24-03-2026, 06:12 AM
(Última modificación: 24-03-2026, 06:16 AM por Ryota Miyamoto.)
La amabilidad mostrada por el joven de mechón blanco fue bien recibida por quien terminó sentándose a su lado. La madera del suelo rechinó bajo el peso de ambos y, con tono jovial, el que había hablado primero reveló no tener demasiada aptitud para el arte de la pesca.
Ryota pensó que solo se trataba de alguien modesto; pescar no tenía mayor truco más allá de atraer a los peces que el propio mar decidía entregar. Era una acción tan simple como arrojar el anzuelo con la carnada y esperar a que algún incauto se abalanzara sobre él.
“Kekeke, gracias Bro, me salvaste la vida” Tras agradecer, llevó la mano y tomó con la zurda uno de los tantos gusanos que se arrastraban entre otros dentro del vaso. Era una vista repulsiva, pero a la que estaba tan acostumbrada que no sintió el menor asco cuando lo ensartó en su puntilla oxidada, cuidando de no dejar ninguna parte del metal a la vista. “Nah, no digas eso, nadie puede ser tan m…” En medio de sus palabras, vio cómo el lanzamiento contrario dibujó una parábola errática en el aire hasta caer a escasos metros del puerto.

“Waos bro… debe odiarte mucho el hijo de puta… porque eres malo con ganas…”
Fue honesto ante lo ocurrido y en sus últimos vocablos se refirió a la aprensión que el dios del mar debería tener por el de ojos azules a su lado. “Bueno, seguro te dio otros talentos…” Acompaño, relajando más su semblante, para mover con un revés de la mano la caña y lanzar el anzuelo con soltura como si de un pequeño proyectil se tratara.
No busco alardear, pero desde los 4 años pescaba, así que era solo práctica adquirida. “Mi familia se dedica a esto, yo elegí el noble oficio del desempleo.” Relajó la espalda, sosteniendo el ligero madero con los pies mientras se apoyaba en los brazos. “Desde que era un niño me llevaron a pescar, así que quiera que no termine aprendiendo, al final preferí vender en el mercado junto a mi madre pero no era divertido ya que no me quedaba con una sola moneda.” Suspiro ante el recuerdo de su madre, arrebatándole cada moneda que ganaba tras sus ventas.
“¿Sabes cocinar? Es todo un arte, quizás ese sea tu talento, viéndolo así haríamos buen equipo bro, yo los atrapo y tú los preparas keke” Opinó con expresión relajada y la vista puesta en el hermoso mar, que ofrecía una brisa salada característica de la zona.
Luego, la pregunta del mechón blanco continuó la conversación.

“Mmmmmmm, para serte franco cuando mi viejo explicaba esas cosas, probablemente solo veía los reflejos del sol en el agua, así que no tengo idea.”
Fue honesto en su respuesta, mas no quiso parecer descortés ante la ayuda y prosiguió para tratar de ayudar. “Mi madre decía que sea lo que te dé el mar, será bueno y debes recibirlo con agrado.” Volvió a adoptar una postura con la espalda más erguida y llevó sus manos a la caña de su nuevo compañero. “Permíteme.” Tomo el cordón traslúcido para atraer nuevamente el anzuelo.
“Este es el problema.” Expreso al ver el anzuelo, el cual, se encontraba con su respectivo gusano anclado al gancho, pero que dejaba gran parte de la superficie metálica al descubierto. “Cuando los peces ven el brillo del acero, se espantan, así que debes enterrar la carnada hasta cubrir gran parte del garfio, de esta forma, los peces morderán con más fuerza y quedarán atrapados.” Con soltura, esparció el cuerpo del gusano por la superficie metálica hasta que pareció una especie de envoltorio con la forma del metal.
“Ahora, cuando lo lances, no lo hagas hacia arriba, sino en una diagonal inclinada, con eso el nilón solo volará y llegarás lejos, además, ahora el garfio pesará un poco más, lo que te permitirá llegar a más.” Esperaba que sus consejos lo ayudaran, después de todo, se notaba que era un buen tipo y le agradó en ese preciso momento.
“Seguro que pescarás algo delicioso. Yo también estoy pescando para mis amigos keke, parece que es normal quedarse sin dinero por aquí. ¿Llevas mucho en la isla?”
Ryota pensó que solo se trataba de alguien modesto; pescar no tenía mayor truco más allá de atraer a los peces que el propio mar decidía entregar. Era una acción tan simple como arrojar el anzuelo con la carnada y esperar a que algún incauto se abalanzara sobre él.
“Kekeke, gracias Bro, me salvaste la vida” Tras agradecer, llevó la mano y tomó con la zurda uno de los tantos gusanos que se arrastraban entre otros dentro del vaso. Era una vista repulsiva, pero a la que estaba tan acostumbrada que no sintió el menor asco cuando lo ensartó en su puntilla oxidada, cuidando de no dejar ninguna parte del metal a la vista. “Nah, no digas eso, nadie puede ser tan m…” En medio de sus palabras, vio cómo el lanzamiento contrario dibujó una parábola errática en el aire hasta caer a escasos metros del puerto.

“Waos bro… debe odiarte mucho el hijo de puta… porque eres malo con ganas…”
Fue honesto ante lo ocurrido y en sus últimos vocablos se refirió a la aprensión que el dios del mar debería tener por el de ojos azules a su lado. “Bueno, seguro te dio otros talentos…” Acompaño, relajando más su semblante, para mover con un revés de la mano la caña y lanzar el anzuelo con soltura como si de un pequeño proyectil se tratara.
No busco alardear, pero desde los 4 años pescaba, así que era solo práctica adquirida. “Mi familia se dedica a esto, yo elegí el noble oficio del desempleo.” Relajó la espalda, sosteniendo el ligero madero con los pies mientras se apoyaba en los brazos. “Desde que era un niño me llevaron a pescar, así que quiera que no termine aprendiendo, al final preferí vender en el mercado junto a mi madre pero no era divertido ya que no me quedaba con una sola moneda.” Suspiro ante el recuerdo de su madre, arrebatándole cada moneda que ganaba tras sus ventas.
“¿Sabes cocinar? Es todo un arte, quizás ese sea tu talento, viéndolo así haríamos buen equipo bro, yo los atrapo y tú los preparas keke” Opinó con expresión relajada y la vista puesta en el hermoso mar, que ofrecía una brisa salada característica de la zona.
Luego, la pregunta del mechón blanco continuó la conversación.

“Mmmmmmm, para serte franco cuando mi viejo explicaba esas cosas, probablemente solo veía los reflejos del sol en el agua, así que no tengo idea.”
Fue honesto en su respuesta, mas no quiso parecer descortés ante la ayuda y prosiguió para tratar de ayudar. “Mi madre decía que sea lo que te dé el mar, será bueno y debes recibirlo con agrado.” Volvió a adoptar una postura con la espalda más erguida y llevó sus manos a la caña de su nuevo compañero. “Permíteme.” Tomo el cordón traslúcido para atraer nuevamente el anzuelo.
“Este es el problema.” Expreso al ver el anzuelo, el cual, se encontraba con su respectivo gusano anclado al gancho, pero que dejaba gran parte de la superficie metálica al descubierto. “Cuando los peces ven el brillo del acero, se espantan, así que debes enterrar la carnada hasta cubrir gran parte del garfio, de esta forma, los peces morderán con más fuerza y quedarán atrapados.” Con soltura, esparció el cuerpo del gusano por la superficie metálica hasta que pareció una especie de envoltorio con la forma del metal.
“Ahora, cuando lo lances, no lo hagas hacia arriba, sino en una diagonal inclinada, con eso el nilón solo volará y llegarás lejos, además, ahora el garfio pesará un poco más, lo que te permitirá llegar a más.” Esperaba que sus consejos lo ayudaran, después de todo, se notaba que era un buen tipo y le agradó en ese preciso momento.
“Seguro que pescarás algo delicioso. Yo también estoy pescando para mis amigos keke, parece que es normal quedarse sin dinero por aquí. ¿Llevas mucho en la isla?”
