23-03-2026, 02:21 AM
Parecía que a Fuguwu le agradaba mi plan de esculpir unas monturas con mi propio elemento, aunque no entendía muy bien a qué se refería con imbuirlas con mi propio haki de armadura. La arena es arena, y como arena, podía moverla a mi antojo. Estiré mi brazo izquierdo al frente, con la palma de mi mano apuntando al cielo para empezar a formar una ligera esfera de arena sobre ella. — Es fácil Fuguwu, tan sólo... — Algo llamó la atención de mi compañero. Me comunicó que en la lejanía había detectado a dos personas y una de ellas estaba enfadada. Sonreí de forma ladina, abandonando mi control sobre la arena que cayó en el terreno arcilloso, mientras veía como Fuguwu aceleraba el paso hacia el frente. Supongo que por fin íbamos a poder entretenernos con algo.
Empecé a caminar un par de metros por detrás del gyojin, continuando con mis juegos torpes con la pistola que sostenía en mi mano diestra. La cuestión no era demostrar si sabía o no manejar el arma, la clave era hacerle creer a cualquiera que podría estar en peligro si nos cruzaba de mala manera. A medida que los metros fueron restándose, comencé a detectar las energías de las dos personas de las que Fuguwu me habló. En efecto, la más alta parecía demasiado enfadada. La otra sin embargo estaba tranquila. Desde la lejanía pude oír como nos estaban llamando para acercarnos a ellos, el hombre enfadado decía querer acabar con la vida del otro individuo. Me reí entre dientes, curioso por querer enterarme de qué estaba pasando.
Fuguwu llegó primero, deteniéndose a cinco metros de los sospechosos, con la intención de transmitirles su serenidad para que abandonasen cualquier intención de disputa, en pos de movernos a la taberna y poder llevarnos un trago a la boca. Caminé hasta detenerme a dos metros a la derecha de mi compañero, bajando la cabeza para que el ala del sombrero ocultase la mitad de la cara, mostrando únicamente mi sonrisa mientras enfundaba la pistola en mi lado derecho de la cadera. — ¡Cowabunga! — Saludé a los dos hombres al estilo surfero, enseñándoles mi puño derecho cerrado y extendiendo mis dedos pulgar y meñique, con una ligera sacudida.— Estáis de suerte, amigos, ¿puedo llamaros amigos?, ¡claro que puedo hacerlo kakahaha! Nosotros somos expertos en solucionar problemas, nuestro nombre es irrelevante... — llevé mi zurda hacia mi cinturón, enganchando mi dedo pulgar en el interior para tomar una postura relajada. — Pero contadnos primero qué ha pasado, acabamos de llegar y a todo viajero le encanta oír una buena historia... la oferta de mi compañero es la más divertida... y no hay nada que mi música no pueda arreglar. ¿Me seguís?. — sonreí ampliamente y de forma ladina, ocultando mi mirada bajo el sombrero. El cotilleo era mi perdición y quizás podíamos aprovecharnos de esas dos personas para poder introducirnos entre el resto de habitantes de este pueblo.
Empecé a caminar un par de metros por detrás del gyojin, continuando con mis juegos torpes con la pistola que sostenía en mi mano diestra. La cuestión no era demostrar si sabía o no manejar el arma, la clave era hacerle creer a cualquiera que podría estar en peligro si nos cruzaba de mala manera. A medida que los metros fueron restándose, comencé a detectar las energías de las dos personas de las que Fuguwu me habló. En efecto, la más alta parecía demasiado enfadada. La otra sin embargo estaba tranquila. Desde la lejanía pude oír como nos estaban llamando para acercarnos a ellos, el hombre enfadado decía querer acabar con la vida del otro individuo. Me reí entre dientes, curioso por querer enterarme de qué estaba pasando.
Fuguwu llegó primero, deteniéndose a cinco metros de los sospechosos, con la intención de transmitirles su serenidad para que abandonasen cualquier intención de disputa, en pos de movernos a la taberna y poder llevarnos un trago a la boca. Caminé hasta detenerme a dos metros a la derecha de mi compañero, bajando la cabeza para que el ala del sombrero ocultase la mitad de la cara, mostrando únicamente mi sonrisa mientras enfundaba la pistola en mi lado derecho de la cadera. — ¡Cowabunga! — Saludé a los dos hombres al estilo surfero, enseñándoles mi puño derecho cerrado y extendiendo mis dedos pulgar y meñique, con una ligera sacudida.— Estáis de suerte, amigos, ¿puedo llamaros amigos?, ¡claro que puedo hacerlo kakahaha! Nosotros somos expertos en solucionar problemas, nuestro nombre es irrelevante... — llevé mi zurda hacia mi cinturón, enganchando mi dedo pulgar en el interior para tomar una postura relajada. — Pero contadnos primero qué ha pasado, acabamos de llegar y a todo viajero le encanta oír una buena historia... la oferta de mi compañero es la más divertida... y no hay nada que mi música no pueda arreglar. ¿Me seguís?. — sonreí ampliamente y de forma ladina, ocultando mi mirada bajo el sombrero. El cotilleo era mi perdición y quizás podíamos aprovecharnos de esas dos personas para poder introducirnos entre el resto de habitantes de este pueblo.
Resumen
Bélico
Calor
Karmas aplicados
