Los muertos no hablan [Presente Relativo - T2] [Dr. Bones]
#1
Samba 
Día 20 de verano, año 17
 
El Bar Saravá, una joya escondida en Samba. Un lugar que no está en medio del pueblo y que, inusualmente, se aleja del bullicio del puerto en el que tantos marineros le darían buenas ventas ¿Por qué? Décadas atrás, el abuelo del actual dueño, se ganó un terreno en las afueras, atravesando un trecho corto de la selva Anozama.

Otros pudieron haberlo visto como un posible lugar de retiro, pero él no…el viejo vio una oportunidad de negocios, un lugar en donde, quienes se refugiaban en el alcohol, podrían beber toda la noche sin que nadie los interrumpiera…después de todo ¿Quién iría a quejarse del ruido si no había vecinos?, ¿Quién le iría a reclamar a los borrachos que regresaran a sus casas si el bar estaba atravesando un trecho de selva? Era una empresa arriesgada y por eso funcionó.

El Saravá se popularizó, ahora era normal ver a los pobladores pasando sus noches en dicho lugar, de hecho, el trecho en medio de la selva se había hecho más ancho, aunque seguía sin iluminación, pero eso no detenía a nadie que tuviera una buena linterna y ganas de beber. Tan popular era el Saravá que, los pobladores, incluso les recomendaban el bar a los marineros visitantes, pero…en los últimos días, las cosas estaban cambiando. 



3 días antes
Día 17 de verano, año 17
10:00 p.m.

—¿Ya se van? —Bento De Oliveira, actual dueño del Saravá, limpiaba la barra de donde acababa de quitar un par de jarras de cerveza, mientras que, preocupado, miraba al segundo grupo de amigos que se iba, excepcionalmente, temprano del bar…Algo que venía sucediendo desde hace semanas y ya se empezaban a escuchar rumores del porqué.

—Lo sentimos, Don Bento, pero preferimos salir antes, en grupo y sobrios —. Uno de los chicos, con el aliento algo oloroso a alcohol, pero aun en sus cinco sentido, fue el primero en hablar, a la vez que dejaba sobre la barra los berries que había gastado esa noche. —Creo que usted ya debe saber por qué.

—Tsk…El ladrón —. Las grandes manos de Bento se cerraron y uno de sus puños golpeó la barra con fuerza, haciendo resonar la madera. — Juro que esta misma noche saldré a cazarlo con una escopeta. No me hace gracia que se metan con mis clientes —. Y, antes esa declaración, los chicos se miraron entre sí, preocupados, pálidos, temerosos.

—No es un ladrón, Don Bento ¿No lo sabe? —El segundo muchacho del grupo de amigos también dejó los berries gastados sobre la barra y, en el proceso, se acercó a Bento como si quisiera contarle un secreto. —Los que la han visto dicen que es un alma vengativa. Una mujer asesinada, hace mucho tiempo, en el camino…Ahora busca venganza.

—Es cierto. Los que se han encontrado con ella cuentan que no tiene rostro, pero que su aura emite rabia y rencor —. Habló un tercero que le dio un codazo al que había hablado primero. El chico rodó los ojos y sacó unos cuantos berries, sabía que su amigo le pedía que le pagara la cuenta. —Aunque también dicen que no pueden recordar después que la ven por primera vez. Solo despiertan en el pueblo, desorientados y sin sus pertenencias.

—¿Y aún con esa última frase creen que es un fantasma y no un ladrón? —Inmediatamente, los supersticiosos muchachos negaron con la cabeza. Crédulos del fantasma de la trocha de la Selva Anozama.

—No, no…Ya le hemos dicho, no tiene nada de humano, es un ente espectral. Muchos la han visto ya, quizá que aparezcan sin sus pertenencias es porque, al llegar desorientados al pueblo, algún ladrón sí que aprovecha para robarles, pero no tiene que ver con Ella…además, después del encuentro, todos se han sentido desganados en los días siguientes, como si les robaran su energía —. Bento se cruzó de brazos y alzó una ceja al escuchar lo que decía uno de los chicos…Lo conocía desde hace tiempo, no era un muchacho supersticioso, pero ahora parecía muy convencido de la historia...Como todos en el bar.

—Créanos, debería contactar a un exorcista o a un brujo…No sé, alguien que se encargue de esa mujer fantasma, antes de que decida cobrar una víctima fatal —. Con eso último, los muchachos salieron y, al bar, entró una fría brisa de verano cuando abrieron la puerta…Eso, sumado al comentario del chico, fue suficiente para que a Bento se le helara la sangre. En ese instante tuvo un mal presentimiento.

El dueño del Saravá cerró la puerta y se fijó en el interior del lugar, apenas eran las diez de la noche y había menos de diez personas. Suspiró…No podía seguir permitiendo que un espíritu le quitara a sus clientes.



2 días antes
Día 18 de verano, año 17
8: 00 a.m.
 
Bento tuvo que cerrar el bar temprano el día anterior, pues para media noche, ya no quedaba nadie. Sus ganancias iban a pique con el pasar de los días. Por eso, después de hacer el arqueo de caja, había decidido salir a “cazar”. Seguía sin creer que las habladurías del fantasma fueran ciertas, así que se dispondría a encontrar al ladrón.

Cual fue su sorpresa con encontrarse de frente con “Ella”.
 
No supo como reaccionar, porque, en medio de la oscuridad, pudo ver con claridad una silueta blanquecina y fantasmal que se aproximo a él a gran velocidad. No tenía rostro. Después no recuerda nada…Su memoria vuelve cuando despierta frente al bar, desorientado, mareado y, para su sorpresa, con todas sus pertenencias. Los chicos tenían razón. No era un ladrón.
 
Por eso decidió venir a la ciudad. Pasó por una imprenta y encargó varios anuncios que, cuando se los entregaron, se encargó, personalmente, de colocarlos en varias paredes y postes del pueblo y del puerto.
 
Nadie lo miró raro. Todos sabían a qué se debían los carteles, en los cuales se podía leer, con claridad, lo siguiente:

[Imagen: FmXpTEP.jpeg]



Actualidad
Día 20 de verano, año 17
9: 00 p.m.

Después del encuentro con la fantasmal dama, el hombre se sentía con pocas fuerzas, mareado y sin muchas ganas de trabajar. En otras palabras, parecía que el cansancio de años se le había acumulado y, tras eso, hacía dos días que había pegado los anuncios y nadie se había aparecido para ofrecer sus servicios… ¿Acaso nadie quería un poco de dinero extra? Bento empezaba a impacientarse, hasta que…la puerta se abrió y el dueño del bar vislumbró a alguien que no se parecía a ninguno de sus clientes frecuentes.

—¡Bienvenido, buen hombre! —Saludó al recién llegado, un extraño que, a primera vista, cumplía con todas sus expectativas de lo que podía esperar de un brujo. —¿Puedo ofrecerle algo o ha venido por…El anuncio? —Señaló a la puerta de entrada en donde, como en el resto del pueblo, también colgaba uno de los carteles que había impreso hace dos días, después de todo, quería asegurarse que su mensaje llegara a cada rincón de Samba, incluyendo a sus propios clientes.

—No sabe cuanto me alegraría que fuera por lo segundo —. Se le escapó, ya cansado y temeroso por los días tan agotadores que había tenido desde su encuentro con “La Dama de Blanco”. —¡Ah! Disculpe, por favor, tome asiento donde guste.

Caja de Espíritus
[Imagen: hyakocheja.png]
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Los muertos no hablan [Presente Relativo - T2] [Dr. Bones] - por Hyákinthos - 24-03-2026, 08:56 AM

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