20-03-2026, 06:23 PM
Mi pecho sintió un calor suave, así mismo como un cosquilleo de alivio tras haber confirmado y silenciado todas mis dudas, sí, era Enji, y mi sonrisa ahora era más segura y confiada, tratando de hacerle entender que estaba muy feliz de volverle a ver. Mis ojos lo recorrían con gran asombro al descubrirlo más fuerte, más sano y con una calidez en todo su ser, en su expresión, fuera de ser alguien hostil ahora parecía ser más amable, era como si el tiempo que no nos hemos vistos lo hubiese pulido y convertido en su mejor versión, sí, había cambiado, pero no de una forma que doliera, sino, en aquello que mi corazón, en secreto, había anhelado reencontrar en él en una próxima vez, y aún así, me parece increible que siga siendo él.
Incluso me resultó inevitable imaginarlo viajando, impulsado por el deseo de descubrir nuevos horizontes, como si en esos caminos lejanos hubiera encontrado al fin la fuerza para alzar la cabeza y avanzar sin titubeos, ya indagaría después, porque en ese instante una leve culpa rozó en mi corazón al pensar que él volvió al pueblo y no me encontró, aún cuando yo le había prometido esperarlo y sin embargo ese remordimiento tenue se vió apagado cuando no pude evitar una risa baja al saber que él incluso pasó tan cerca de mi hermano, Takeshi, y este nunca logró reconocerlo. Quizás el destino quería que fuera la única en conocer su versión antigua y ahora conocer su versión actual.
— Bueno, supongo que mi hermano no es tan observador como yo… — Respondí con sutil sonrisa, señalando con mi dedo índice la marca de su quemadura de su costado. —- Si no hubiese sido por esa marca, no te hubiese reconocido en absoluto.
—-- Antes de conocerte para ser precisos, un año antes… conocí a un joven algo peculiar, de carácter obstinado…. —- mi mirada se alzó hasta encontrarse con la suya, mientras las memorias tomaban forma entre mis palabras, hilando el momento en que Iggy apareció a mi vida, y luego, inevitablemente las palabras que Yuuki me ofreció —-- Siempre he amado la música, pero no tenía el valor de salir a conocer el mundo… no quería dejar a mi familia… — Hice una breve pausa, dejando que mis ojos descansaran sobre mi violín azul, como si en el instrumento aún viviera el eco de aquellas dudas antes de mis comienzos. —- Pero gracias a él, a ese chico, y a otros más, comprendí que incluso el más pequeño deseo merece ser escuchado… que un sueño, por frágil que parezca, siempre vale la pena seguirlo, aunque el camino nos aleje de aquello que amamos por un tiempo. — Reincorporé mi mirada hacía él, sabiendo bien lo que decía o intentar justificarme.
—- Así qué…salí de Baquella y pasé una larga temporada en Samba, conociendo rostros nuevos, atesorando momentos, y sobre todo, entregándome a lo que más amo… la música. — dejé que una leve sonrisa se plasmara en mis labios, suave, casi suspendida en el recuerdo de todas las personas que he conocido en Samba y que también impulsaron mi sueño de aventurarme a conocer y aprender sobre mi oficio.
Pero un estruendo profundo me sacó de mis pensamientos añorados, un estruendo que rasgó el aire a lo lejos, como un presagio inevitable, la tormenta comenzaba a reclamar el cielo de Baterilla, y el viento, cada vez más insistente e inoportuno, descendía hasta la bahía con una fuerza indomable, obligándome a llevar una mano a mi sombrero para evitar que escapara con las rafagas.
—- Regresé hace poco… hace apenas dos días para ser exacta… — Eso último lo dije en un tarareo, no juguetón, pero si para apartarme de él con pasos tranquilos, dirigiéndome hacia el estuche de mi violín, con cuidado resguardé a Amphitrite, como si protegiera algo más que madera y cuerdas, mientras las primeras señales de la lluvia se acercaban, envolviéndonos bajo la acumulación de nubes oscuras y el reflejo de sus rayos.
—-- ¿Y qué hay de ti…? —- pregunté, dejando que mi voz indicara la curiosidad que ahora sentía, mientras, me colocaba de nuevo las sandalias, estando completamente lejos del mar aunque mi vestido ya estaba empapado en la zona inferior, en las rodillas. —- ¿Qué hiciste en la Isla del Karate?, ¿Cómo es vivir allí?, ¿También guardan alguna música que valga la pena escuchar…? —- quise seguir, dejar que fluyeran todas mis preguntas, pero tuve que callarme al sentir las primeras gotas que comenzaron a caer, suaves, anunciando una llegada que estaba a punto de ser más insistente, no era una lluvia furiosa y tampoco una llovizna, pero sí lo bastante leve y oportuna como para que intentasemos encontrar un refugio antes de quedar a merced de ella.
—- ¿Te parece bien si buscamos un lugar para resguardarnos de la lluvia?
Incluso me resultó inevitable imaginarlo viajando, impulsado por el deseo de descubrir nuevos horizontes, como si en esos caminos lejanos hubiera encontrado al fin la fuerza para alzar la cabeza y avanzar sin titubeos, ya indagaría después, porque en ese instante una leve culpa rozó en mi corazón al pensar que él volvió al pueblo y no me encontró, aún cuando yo le había prometido esperarlo y sin embargo ese remordimiento tenue se vió apagado cuando no pude evitar una risa baja al saber que él incluso pasó tan cerca de mi hermano, Takeshi, y este nunca logró reconocerlo. Quizás el destino quería que fuera la única en conocer su versión antigua y ahora conocer su versión actual.
— Bueno, supongo que mi hermano no es tan observador como yo… — Respondí con sutil sonrisa, señalando con mi dedo índice la marca de su quemadura de su costado. —- Si no hubiese sido por esa marca, no te hubiese reconocido en absoluto.
—-- Antes de conocerte para ser precisos, un año antes… conocí a un joven algo peculiar, de carácter obstinado…. —- mi mirada se alzó hasta encontrarse con la suya, mientras las memorias tomaban forma entre mis palabras, hilando el momento en que Iggy apareció a mi vida, y luego, inevitablemente las palabras que Yuuki me ofreció —-- Siempre he amado la música, pero no tenía el valor de salir a conocer el mundo… no quería dejar a mi familia… — Hice una breve pausa, dejando que mis ojos descansaran sobre mi violín azul, como si en el instrumento aún viviera el eco de aquellas dudas antes de mis comienzos. —- Pero gracias a él, a ese chico, y a otros más, comprendí que incluso el más pequeño deseo merece ser escuchado… que un sueño, por frágil que parezca, siempre vale la pena seguirlo, aunque el camino nos aleje de aquello que amamos por un tiempo. — Reincorporé mi mirada hacía él, sabiendo bien lo que decía o intentar justificarme.
—- Así qué…salí de Baquella y pasé una larga temporada en Samba, conociendo rostros nuevos, atesorando momentos, y sobre todo, entregándome a lo que más amo… la música. — dejé que una leve sonrisa se plasmara en mis labios, suave, casi suspendida en el recuerdo de todas las personas que he conocido en Samba y que también impulsaron mi sueño de aventurarme a conocer y aprender sobre mi oficio.
Pero un estruendo profundo me sacó de mis pensamientos añorados, un estruendo que rasgó el aire a lo lejos, como un presagio inevitable, la tormenta comenzaba a reclamar el cielo de Baterilla, y el viento, cada vez más insistente e inoportuno, descendía hasta la bahía con una fuerza indomable, obligándome a llevar una mano a mi sombrero para evitar que escapara con las rafagas.
—- Regresé hace poco… hace apenas dos días para ser exacta… — Eso último lo dije en un tarareo, no juguetón, pero si para apartarme de él con pasos tranquilos, dirigiéndome hacia el estuche de mi violín, con cuidado resguardé a Amphitrite, como si protegiera algo más que madera y cuerdas, mientras las primeras señales de la lluvia se acercaban, envolviéndonos bajo la acumulación de nubes oscuras y el reflejo de sus rayos.
—-- ¿Y qué hay de ti…? —- pregunté, dejando que mi voz indicara la curiosidad que ahora sentía, mientras, me colocaba de nuevo las sandalias, estando completamente lejos del mar aunque mi vestido ya estaba empapado en la zona inferior, en las rodillas. —- ¿Qué hiciste en la Isla del Karate?, ¿Cómo es vivir allí?, ¿También guardan alguna música que valga la pena escuchar…? —- quise seguir, dejar que fluyeran todas mis preguntas, pero tuve que callarme al sentir las primeras gotas que comenzaron a caer, suaves, anunciando una llegada que estaba a punto de ser más insistente, no era una lluvia furiosa y tampoco una llovizna, pero sí lo bastante leve y oportuna como para que intentasemos encontrar un refugio antes de quedar a merced de ella.
—- ¿Te parece bien si buscamos un lugar para resguardarnos de la lluvia?
![[Imagen: miyoocheja.png]](https://i.ibb.co/20ZJ1jdH/miyoocheja.png)
Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
![[Imagen: file-000000008bfc822faef83e223001f3f5.png]](https://i.ibb.co/WWRcn6nZ/file-000000008bfc822faef83e223001f3f5.png)
