23-03-2026, 03:10 AM
Yuuki pudo ver que el acontecimiento era un soldado de la guardia de aquella nación pasándose de abusivo con uno de los locales. Y esto hizo que ella frunciera el ceño. No le agradaba la gente que abusaba de su poder y que se imponía sobre otros que no tenían oportunidad. ¿Dónde estaba la libertad en ello? Si bien los animales cazaban a sus presas, éstas también crecían para que cazarlas fuera lo más complicado posible. Incluso en la naturaleza, había una lucha natural que podría considerarse justa. Pero un sujeto armado e investido con autoridad aprovechándose de esto para pasar por encima de aquellos a quienes había jurado proteger... eso simplemente no estaba bien. Y ella quiso intervenir.
Pero antes de que ella lo hiciera, otro más de uniforme se estaba metiendo. Y esta vez era un marine. Cómo los detestaba. No eran realmente distintos al soldado aquél. Y se notó por encima que el marine tampoco parecía realmente interesado en proteger a nadie. Y Yuuki suspiró, porque, por un momento, ella creyó que ese marine la iba a hacer cambiar de opinión. Así que al ver que él solo hablaba, ella misma entró en la escena.
Recogió unas piedras del suelo y las lanzó con rabia, una piedra a cada uno de los uniformados, y por supuesto, apuntando a la cabeza. No eran más que guijarros, y aunque no causaran daño real, no dejarían de doler.
—¿Para eso es el uniforme? ¿Para ladrarse como perros cuando no se agradan? Ah, pero al pobre hombre del carro no hay quien lo proteja.
Desplegó sus alas para verse lo más intimidante posible, aunque por su apariencia no era exactamente intimidante. Y la forma en que caminaba, moviendo sus caderas suavemente de un lado a otro conforme sus pasos avanzaban, daban más la impresión de que fuera la hija o familiar de algún noble que una viajera más del montón. Incluso cuando sus ropas decían más de esto último. Y por supuesto, se podían ver las pistolas guardadas en sus fundas. Pero había elegido los guijarros porque no era tonta. Abogaría por la libertad, sí, pero no a costa de la suya propia.
Se acercó al hombre del carro y le ofreció su mano izquierda. La izquierda, no la derecha. Porque quería dejar claro que ella no era ninguna buscadora de justicia u orden. Y luego, con su tono amable, hablaría al comerciante después de sonreírle.
—Levántate. No tienes cadenas que te hagan servir y nunca las vas a tener. Arregla tu carro y vete a lo tuyo. Porque si fueras un delincuente, Ciertamente no estarías solo tu y tu carro.
Y después de que el hombre, confuso, se pusiera de pie y se quedara a debatir entre a quién seguirle el consejo, Yuuki empezaría a tirar todos los guijarros, uno a uno, a los dos uniformados. Esta vez no a la cabeza, pero sí a sus torsos. No iba a herirlos. Y ahora sí que no dolerían. Pero era claro que no estaba alegre.
—Perros. Abusivos. Escorias. Inútiles. —Y por cada etiqueta que les ponía, les tiraba un guijarro—. Corruptos. Sangujiuelas. ¡Desperdicios!
Cuando se quedó sin guijarros, apretó sus manos y se paró en posición firme frente a aquellos dos, desafiándolos claramente. Detrás de ella, algunos parecían estar de acuerdo con la intervención de la pelirrosa y no faltó el que continuó gritándoles a los dos. Podía ser que el marine hubiera llegado allí para mediar en la situación, pero como nadie lo vio hacer nada tampoco por ayudar, era fácil meterlo en la misma bolsa que al soldado de Samba. Después de todo, no es que a los representantes de la ley de ese lugar los quisieran mucho... y eso se extendía a los marines también.
—Uno abusa de su poder y el otro pretende llegar a querer imponerse sobre el que abusa... pero no lo detiene. ¿No se supone que los soldados de Samba defienden a su gente? ¿Y no se supone que los marines van por arriba y por abajo predicando justicia? —Señaló al soldado—. Tu eres un corrupto de mierda. —Y luego al marine—. Y tu un fracasado.
Pateó al aire, aunque levantando polvo y arrojándoselo a los dos. Y en ello el soldado parecía que no iba a aguantarse más las provocaciones de la birkaniana, por lo que luego de gritarle un improperio, le lanzó un golpe con su lanza, buscando darle con el asta de la misma... y logrando darle en el brazo y tumbarla al suelo. Allí fue cuando Yuuki terminó por perder los estribos.
La cara se le puso roja y los ojos blancos, hasta parecía que los dientes se le habían puesto picudos.
—¡Estaba rifando putazos y te compraste todos los boletos, desgraciado! —Encontró una piedra más grande y se la lanzó al soldado, ignorando ahora por completo al marine.
Pero antes de que ella lo hiciera, otro más de uniforme se estaba metiendo. Y esta vez era un marine. Cómo los detestaba. No eran realmente distintos al soldado aquél. Y se notó por encima que el marine tampoco parecía realmente interesado en proteger a nadie. Y Yuuki suspiró, porque, por un momento, ella creyó que ese marine la iba a hacer cambiar de opinión. Así que al ver que él solo hablaba, ella misma entró en la escena.
Recogió unas piedras del suelo y las lanzó con rabia, una piedra a cada uno de los uniformados, y por supuesto, apuntando a la cabeza. No eran más que guijarros, y aunque no causaran daño real, no dejarían de doler.
—¿Para eso es el uniforme? ¿Para ladrarse como perros cuando no se agradan? Ah, pero al pobre hombre del carro no hay quien lo proteja.
Desplegó sus alas para verse lo más intimidante posible, aunque por su apariencia no era exactamente intimidante. Y la forma en que caminaba, moviendo sus caderas suavemente de un lado a otro conforme sus pasos avanzaban, daban más la impresión de que fuera la hija o familiar de algún noble que una viajera más del montón. Incluso cuando sus ropas decían más de esto último. Y por supuesto, se podían ver las pistolas guardadas en sus fundas. Pero había elegido los guijarros porque no era tonta. Abogaría por la libertad, sí, pero no a costa de la suya propia.
Se acercó al hombre del carro y le ofreció su mano izquierda. La izquierda, no la derecha. Porque quería dejar claro que ella no era ninguna buscadora de justicia u orden. Y luego, con su tono amable, hablaría al comerciante después de sonreírle.
—Levántate. No tienes cadenas que te hagan servir y nunca las vas a tener. Arregla tu carro y vete a lo tuyo. Porque si fueras un delincuente, Ciertamente no estarías solo tu y tu carro.
Y después de que el hombre, confuso, se pusiera de pie y se quedara a debatir entre a quién seguirle el consejo, Yuuki empezaría a tirar todos los guijarros, uno a uno, a los dos uniformados. Esta vez no a la cabeza, pero sí a sus torsos. No iba a herirlos. Y ahora sí que no dolerían. Pero era claro que no estaba alegre.
—Perros. Abusivos. Escorias. Inútiles. —Y por cada etiqueta que les ponía, les tiraba un guijarro—. Corruptos. Sangujiuelas. ¡Desperdicios!
Cuando se quedó sin guijarros, apretó sus manos y se paró en posición firme frente a aquellos dos, desafiándolos claramente. Detrás de ella, algunos parecían estar de acuerdo con la intervención de la pelirrosa y no faltó el que continuó gritándoles a los dos. Podía ser que el marine hubiera llegado allí para mediar en la situación, pero como nadie lo vio hacer nada tampoco por ayudar, era fácil meterlo en la misma bolsa que al soldado de Samba. Después de todo, no es que a los representantes de la ley de ese lugar los quisieran mucho... y eso se extendía a los marines también.
—Uno abusa de su poder y el otro pretende llegar a querer imponerse sobre el que abusa... pero no lo detiene. ¿No se supone que los soldados de Samba defienden a su gente? ¿Y no se supone que los marines van por arriba y por abajo predicando justicia? —Señaló al soldado—. Tu eres un corrupto de mierda. —Y luego al marine—. Y tu un fracasado.
Pateó al aire, aunque levantando polvo y arrojándoselo a los dos. Y en ello el soldado parecía que no iba a aguantarse más las provocaciones de la birkaniana, por lo que luego de gritarle un improperio, le lanzó un golpe con su lanza, buscando darle con el asta de la misma... y logrando darle en el brazo y tumbarla al suelo. Allí fue cuando Yuuki terminó por perder los estribos.
La cara se le puso roja y los ojos blancos, hasta parecía que los dientes se le habían puesto picudos.
—¡Estaba rifando putazos y te compraste todos los boletos, desgraciado! —Encontró una piedra más grande y se la lanzó al soldado, ignorando ahora por completo al marine.

![[Imagen: o32YH2T.png]](https://i.imgur.com/o32YH2T.png)