22-03-2026, 06:50 AM
Narrador / María Merlot
¿Le gustaba nadar?
¡Si, muchísimo!
¡Si, muchísimo!
La joven de cabellos celestes nadaba alrededor del hombre alado, el príncipe bautizado así por su corazón. El mar se comportaba con calma, moviéndolos suavemente en el vaivén imperceptible del baile eterno de las ondas marinas. El sabor salado, el brillo del sol y la compañía hacían sonreír a la mestiza, quien en su elemento resultaba mucho más hermosa.
Si le soy sincero. Por un momento entre en pánico de que no recordará que no puedo respirar haya abajo.
María sonrió al recordar las palabras del moreno, ella jamás lo dejaría ahogarse, no mientras estuviera cerca y pudiera ayudarlo — ¿Cómo podría olvidarlo, Príncipe Einar? ¡No podría! No dejaría a mi amigo ahogarse — le respondió con su encantadora sonrisa mientras seguía nadando a su alrededor.
No creo que las nubes se puedan comer
El corazón de la semi sirena se hincho de euforia cuando él empezó a responder a todas y cada una de sus inquietudes, por lo general las personas pasaban de sus palabras, de sus ideas, la descartaban como tonterías, solo les importaba su cara bonita. Ella miro al cielo, un par de nubes pasaban con parsimonia, bajo la mirada al masculino y lo miro con evidente cariño. Luego escucho con atención sobre lo que parecían ser razas ¿Lunarian? ¿Eso era Brownie? Un enorme pájaro negro, con la cara quemada peor que las cicatrices de su hermana… pero antes de seguir por ese camino, detuvo su nado ¿Débil? ¿Por qué el Príncipe Einarr se llamaba de esa manera? — ¡No! — refuto la chica con firmeza, frunciendo su ceño… lo que, gracias a su belleza natural, solo le daba otra visión a su etéreo rostro — No digas eso sobre ti, Príncipe Einarr, no creo que seas débil. No te conozco cierto, pero alguien con tu mirada no puede serlo. Aunque creo que hay diversos tipos de fuerzas, tal vez la tuya no es la que estás pensando, sino una diferente que te hace único y especial, necesario para el mundo — cometo flotando a unos metros de él. Si su amigo con plumas tenia una parte de Brownie entonces no era débil nada, ella había visto con sus propios ojos lo que eran capaces de hacer los alados.
... Me encantaría.
La respuesta a su propuesta alocada de saltar de los acantilados, la hizo reír. ¿Acaso él no sabia decir que no? ¡Había encontrado a alguien más adorable que el peluche hurón! Y eso era mucho, considerando su simpatía hacia los peluditos en general, y ese en particular. La sonrisa del hombre de cabellos negros le resulto agradable, muy amable si le preguntaban. No parecía ser de los que reían fácilmente, y eso la hizo sentir especial.
Espere señorita. Creo que encontré algo.
Lo vio recoger algo del mar, ella se mantuvo nadando no muy lejos, no muy cerca, evitando los restos que aun flotaban. Nada dañaría a su futuro mejor amigo en el mar mientras ella estuviera cerca. El aire cambio alrededor del masculino, la caja en sus manos parecía envolverlo en una realidad que ella no podía tocar. María se mantuvo en silencio, algo en él, la hizo callar y no llenar el espacio con sus ideas aleatorias. Por un momento ella también se permitió pensar. ¿En qué? En todo ese desastre, estaban vivos de milagro… pero muchos no lo lograron, en aquel muelle habían cientos, miles de personas, y solo unos cuantos habían sobrevivido.
Prometo que encontrare a los culpables de esto y los haré pagar. Descansen en paz
Ella no lo escucho, fue un susurro, pero su buena visión le permitió leer sus labios, una habilidad inútil que a veces le permitía saber que decían aquellos que hablaban en baja voz. ¿Él iba a buscar a los causantes de aquella masacre? ¿Los haría pagar? Una sonrisa de admiración se formo en los labios de la joven, y reafirmo su creencia de que el Príncipe Einarr no era débil, y menos cuando elevo aquel deseo sincero a las almas inocentes atrapadas en quien sabe que juego macabro.
Tal vez no encontremos muchas cosas de utilidad haya abajo señorita. ¿Aún así quiere bajar conmigo a buscar?
La sonrisa forzada en sus labios, la hizo nadar hasta él y rodearlo con sus brazos en el cuello. No dijo nada, solo lo abrazo en el medio del mar, en el medio de los restos del naufragio. No quería que sintiera que debía demostrar algo que no era, no quería ser la que lo obligará a sonreír — … no tienes que hacerlo, Príncipe Einarr. No te exijas a hacer, sentir o decir lo que no nazca de tu corazón. No conmigo, nunca conmigo, por favor — le dijo despegándose y tomándolo por las mejillas como antes — … si estar aquí pone esa sombra en tus ojos, y esa melancolía en tus labios mejor vámonos. No quiero estar dónde no esté bien mi príncipe — le comento mirándolo con sus preciosos ojos ámbar.
Si quiere, podemos hacer lo de saltar del risco y así aprovechamos para secarnos.
Ella le sonrió de medio lado, soltándolo para buscar su mano derecha y entrelazarla con la suya — … no veo riscos desde aquí, pero cuando venía vi un sitio con comida. ¿Deberíamos ir a comer algo? — propuso, pero antes de que dijera algo, ella empezó a nadar (en la superficie) alejándolos de aquel naufragio, llevándolos hacia la seguridad de la playa.
Si ese sitio hacía que el príncipe encantador se viera aterrador y triste, entonces no quería regresar nunca a ese lugar. El Ángel alado debería tener por siempre su lindo rostro afable, su aura noble sin importunar por gente mala — Hay que buscar como secar tus alas. Te ves divertido, como un pollito remojado — comento con una sonrisa la joven, justo cuando soltó su mano. El agua le llegaba a ella por la cintura, a él le llegaría más abajo, era mucho más alto.
María fue por sus cosas, mientras escurría su largo cabello celeste y esperaba al tímido revolucionario. Ese día aprendió dos cosas: 1. Habían personas que buscarían venganza por lo ocurrido en el foso. 2. El Príncipe Einarr, era uno de ellos. Y si él se lo pedía, ella lo ayudaría…
Si ese sitio hacía que el príncipe encantador se viera aterrador y triste, entonces no quería regresar nunca a ese lugar. El Ángel alado debería tener por siempre su lindo rostro afable, su aura noble sin importunar por gente mala — Hay que buscar como secar tus alas. Te ves divertido, como un pollito remojado — comento con una sonrisa la joven, justo cuando soltó su mano. El agua le llegaba a ella por la cintura, a él le llegaría más abajo, era mucho más alto.
María fue por sus cosas, mientras escurría su largo cabello celeste y esperaba al tímido revolucionario. Ese día aprendió dos cosas: 1. Habían personas que buscarían venganza por lo ocurrido en el foso. 2. El Príncipe Einarr, era uno de ellos. Y si él se lo pedía, ella lo ayudaría…
THE END.
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Karma Fanático: Hyakinthos.
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