernecitas? - El que se había mantenido callado comenzó a orinarse encima, como seguía boca abajo todo fue a parar a su cabeza. - Diablos que asco, me estáis cabreando demasiado. - Jude comenzó a apretar con sus manos las piernas que sujetaba. - ¡Aaah! Hablaré, hablaré. Se oculta en las minas de Illisia, él y su tripulación. Por favor, no nos hagas daño. Te juro que es verdad. Nosotros les ayudamos a... - Jude los soltó cayendo ambos con la cabeza por delante. - ¿Veis? No era tan difícil. Por cierto, esto queda confiscado. - La semigigante se agachó para recoger las joyas del suelo. - Son muy peligrosos, tenga cuidado si va a ir sola. - Aunque con buena intención, el vendedor ambulante no sabía lo que acababa de hacer. - ¿En serio tienes el valor de ofenderme así? - Jude propinó una patada al charlatán que lo envió varios metros hacia delante hasta chocar con una pared de piedra. - Largaos de aquí y buscad una manera honrada de ganaros la vida, escoria. - El que no había hablado fue hasta su compañero para incorporarlo y pasando un brazo por su espalda lo ayudo a abandonar la escena.
Ya tenía la información necesaria y unas cuantas alhajas por la cara. Siguiente paso comer algo y localizar las minas. Las asaltaría al anochecer para pasar más desapercibida.
