[Presente Absoluto - Aventura Tier 9] - Las segundas partes nunca fueran buenas
#6

Y, de este modo, las cartas estaban sobre la mesa. El justiciero grupo de cuatro - que, muy inteligentemente, habían decido mimetizarse con la isla, con un vestuario acorde su temática -, tras llegar a la entrada de Ciudad Escarlata y encontrarse con las tres distintas avenidas que les ofrecía la tranquila y silenciosa ciudad, decidieron bajo las órdenes del que parecía haber tomado el liderazgo de dicha operación, separarse en dos grupos de dos para recabar la máxima información posible en el menor tiempo necesario. Lo que, mayormente, se conocía como un "divide y vencerás".



Ciudad Escarlata, Avenida de la izquierda
Grupo de Fuguwu y Apolo

El dúo de marines que se unieron al mismo tiempo a la, en su día, División 21 allá en la isla de Momoiro, optaron por tomar el camino de la izquierda. En ese grupo, estarían, por un lado, las risas garantizadas gracias al enorme sentido del humor de Apolo y, por supuesto, el deber y la seriedad que representaban al más reciente de los vicealmirantes Fuguwu. Durante un lapso de varios minutos, la monotonía que se regía en aquella avenida parecía no tener fin, pareciendo incluso que las mismas casas y locales se repetían una y otra vez. No obstante, cuando aquel dúo de marines llevaba algo más de la mitad del camino recorrido Fuguwu, quién tenía activo su Kenbunshoku en un mayor alcance, pudo percibir a unos 300 metros de distancia dos auras, que si bien podía sentir que tenían fuerza, no les llegaba ni por asomo a la suela de sus zapatos. Fuguwu y, eventualmente Apolo, podrían sentir como una de las dos personas estaba furiosa, colérica, mientras que la otra presentaba un sentimiento algo más cercano a la indiferencia y dejadez. Como si todo le diera igual.

Si se apresuraban y se aproximaban hacia el lugar de la escena, podrían llegar a observar como, efectivamente, en mitad de la avenida - y habiendo recorrido en total unos tres cuartos de la misma -, podían observar a dos hombres, uno frente a él otro. El primero de ellos, claramente el que estaba más iracundo y exaltado, era robusto, pudiendo medir cerca de 2 metros y medio. Podía rondar perfectamente los 40 años de edad, que se reflejaban en sus arrugas y en sus marcadas y acentuadas ojeras. Tenía el pelo medio largo y ondulado, de un color anaranjado - del mismo color que su barba y bigote - que se escondía parcialmente bajo su sombrero texano. El resplandor de su camisa y poncho naranja fosforito- adornado por una corbata de color azul turquesa - era capaz de cegar hasta a un ciego si la miraba directamente. Sus pantalones, con flecos, eran de color marrones y, por supuesto, llevaba una botas vaqueras con espuelas.

WESTON PORK


El otro, por el contrario, tenía un aspecto más refinado y, aún así, inspiraba la misma rudeza que podía hacer el primero de los dos hombres. No poseía la misma robustez, quedándose en el metro noventa, pero aún así, sus músculos marcados y contorneados dejaba entrever que no era alguien que descuidara su entrenamiento físico. Era rubio, dejando caer una larga melena salvaje hacia sus espaldas, sobre la que reposaba otros sombrero vaquero mucho más amplio que el del primer hombre y, además, que incluían por encima de la solapa una suerte de gafas. Su rostro, se acentuaba gracias a su pupilas de color verde oliva, que hacía un exquisito juego con el color de sus labios. Su barba, fragmentada en cuadrados, también era un elemento que llamaba la atención, cuanto menos. Sus vestimentas, aunque no tan llamativas a la vista, si que eran extravagantes, por no decir, recargadas, sobre todo teniendo en cuenta la capa que llevaba de color marrón tierra - de dónde colgaban dos pequeñas bolsas dónde iban introducidas dos grandes bolas de metal -, sobre una camiseta de color morada adornada con varias esferas de color verdoso. Su pantalón de color negro, estaba sujeto por un cinturón plateado, que remataba con una hebilla verde con dos manos que señalaban hacia su entrepierna.

BILLY CLYFFO


- ¡MALDITO SEA EL DÍA EN EL QUE TE PILLÉ RETOZANDO CON MI MUJER, BILLY! - Vociferó el primero de los hombres, revelando el nombre del rubito, y dejando bastante claro el motivo por su ira. El robusto pelirrojo estaba agarrándole con su diestra al segundo en cuestión por el cuello de su camiseta, levantándolo incluso por encima del suelo. - ¡Calma, calma, viejo Pork! ¡Yo no tengo culpa que no le des a tu mujer lo que yo le doy, nyohoho! - Contestó, de manera sumamente relajada, moviendo ambas manos hacia el frente de forma reiterada, acompañando al mensaje de que se tranquilizara. Obviamente, no funcionó.- ¿¡QUÉ YO NO LE DOY QUÉ!? - Lanzó a Billy hacia el suelo, poniéndose rojo de la cólera, levantando una pequeña nube polvorienta de arcilla.- ¡SE ACABÓ! ¡EXIJO UNA SATISFACCIÓN! - Exclamó, quitándose uno de sus guantes para lanzárselo a la cara de Billy, quién se levantaba poco a poco y se espolvoreaba la ropa llena de polvo con ambas manos

En ese momento, Pork, se giró su cabeza en todas las direcciones hasta que divisó a los dos marines.- ¡VOSOTROS DOS! ¡VENID ACÁ P'ACA! ¡NECESITO QUE HAGÁIS DE TESTIGOS DE COMO ACABO CON LA VIDA DE ESTE HOMBRE! ¿ESTAMOS? - Imploró a los marines con aspecto de vaquero para que, de esta forma, siguieran con uno de los rituales más comunes del salvaje Oeste: Los duelos.



Ciudad Escarlata, Avenida de la derecha
Grupo de Viktor y Karlglass

Mientras tanto, el grupo protagonizado Viktor - mente fría y maestra del grupo al ser gracias a él por lo que estaban en aquella isla - y Karlglass - la miembro más veterana de la división, así como la más temperamental debido a su sangre de oni - se aventuraban a caminar y recorrer el sendero de la derecha, sufriendo un destino parecido que el del grupo anterior: la monotonía. Pareciera que aquel lugar no tuviera ningún punto de interés o atracción siendo, lo único que se podía observar viviendas y más viviendas, todas muy parecidas la una respecto a la otra. Sólo se salvaba un edificio algo más diferenciado, más o menos a mitad de camino, siendo un banco de dinero, siendo reconocible gracias al rótulo y letrero que tenía por encima de su fachada con las palabras "BANK" además de un logo con una bolsa con el símbolo del berry. Más allá de eso, la peculiar pareja, en caso de seguir su rumbo, se acabaría topando con uno de sus objetivos. Una casa de madera pintada con un negro azabache, y con unos delineados de color blanco en los marcos de la ventana, puerta y por debajo del tejado, el cuál tenía una forma picuda y triangular, similar a una pagoda pero sin tener esa curvatura característica de estos edificios asiáticos. El edificio tenía dos plantas, pudiendo ser observable como en la de arriba, había un ventanuco circular y, en la de abajo, dos ventanas cuadradas. Del mismo modo, también había un porche por delante, en el cuál era posible divisar a un hombre sentado en una mecedora, balanceándose en ella.

Gracias al Kenbunshoku, sería fácil sentir como ese hombre, no poseía una gran fuerza siendo, de hecho, alguien bastante débil. Estaba sumamente tranquilo, siendo palpable gracias a la mundana actividad que estaba haciendo en esos momentos. Conforme viera a la pareja conformada por Viktor y Karl, el hombre se levantaría de sopetón, dejando la silla balanceándose sola, como si un fantasma estuviera sentado sobre ella durante un corto tiempo, hasta que se terminó de parar. El hombre misterioso corrió, siendo claras desde todo momento que no guardaba ningunas intenciones hostiles o llenas de maldad. Conforme se acercaba, era posible apreciar sus rasgos, bastante ordinarios. Midiendo aproximadamente dos metros, era un hombre, ciertamente, ancho de huesos. Físicamente, no tenía grandes características que le hicieran destacar, más allá de sus gafas, su pelo corto con flequillo hacia los lados, su uniforme completamente negro y... Un momento, ¿acaso eso era?

- ~ Soy la ley, soy la ley, soy la leyyyy ~ - Cantaba el señor de las lentes, dando una vuelta completa a son del compás a mitad de corrido, para después seguir caminando hacia los dos protagonistas, hasta que quedó a dos metros de ellos.- ¡La ley is BACK! - Exclamó, colocándose sus gafas sujetando la pata derecha de ésta con su índice derecho.- Karglos de Friego, ciudadano y Sheriff de Ciudad Escarlata, ¿en que puedo ayudarles? - Preguntó, hasta que se fijó en la semioni de grandes proporciones.- ¡Vaya pedazo de peras! - Gritó, señalando con su dedo izquierdo el busto de Karlglass. Por extraño que pareciera, el hecho de que llevara la placa del sheriff en el pecho y que, según el Kenbunshoku, no había ningún rastro de mentira, efectivamente, ese pobre hombre era la figura de autoridad de la ciudad.

KARGLOS DE FRIEGO


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RE: [Presente Absoluto - Aventura Tier 9] - Las segundas partes nunca fueran buenas - por Garnet D. Matlock - 20-03-2026, 08:57 PM

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