22-03-2026, 03:33 AM
Uy que rico cuando me toma del cabello y la nuca, se siente demasiado bien. ¿Cómo es que llegué a querer ser suya? Mi lengua busca la suya en ese beso intenso, con los labios ya hinchados rozándose sin parar. La miro en medio de todo y no puedo creer que alguien tan hermosa esté así conmigo. Respiro como puedo, sabiendo que ya no quiero escapar… la deseo mucho más que… no se… Por eso me recuesto, abro las piernas, ofreciéndome con palabras desesperadas, esperando que venga… ¿de verdad me desea? Estoy confundida, pero su cuerpo, su forma de moverse, su forma de pasar la lengua sobre sus labios, me atrapa por completo. Siento hasta una verguenza por sentir demasiado, por disfrutar tanto con alguien que apenas conozco, y me tiene con las piernas arriba… mostrándole mi tesoro.
Las mejillas se sonrojan con mucha fuerza estando en esta posición… por la mujer nacía mostrarme en cualquier forma, cualquier cosa que me pidiera lo haría, pero… pero ese era mi secreto. Ella no lo podía saber. Cuando se acerca y nuestros cuerpos chocan, y ella conecta su pelvis con mi culo, se me escapa un gemido intenso. —¡Ay!… — La miraba con pena, con una sonrisa, mis ojos se sentían pesados, pero estaba tan feliz. La agarro con fuerza del culo, pegándola más a mi. Tiene el culito durito como todo su cuerpo, pero también es blando si se agarra de otras partes.dejando que los fluidos fluyan sin poder contenerlos más dentro… Es intensa… fuerte y al mismo tiempo suave.
—Se siente tan bien todo lo que haces… no entiendo qué me pasa— Dije cohibida, notando el cambio suave, estaba deseándome con calma, aun así provocaba que tiritaran las piernas por cada toque, cada roce de sus manos sobre mis muslos, subiendo hasta mis dedos de los pies, dejé que lo tomara, que pasara su boca cerca —Ah…— su húmeda lengua, ella bajaba con sus caricias, sus besos, sus mordiscos, y luego… en el fondo del alma le gritaría que sí sí claro que sí, pero debía mantener la calma —Sí, señorita… L-la deseo demasiado. Soy toda tuya— de repente sus palabras me rompieron un poquito —Por favor no digas eso… No… no usted no es un monstruo, es una diosa. Por favor, róbate mi corazón, ya no aguanto tenerlo aquí conmigo.— Que pena daban sus palabras. Quien carajos le metió eso en su cabeza. Después le iba a preguntar de su historia.
Las piernas dejaban observar la escena tan intima y de repente no quería sentir posesión sobre la desconocida, pero las garras… esas garras comenzaban a aferrarse a las manos ajenas al sentir que la alimentaba de su propia fuente, de la fuente que antes le había pedido se lo entregaba sin ningún atado. Porque… porque le empezaba a sentir cariño, era adorable, escuchaba su forma de comerme, tan calmada entre tanto espíritu salvaje, era impresionante. —Ay eres tan… no… no hagas eso… jisjisjis… me encantas demasiado, sigue así, nadie lo ha hecho tan rico como tú… Ah… voy a…— Causaba cosquillas esa lengua traviesa y entraba muy profundo, pero tan profundo dentro de la concha, que ya le pertenecía a ella, esperaba que no le molestara que la dejara tan mojada su carita. Mientras tanto el roce hinchaba más que mis labios de la boca, también los de abajo, y el clitoris.
Por favor que no lo vea mal. Me terminaba tapando la cara cohibida, rojita, con mis manos, mirando de reojo a la señorita… mi cuerpo se estremecía constantemente y las piernas tiritaban hasta no más poder… el sonido que hace su lengua cuando lame y los fluidos se mezclan con su saliva me hace poner tan caliente, mi lengua la saco inconcientemente como un animal herido —Ah… Ay…. Ah… Maki… Maki— Los gemidos fueron demasiado altos, fuertes, grité, muriéndome y mojándome sobre su linda carita. Que mala me sentía.
—Maki, lo siento…— Me moví en la cama, moví las piernas hacia otro lado y quedé frente a ella, le acaricié el cabello verde, me acerqué más para olerlo, olí su piel, su oreja, su boca con los fluidos… estaba sucia, por lo que le pasé la lengüita encima para limpiarla y al tener sus labios cerca no pude evitar comerle la boca, robándole un beso con lengua lleno de saliva. Seguía mientras tanto haciéndole cariño a su rostro con mis manos y la tomé de sus manos, sin separarnos del beso la llevé arriba de la cama para colocarla sobre mi y abrazarla con tanta fuerza, enlazando mis brazos y mis piernas en su cuerpo.
—Te quiero aquí conmigo, eres la mujer más hermosa que he conocido, tal vez… seas más que eso, por eso… quiero que seas toda mía… quiero que lo digas… que eres mía— Estaba en extasis, loca, honesta y sincera. Despejé un brazo para acariciar su espalda hasta agarrarle su culito con mucha fuerza, jalándolo hacia arriba, separando sus nalgas y los labios de su concha hermosa. La movía contra mi con tanta fuerza como era mi deseo por ella. —Quiero entrar en ti, ¿me dejas?— mi mano acarició los vellos de su vulva y bajó para rozar sobre sus humedecidos labios, acariciando también su clitoris, tan durito, que rico. Me sacaba una sonrisa y entonces… ya no podía más… metí la punta del dedo lubricado suavemente, porque esta muy apretada, lo metí con un poco de presión hasta llegar al final de su profundidad, moví el dedo por dentro, acariciando sus paredes tan juntas. —Tienes unas pechugas tan perfectas, ¡me encantas! ¿Son mías verdad?— Se las comenzaba a besar, a lamer, a comer, junto con sus cicatrices que estaban igual de suaves… se las mojaba como quería mientras la penetraba metiéndole otro dedo más.
Las mejillas se sonrojan con mucha fuerza estando en esta posición… por la mujer nacía mostrarme en cualquier forma, cualquier cosa que me pidiera lo haría, pero… pero ese era mi secreto. Ella no lo podía saber. Cuando se acerca y nuestros cuerpos chocan, y ella conecta su pelvis con mi culo, se me escapa un gemido intenso. —¡Ay!… — La miraba con pena, con una sonrisa, mis ojos se sentían pesados, pero estaba tan feliz. La agarro con fuerza del culo, pegándola más a mi. Tiene el culito durito como todo su cuerpo, pero también es blando si se agarra de otras partes.dejando que los fluidos fluyan sin poder contenerlos más dentro… Es intensa… fuerte y al mismo tiempo suave.
—Se siente tan bien todo lo que haces… no entiendo qué me pasa— Dije cohibida, notando el cambio suave, estaba deseándome con calma, aun así provocaba que tiritaran las piernas por cada toque, cada roce de sus manos sobre mis muslos, subiendo hasta mis dedos de los pies, dejé que lo tomara, que pasara su boca cerca —Ah…— su húmeda lengua, ella bajaba con sus caricias, sus besos, sus mordiscos, y luego… en el fondo del alma le gritaría que sí sí claro que sí, pero debía mantener la calma —Sí, señorita… L-la deseo demasiado. Soy toda tuya— de repente sus palabras me rompieron un poquito —Por favor no digas eso… No… no usted no es un monstruo, es una diosa. Por favor, róbate mi corazón, ya no aguanto tenerlo aquí conmigo.— Que pena daban sus palabras. Quien carajos le metió eso en su cabeza. Después le iba a preguntar de su historia.
Las piernas dejaban observar la escena tan intima y de repente no quería sentir posesión sobre la desconocida, pero las garras… esas garras comenzaban a aferrarse a las manos ajenas al sentir que la alimentaba de su propia fuente, de la fuente que antes le había pedido se lo entregaba sin ningún atado. Porque… porque le empezaba a sentir cariño, era adorable, escuchaba su forma de comerme, tan calmada entre tanto espíritu salvaje, era impresionante. —Ay eres tan… no… no hagas eso… jisjisjis… me encantas demasiado, sigue así, nadie lo ha hecho tan rico como tú… Ah… voy a…— Causaba cosquillas esa lengua traviesa y entraba muy profundo, pero tan profundo dentro de la concha, que ya le pertenecía a ella, esperaba que no le molestara que la dejara tan mojada su carita. Mientras tanto el roce hinchaba más que mis labios de la boca, también los de abajo, y el clitoris.
Por favor que no lo vea mal. Me terminaba tapando la cara cohibida, rojita, con mis manos, mirando de reojo a la señorita… mi cuerpo se estremecía constantemente y las piernas tiritaban hasta no más poder… el sonido que hace su lengua cuando lame y los fluidos se mezclan con su saliva me hace poner tan caliente, mi lengua la saco inconcientemente como un animal herido —Ah… Ay…. Ah… Maki… Maki— Los gemidos fueron demasiado altos, fuertes, grité, muriéndome y mojándome sobre su linda carita. Que mala me sentía.
—Maki, lo siento…— Me moví en la cama, moví las piernas hacia otro lado y quedé frente a ella, le acaricié el cabello verde, me acerqué más para olerlo, olí su piel, su oreja, su boca con los fluidos… estaba sucia, por lo que le pasé la lengüita encima para limpiarla y al tener sus labios cerca no pude evitar comerle la boca, robándole un beso con lengua lleno de saliva. Seguía mientras tanto haciéndole cariño a su rostro con mis manos y la tomé de sus manos, sin separarnos del beso la llevé arriba de la cama para colocarla sobre mi y abrazarla con tanta fuerza, enlazando mis brazos y mis piernas en su cuerpo.
—Te quiero aquí conmigo, eres la mujer más hermosa que he conocido, tal vez… seas más que eso, por eso… quiero que seas toda mía… quiero que lo digas… que eres mía— Estaba en extasis, loca, honesta y sincera. Despejé un brazo para acariciar su espalda hasta agarrarle su culito con mucha fuerza, jalándolo hacia arriba, separando sus nalgas y los labios de su concha hermosa. La movía contra mi con tanta fuerza como era mi deseo por ella. —Quiero entrar en ti, ¿me dejas?— mi mano acarició los vellos de su vulva y bajó para rozar sobre sus humedecidos labios, acariciando también su clitoris, tan durito, que rico. Me sacaba una sonrisa y entonces… ya no podía más… metí la punta del dedo lubricado suavemente, porque esta muy apretada, lo metí con un poco de presión hasta llegar al final de su profundidad, moví el dedo por dentro, acariciando sus paredes tan juntas. —Tienes unas pechugas tan perfectas, ¡me encantas! ¿Son mías verdad?— Se las comenzaba a besar, a lamer, a comer, junto con sus cicatrices que estaban igual de suaves… se las mojaba como quería mientras la penetraba metiéndole otro dedo más.
