21-03-2026, 01:56 AM
Una sonrisa arrogante se plantó en mi rostro ante sus palabras mientras mi miraba bajaba descaradamente a la piel expuesta de su escote. No era la primera vez que lo hacía con una desconocida, ni mucho menos en una habitación del hostal, pero ya sea por la forma en la que había entrado o la honesta agresividad de sus oraciones, pero a diferencia de otras veces no me veía tan tentado a... “hacerme del rogar.” ¿Podría negar la hipocresía en mi? Tampoco tenía nada que probarle, ni me interesaba hacerlo. Sus manos contra mi torso eran mucho más llamativas, deslizándose por este y terminando por retirar aquella camisa.
Sería un tonto si no correspondía a aquel beso, suspirando sobre sus labios antes de volver a conectarlos en entusiasmo, tomándola por la mejilla hasta que ella decidió separarse: Sentía aquella electricidad recorrer mi columna y maldita sea, la forma en la que lo pedía ¿Cómo un hombre como yo podría tan siquiera resistirse? Mi mano acarició la base de su cuello, bajando poco a poco hasta su escote para comenzar a retirar lenta y tortuosamente aquella blusa que me estorbaba. —Un desgraciado bastardo… Si, tal vez esas eran las palabras que faltaban en mi descripción: Por suerte para ti, eso no me hace mejor o peor amante ¿me entiendes? — Mi voz bajó un octavo, admirando aquel elegante cuerpo y no me detuve, no podía hacerlo, colando mi mano por debajo de su espalda para buscar el broche de aquel sostén, poco a poco bajándolo por sus brazos hasta notar aquellos firmes y llamativos senos. Tragué saliva, intentando que no notara lo verdadera distraído que estaba, acomodándome sobre ella para bajar a atacar su cuello con algunos besos que rápidamente se tornaron en mordidas, mordidas que aseguraban dejar una notaría y duradera marca.
Sería un tonto si no correspondía a aquel beso, suspirando sobre sus labios antes de volver a conectarlos en entusiasmo, tomándola por la mejilla hasta que ella decidió separarse: Sentía aquella electricidad recorrer mi columna y maldita sea, la forma en la que lo pedía ¿Cómo un hombre como yo podría tan siquiera resistirse? Mi mano acarició la base de su cuello, bajando poco a poco hasta su escote para comenzar a retirar lenta y tortuosamente aquella blusa que me estorbaba. —Un desgraciado bastardo… Si, tal vez esas eran las palabras que faltaban en mi descripción: Por suerte para ti, eso no me hace mejor o peor amante ¿me entiendes? — Mi voz bajó un octavo, admirando aquel elegante cuerpo y no me detuve, no podía hacerlo, colando mi mano por debajo de su espalda para buscar el broche de aquel sostén, poco a poco bajándolo por sus brazos hasta notar aquellos firmes y llamativos senos. Tragué saliva, intentando que no notara lo verdadera distraído que estaba, acomodándome sobre ella para bajar a atacar su cuello con algunos besos que rápidamente se tornaron en mordidas, mordidas que aseguraban dejar una notaría y duradera marca.

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