24-03-2026, 01:53 AM
La humareda nociva de color magenta comenzó a acumularse a 20 metros a la redonda, privándonos a nosotros dos de cualquier indicio de respiración. Teniendo en cuenta la velocidad y capacidad ofensiva que había alcanzado mi honorable contendiente, estaba claro que esto no era lo suficiente como para frenarlo, pero ante esta situación, cualquier cosa que pudiera detener apenas el avance de un objeto imparable. Era sabido que el mero aleteo de una mariposa podría llegar a provocar un todopoderoso huracán y, del mismo modo, cualquier acto, por meramente sutil o insignificante que podía parecer, podía ser capaz de darle la vuelta a la tortilla en la batalla. Pero lo cierto es que llevaba ya mucho cansancio y daño acumulado durante todo el trascurso de la batalla, por no hablar de la quemadura que arrasaba en el lateral izquierdo de mi cara. Sinceramente, deseaba poder encontrarme en mejores condiciones y en mi plena juventud para poder tener una mayor duración tanto física como espiritual.
Esperaba que mi coletazo tampoco surtiera ningún efecto, pero también que un exceso de confianza le llevara a cometer algún error y que, en consecuencia pudiera aprovecharlo a mi favor. Como no podía esperar otra cosa de mi adversario, no fue así, deteniendo mi ofensiva trasera con un puñetazo incandescente que pude sentir gracias a mi Kenbunshoku que hizo que aquel ataque mío fuera en vano. Su siguiente movimiento, sintiendo su hostilidad, era golpearme en el rostro, concretamente en la zona de la boca. Ya había podido sentir de primera mano lo excelsamente veloz que era Sohem por lo que, tan pronto como pude sentir su acometida, aúne toda la fuerza espiritual que me quedaba para hacer un último uso de mi visión del futuro, al mismo tiempo que procedía a dar un pequeño brinco que me elevaba a escasos centímetros de mis pies.
Junto al brinco, por mi boca, comencé a exhalar aire a presión, aire que había acumulado en mis pulmones instantes antes de que el gas de mi pipa comenzara a esparcirse por el ambiente. Al mismo tiempo, previniendo su acelerada agilidad, comencé a cubrir mi rostro entero de Busoshoku Haki, a la par que lo desactivaba de mi propia arma, teniendo por seguro que ya no me haría ninguna falta. No obstante, tal y como creía, antes de que pudiera ni preparar mi haki de armamento ni desplazarme lo suficiente, el primer puñetazo que había sido capaz de ver impactó de lleno en mi mentón. El daño no era letal, ni mucho menos, pero si que era uno de los muchos golpes que había ido acumulando durante la batalla. Sin embargo, dentro de mi, pude sentir como algo se terminaba de encender. Mi lado más guerrero y más primitivo, aquel que me alertaba de que, si no caía él, el que iba a morir no iba a ser otro que un servidor, despertó, causando que mis pupilas de felino se contrayeran hasta quedar en dos rayas. Por el otro lado, la diversión de la batalla, el sentir que esta podía ser el lugar para mi perenne letargo que tanto tiempo había estado buscando, estalló, causando que mi corazón comenzará a latir al doble de velocidad, haciendo que mi sangre viajara más deprisa y dándome un chute como último recurso.
Con todo esto, podía sentir como el aire a propulsión que salía de mi boca, salía expulsado con mayor fuerza y velocidad - haciendo que el gas magenta de mi pipa comenzara a disiparse - aunque no lo suficiente pues, cuando el segundo puñetazo de Sohem llegó, no me había separado aún lo suficiente de él, llegando a conectarme un zurdazo aunque dándome tiempo a envolver mi cara de mi armadura espiritual, amortiguando de esta manera un daño que, en otra ocasión, me habría dejado cerca de estar fuera de combate. Del mismo modo, mis ojos, capaces de cruzar el mismísimo puente del tiempo, me detallaban como, en un futuro cercano, entre toda esa nube de gas nocivo, el tercer puñetazo que restaba por asestarme me iba a dejar sin energía como para poder seguir combatiendo. Para mi fortuna, en ese momento, ya estaba fuera de su alcance, haciendo que el chorro de aire que soplaba me hiciera viajar hacia atrás, mientras el hombre del dragón rugiente terminaba de propinar su puñetazo. Pero no estaba haciendo para separarme y huir de mi oponente, pues un guerrero jamás huía de un combate, aunque le costara la vida.
Habiendo viajado cerca de dos metros de distancia, mientras Sohem comenzaba a caer en caída libre, clavé mi arma en el suelo de forma vertical y abrupta, apoyando en el suelo la parte de la superficie de la cazoleta, agrietando gravemente el suelo. En ese momento, sin dejar de soplar y aprovechando el punto fijo que tenía ahora, sin soltar mi agarre de mi pipa, di un veloz giro de 180 grados que, tras soltarme del arma, me mandó de vuelta hacia mi honorable rival. Mi arma se quedó anclada en la agrietada superficie, mientras yo me dirigía hacia Sohem, girando levemente mi cuerpo sobre mi mismo y contrayendo mi brazo derecho con todos los dedos de mi mano derecho unidos, formando una especie de daga gracias a mis afiladas uñas. Una vez que lo tuve a tiro, a un metro, le ensarté con mis afiladas uñas en todo su cuerpo, dada al tamaño que tenía mi mano respecto a su cuerpo, causando que del impacto, incluso se viera visto retrocedido una considerable cantidad de metros. Sin embargo, en ese momento pude sentir como, el combate, había llegado a su final.
La quemadura que me afligía, me hizo mella, quitándome prácticamente el último ápice de fuerza que me quedaba para combatir, haciendo que mi cuerpo feral, cubierto de pelo, músculos y garras, se transformara hasta volver a su forma base. Una bocanada de sangre salió por mi boca, hasta empapar y teñir el suelo bajo mis pies del rojo vital. No tenía ningún sentido más prolongar un combate que ya sabía que no iba a poder seguir disfrutando pues, desde ese mismo momento, acababa de perder. El gas nocivo que hasta hace unos instantes cubría parte de la plaza, se había dispersado gracias a mi anterior soplido, permitiéndome de este modo hablar. - Torararara... Parece que esto ha llegado a su fin-kozo. - Declaré, débilmente, mientras extendía mis dos brazos hacia los lados, esperando a que me diera el golpe de gracia.- Sería un honor morir por tus propias manos, guerrero Sohem. - Terminé, dejando que acabara con el fino hilo de vida que me quedaba y me ataba a este mundo.
Esperaba que mi coletazo tampoco surtiera ningún efecto, pero también que un exceso de confianza le llevara a cometer algún error y que, en consecuencia pudiera aprovecharlo a mi favor. Como no podía esperar otra cosa de mi adversario, no fue así, deteniendo mi ofensiva trasera con un puñetazo incandescente que pude sentir gracias a mi Kenbunshoku que hizo que aquel ataque mío fuera en vano. Su siguiente movimiento, sintiendo su hostilidad, era golpearme en el rostro, concretamente en la zona de la boca. Ya había podido sentir de primera mano lo excelsamente veloz que era Sohem por lo que, tan pronto como pude sentir su acometida, aúne toda la fuerza espiritual que me quedaba para hacer un último uso de mi visión del futuro, al mismo tiempo que procedía a dar un pequeño brinco que me elevaba a escasos centímetros de mis pies.
Junto al brinco, por mi boca, comencé a exhalar aire a presión, aire que había acumulado en mis pulmones instantes antes de que el gas de mi pipa comenzara a esparcirse por el ambiente. Al mismo tiempo, previniendo su acelerada agilidad, comencé a cubrir mi rostro entero de Busoshoku Haki, a la par que lo desactivaba de mi propia arma, teniendo por seguro que ya no me haría ninguna falta. No obstante, tal y como creía, antes de que pudiera ni preparar mi haki de armamento ni desplazarme lo suficiente, el primer puñetazo que había sido capaz de ver impactó de lleno en mi mentón. El daño no era letal, ni mucho menos, pero si que era uno de los muchos golpes que había ido acumulando durante la batalla. Sin embargo, dentro de mi, pude sentir como algo se terminaba de encender. Mi lado más guerrero y más primitivo, aquel que me alertaba de que, si no caía él, el que iba a morir no iba a ser otro que un servidor, despertó, causando que mis pupilas de felino se contrayeran hasta quedar en dos rayas. Por el otro lado, la diversión de la batalla, el sentir que esta podía ser el lugar para mi perenne letargo que tanto tiempo había estado buscando, estalló, causando que mi corazón comenzará a latir al doble de velocidad, haciendo que mi sangre viajara más deprisa y dándome un chute como último recurso.
Con todo esto, podía sentir como el aire a propulsión que salía de mi boca, salía expulsado con mayor fuerza y velocidad - haciendo que el gas magenta de mi pipa comenzara a disiparse - aunque no lo suficiente pues, cuando el segundo puñetazo de Sohem llegó, no me había separado aún lo suficiente de él, llegando a conectarme un zurdazo aunque dándome tiempo a envolver mi cara de mi armadura espiritual, amortiguando de esta manera un daño que, en otra ocasión, me habría dejado cerca de estar fuera de combate. Del mismo modo, mis ojos, capaces de cruzar el mismísimo puente del tiempo, me detallaban como, en un futuro cercano, entre toda esa nube de gas nocivo, el tercer puñetazo que restaba por asestarme me iba a dejar sin energía como para poder seguir combatiendo. Para mi fortuna, en ese momento, ya estaba fuera de su alcance, haciendo que el chorro de aire que soplaba me hiciera viajar hacia atrás, mientras el hombre del dragón rugiente terminaba de propinar su puñetazo. Pero no estaba haciendo para separarme y huir de mi oponente, pues un guerrero jamás huía de un combate, aunque le costara la vida.
Habiendo viajado cerca de dos metros de distancia, mientras Sohem comenzaba a caer en caída libre, clavé mi arma en el suelo de forma vertical y abrupta, apoyando en el suelo la parte de la superficie de la cazoleta, agrietando gravemente el suelo. En ese momento, sin dejar de soplar y aprovechando el punto fijo que tenía ahora, sin soltar mi agarre de mi pipa, di un veloz giro de 180 grados que, tras soltarme del arma, me mandó de vuelta hacia mi honorable rival. Mi arma se quedó anclada en la agrietada superficie, mientras yo me dirigía hacia Sohem, girando levemente mi cuerpo sobre mi mismo y contrayendo mi brazo derecho con todos los dedos de mi mano derecho unidos, formando una especie de daga gracias a mis afiladas uñas. Una vez que lo tuve a tiro, a un metro, le ensarté con mis afiladas uñas en todo su cuerpo, dada al tamaño que tenía mi mano respecto a su cuerpo, causando que del impacto, incluso se viera visto retrocedido una considerable cantidad de metros. Sin embargo, en ese momento pude sentir como, el combate, había llegado a su final.
La quemadura que me afligía, me hizo mella, quitándome prácticamente el último ápice de fuerza que me quedaba para combatir, haciendo que mi cuerpo feral, cubierto de pelo, músculos y garras, se transformara hasta volver a su forma base. Una bocanada de sangre salió por mi boca, hasta empapar y teñir el suelo bajo mis pies del rojo vital. No tenía ningún sentido más prolongar un combate que ya sabía que no iba a poder seguir disfrutando pues, desde ese mismo momento, acababa de perder. El gas nocivo que hasta hace unos instantes cubría parte de la plaza, se había dispersado gracias a mi anterior soplido, permitiéndome de este modo hablar. - Torararara... Parece que esto ha llegado a su fin-kozo. - Declaré, débilmente, mientras extendía mis dos brazos hacia los lados, esperando a que me diera el golpe de gracia.- Sería un honor morir por tus propias manos, guerrero Sohem. - Terminé, dejando que acabara con el fino hilo de vida que me quedaba y me ataba a este mundo.
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