21-03-2026, 04:31 AM
[personajeinvalido=3367]
Dolía… como si mi cuerpo recordara algo que mi mente aún no entendía, apenas rozaba la realidad, como saliendo de un lugar profundo donde todo pesa y hasta respirar cuesta, sintiendo ese límite tan cerca pero difícil de cruzar, porque avanzar era sofocante, como si la oscuridad no solo me rodeara sino que me mantuviera en una quietud de la que salir implicaba arrastrar mi cuerpo entumecido, adormecido, inactivo durante demasiado tiempo, mi cuerpo dolía, cada parte, los músculos, huesos, incluso todo lo de mi interior llegaba a presionarme con peso, mientras iba recuperando la conciencia una sola pregunta, borrosa pero insistente, comenzaba a tomar forma, ¿Qué demonios había pasado?
No recordaba nada…Lo último que lograba aferrar era la imagen del escenario que atormentaba el ferry, distorsionada, como si se deshiciera ante mis ojos, y después… vacío. Un corte brusco, sin transición, sin descanso. Caí en una oscuridad densa, pensada, que no se sentía como sueño, porque en ella no había calma ni abrigo, solo una ausencia inquietante, un silencio demasiado hondo. ¿Dormí? No… no era eso. Era más parecido a haber sido apagado de golpe, como si algo hubiera invadido mi conciencia y la hubiese derribado sin dejar rastro.
De cierta manera murmuré un quejido al intentar mover mi cuerpo, las piernas y los brazos me respondía con torpeza, como si no me pertenecieran del todo aun. Cada movimiento exigía un esfuerzo extraño porque quería desfallecer de nuevo pero mi voluntad me permitia querer intentarlo, pero mi vista era la que más me traicionaba en estos momentos, se negaban a enfocarse, difusos, inestables, mis párpados caían una y otra vez, pesaban, insisten en arrastrarme de vuelta a ese estado opresivo del que deseaba escapar. No entendía nada de lo que me rodeaba, aun así, con lentitud fui incorporándome, obligando a mi cuerpo a reaccionar hasta quedar sentada, erguida contra una superficie sólida… una pared.
Tosí con fuerza, mi garganta ardía, seca, áspera, como el aire mismo raspara al pasar. La molestia me arrancó un gesto instintivo y llevé mi mano al cuello… había algo ahí. Frío, inmóvil, era metal. El contacto me heló la piel, con un nudo en el pecho tanteé con cuidado, dejando que mis dedos recorrieran su forma a medida que el terror crecía, entonces lo comprendí, era un collar, rígido, ceñido, ajustado con una presión que no cedía por más que jalara. No había holgura, no había forma de retirarlo. — ¿Qué es esto…?
Mi ritmo cardíaco no se detenía, latía con fuerza, desbordándose en cada sentido, como si el pulso quisiera romper desde dentro. La presión se acumulaba en mis sienes, punzante, constante, y el dolor se extendía en oleadas mientras algo más, más profundo, se retorcía en mi estómago, un miedo crudo, desconocido, difícil de nombrar. Era el recuerdo difuso de haber rozado la muerte… solo para despertar en algo peor. Una pesadilla consciente, cerrándose a mi alrededor, sin una salida clara, sin una forma de escapar. O no estaba pensando claro por el miedo.
Con la poca luz de la habitación apenas pude distinguir las otras presencias, figuras ajenas, desconocidas, que no lograba en este momento procesar sus físicos, era como si mi mente no tuviera la capacidad de razonar más allá del miedo. Seguía invadida por esa inquietud sin explicación, así que bajé la mirada hacia lo más cercano a mí. A mi lado estaba el estuche de mi violín, y sin dudarlo, lo abrí con rapidez, casi con urgencia, buscando confirmar que Amphitrite estuviera intacta, y ahí estaba, en una sola pieza, como si nada hubiera ocurrido. El alivio fue breve, pero suficiente para calmar un poco mi respiración. Volví a cerrarlo con cuidado, asegurando la cuerda del estuche con firmeza en mi mano. También estaban mi arco y flechas… al menos eso seguía conmigo.
Las piernas me temblaban, y no solo ellas, todo mi cuerpo parecía responder con esa misma debilidad, aun así, hice un esfuerzo por ponerme en pie, apoyándome en la pared como único sostén, sintiendo la fricción fría contra mi espalda mientras recuperaba poco a poco el equilibrio. Desde esa posición, pude alzar la vista y observar lo que alcanzaba a distinguir entre las penumbras. Mis ojos, aún inestables, se enfocaron con dificultad en las siluetas que también comenzaban a reaccionar, a moverse, a volver en sí. Respiré hondo, intentando ordenar lo que veía… y conté en silencio…. —*Tres personas…*
—-- H-hola…. —- murmuré en voz baja, casi sin aire, sin saber muy bien cómo acercarme. No los conocía, y mi propio cuerpo parecía negarse a responder con normalidad, la voz me salía débil, fragmentada, como si no me perteneceria del todo. Sentía el miedo creciendo sin una causa clara, repitiéndose en mi mente una y otra vez… miedo, miedo miedo. No era algo común en mí, muy pocas cosas lograban asustarme. Aún así reuní lo poco que me quedaba de fuerza y volví a hablar, con cautela, tampoco era mi intención asustarlos, o ser una molestía —- ¿Están bien?, ¿N-necesitan ayuda?....
¿Cómo estarían mis compañeros? ¿Habrían logrado salir a salvo de esto? Y, sobre todo… ¿por qué tenía un collar?, No… mi inquietud apuntaba a algo más que eso, ¿qué iba a pasar con nosotros?. Mis ojos azulinos recorrieron lentamente las paredes, intentando encontrar algún detalle, alguna señal que diera sentido a aquel lugar. Encontrando una fuente de luz proveniente de una enorme puerta, se alzaba imponente, silenciosa, casi dominante pero impenetrable como si estuviera hecha para no abrirse tan fácilmente. Observé aquella puerta en silencio, evaluando sus bordes, sus posibles mecanismos, cualquier indicio de una salida alternativa.
Cobrando los sentidos creo estar a unos seis metros de ella, la paredes de los laterales eran más cortas, entonces comprendí que era una habitación un tanto rectangular. No había indicios de alguna ventana cerca. De momento, me preocupaba el estado de las personas a mi alrededor.
Dolía… como si mi cuerpo recordara algo que mi mente aún no entendía, apenas rozaba la realidad, como saliendo de un lugar profundo donde todo pesa y hasta respirar cuesta, sintiendo ese límite tan cerca pero difícil de cruzar, porque avanzar era sofocante, como si la oscuridad no solo me rodeara sino que me mantuviera en una quietud de la que salir implicaba arrastrar mi cuerpo entumecido, adormecido, inactivo durante demasiado tiempo, mi cuerpo dolía, cada parte, los músculos, huesos, incluso todo lo de mi interior llegaba a presionarme con peso, mientras iba recuperando la conciencia una sola pregunta, borrosa pero insistente, comenzaba a tomar forma, ¿Qué demonios había pasado?
No recordaba nada…Lo último que lograba aferrar era la imagen del escenario que atormentaba el ferry, distorsionada, como si se deshiciera ante mis ojos, y después… vacío. Un corte brusco, sin transición, sin descanso. Caí en una oscuridad densa, pensada, que no se sentía como sueño, porque en ella no había calma ni abrigo, solo una ausencia inquietante, un silencio demasiado hondo. ¿Dormí? No… no era eso. Era más parecido a haber sido apagado de golpe, como si algo hubiera invadido mi conciencia y la hubiese derribado sin dejar rastro.
De cierta manera murmuré un quejido al intentar mover mi cuerpo, las piernas y los brazos me respondía con torpeza, como si no me pertenecieran del todo aun. Cada movimiento exigía un esfuerzo extraño porque quería desfallecer de nuevo pero mi voluntad me permitia querer intentarlo, pero mi vista era la que más me traicionaba en estos momentos, se negaban a enfocarse, difusos, inestables, mis párpados caían una y otra vez, pesaban, insisten en arrastrarme de vuelta a ese estado opresivo del que deseaba escapar. No entendía nada de lo que me rodeaba, aun así, con lentitud fui incorporándome, obligando a mi cuerpo a reaccionar hasta quedar sentada, erguida contra una superficie sólida… una pared.
Tosí con fuerza, mi garganta ardía, seca, áspera, como el aire mismo raspara al pasar. La molestia me arrancó un gesto instintivo y llevé mi mano al cuello… había algo ahí. Frío, inmóvil, era metal. El contacto me heló la piel, con un nudo en el pecho tanteé con cuidado, dejando que mis dedos recorrieran su forma a medida que el terror crecía, entonces lo comprendí, era un collar, rígido, ceñido, ajustado con una presión que no cedía por más que jalara. No había holgura, no había forma de retirarlo. — ¿Qué es esto…?
Mi ritmo cardíaco no se detenía, latía con fuerza, desbordándose en cada sentido, como si el pulso quisiera romper desde dentro. La presión se acumulaba en mis sienes, punzante, constante, y el dolor se extendía en oleadas mientras algo más, más profundo, se retorcía en mi estómago, un miedo crudo, desconocido, difícil de nombrar. Era el recuerdo difuso de haber rozado la muerte… solo para despertar en algo peor. Una pesadilla consciente, cerrándose a mi alrededor, sin una salida clara, sin una forma de escapar. O no estaba pensando claro por el miedo.
Con la poca luz de la habitación apenas pude distinguir las otras presencias, figuras ajenas, desconocidas, que no lograba en este momento procesar sus físicos, era como si mi mente no tuviera la capacidad de razonar más allá del miedo. Seguía invadida por esa inquietud sin explicación, así que bajé la mirada hacia lo más cercano a mí. A mi lado estaba el estuche de mi violín, y sin dudarlo, lo abrí con rapidez, casi con urgencia, buscando confirmar que Amphitrite estuviera intacta, y ahí estaba, en una sola pieza, como si nada hubiera ocurrido. El alivio fue breve, pero suficiente para calmar un poco mi respiración. Volví a cerrarlo con cuidado, asegurando la cuerda del estuche con firmeza en mi mano. También estaban mi arco y flechas… al menos eso seguía conmigo.
Las piernas me temblaban, y no solo ellas, todo mi cuerpo parecía responder con esa misma debilidad, aun así, hice un esfuerzo por ponerme en pie, apoyándome en la pared como único sostén, sintiendo la fricción fría contra mi espalda mientras recuperaba poco a poco el equilibrio. Desde esa posición, pude alzar la vista y observar lo que alcanzaba a distinguir entre las penumbras. Mis ojos, aún inestables, se enfocaron con dificultad en las siluetas que también comenzaban a reaccionar, a moverse, a volver en sí. Respiré hondo, intentando ordenar lo que veía… y conté en silencio…. —*Tres personas…*
—-- H-hola…. —- murmuré en voz baja, casi sin aire, sin saber muy bien cómo acercarme. No los conocía, y mi propio cuerpo parecía negarse a responder con normalidad, la voz me salía débil, fragmentada, como si no me perteneceria del todo. Sentía el miedo creciendo sin una causa clara, repitiéndose en mi mente una y otra vez… miedo, miedo miedo. No era algo común en mí, muy pocas cosas lograban asustarme. Aún así reuní lo poco que me quedaba de fuerza y volví a hablar, con cautela, tampoco era mi intención asustarlos, o ser una molestía —- ¿Están bien?, ¿N-necesitan ayuda?....
¿Cómo estarían mis compañeros? ¿Habrían logrado salir a salvo de esto? Y, sobre todo… ¿por qué tenía un collar?, No… mi inquietud apuntaba a algo más que eso, ¿qué iba a pasar con nosotros?. Mis ojos azulinos recorrieron lentamente las paredes, intentando encontrar algún detalle, alguna señal que diera sentido a aquel lugar. Encontrando una fuente de luz proveniente de una enorme puerta, se alzaba imponente, silenciosa, casi dominante pero impenetrable como si estuviera hecha para no abrirse tan fácilmente. Observé aquella puerta en silencio, evaluando sus bordes, sus posibles mecanismos, cualquier indicio de una salida alternativa.
Cobrando los sentidos creo estar a unos seis metros de ella, la paredes de los laterales eran más cortas, entonces comprendí que era una habitación un tanto rectangular. No había indicios de alguna ventana cerca. De momento, me preocupaba el estado de las personas a mi alrededor.
Amphitrite toca la canción
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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