24-03-2026, 04:23 PM
Aquel ser despreciable caía mientras yo me mantenía alado del dragón cuando una onda de poder llegó como un maremoto invisible. Sentí el impacto del haoshoku, de igual forma que lo había hecho al entrenarlo con Karl y Joe, golpear mi cuerpo, mi mente, y mi voluntad. Era la misma presencia que había sentido durante mi ascenso, aquella fuerza imperial que intentaba someterme, doblegándome. Rayos negros chisporroteaban en el aire, expandiéndose en una esfera de 24 metros con aquel hombre como epicentro. Apreté los dientes, mis pies se afianzaron contra la roca, y no caí. A mi lado, el dragón se estremeció violentamente. Su cabeza bajó por completo, las llamas verdes en su boca reduciéndose a un tímido resplandor. Las cadenas en su cuello temblaron. Pude sentirlo claramente con mi haki de observación, la bestia estaba siendo sometida nuevamente, la voluntad de aquel hombre aplastando la del dragón, forzándolo a obedecer. Sus músculos se tensaron, sus alas comenzaron a desplegarse, iba a volar hacia abajo a rescatar a su captor. No lo iba a permitir.
Con una determinación absoluta e inquebrantable decidí que este dragón había sufrido suficiente. Este ser magnífico no sería esclavizado ni un segundo más por nadie. En ese instante de tiempo sucedieron dos cosas a la vez. Primero, mi propia voluntad explotó y el haki del conquistador fluyó desde el centro de mi ser como una ola titánica, expandiéndose en todas direcciones en un diámetro de 25 metros. Sentí cómo voluntad chocaba contra la voluntad negra de aquel hombre. Dos olas opuestas colisionando en medio de la tormenta, ninguna cediendo terreno. El aire mismo crepitó, rayos invisibles danzaban entre nosotros. Y en ese mismo instante, lo segundo que hice fue que ataque al dragón. Mi haki de observación me mostró exactamente cómo el dragón comenzaba a impulsarse, cómo sus patas traseras se flexionaban para el despegue. Pero yo era más rápido, mucho más rápido. Giré mi torso hacia la criatura, mi brazo derecho negro en busoshoku medio ya en movimiento. Concentré toda mi energía en mi puño y manipulé el vapor de agua en el aire, canalizándolo, concentrándolo, dejando que fluyera a través de mi golpe como una corriente invisible. Mi puño impactó en el pecho del dragón y sentí cómo la técnica penetraba, cómo el vapor de agua manipulado transmitía la fuerza directamente a través del cuerpo de la criatura, alcanzando órganos internos, interrumpiendo músculos, cortando el impulso del despegue antes de que pudiera completarse. El golpe le lanzó hacia el centro de la plataforma obligándole a recorrer 14 metros y gracias a la dirección del empuje no cayó hacia el abismo. No estaba inconsciente, ni derribado, podía ver sus ojos cristalinos parpadeando, su respiración agitada, pero estaba derribado, incapaz de volar. Incapaz de rescatar a nadie.
La presencia de aquel hombre seguía cayendo, alejándose más y más. Había jugado su última carta. Su haki del rey, su dominio sobre el dragón, su intento desesperado de salvación, y había perdido. La voluntad negra se debilitaba con cada metro de caída. 25 metros. 30 metros. 35 metros. Fuera de mi rango. El explorador perdido, el rey olvidado, el domador de dragones, desapareció en la oscuridad del abismo volcánico. Y entonces solo quedamos dos. Yo, de pie en el borde de la plataforma, mi haki del conquistador aún vibrando en el aire como ecos de una tormenta y el dragón, derribado a mi lado, sus cadenas rotas colgando libremente, finalmente libre. La tormenta que se avecinaba rugía sobre Mystoria. Y yo era ahora responsable de esta criatura magnífica. Me arrodillé lentamente junto al dragón caído y con voz comandante le dije – “Tranquilo” – aunque sabía que no me entendería – “No volverá jamás.” – Los ojos cristalinos del dragón me miraron – “Ahora yo me hare responsable de ti.” – y tomando entre mis manos aquel collar que le esclavizaba use toda mi fuerza para abrirlo y quitárselo del cuello – “Listo, eres libre.” – sentencie, esperando que entendiera que no buscaba tomar el lugar de su captor, pero con el haoshoku aún activado buscando hacerle entender que no era alguien a quien tomar a la ligera.
Con una determinación absoluta e inquebrantable decidí que este dragón había sufrido suficiente. Este ser magnífico no sería esclavizado ni un segundo más por nadie. En ese instante de tiempo sucedieron dos cosas a la vez. Primero, mi propia voluntad explotó y el haki del conquistador fluyó desde el centro de mi ser como una ola titánica, expandiéndose en todas direcciones en un diámetro de 25 metros. Sentí cómo voluntad chocaba contra la voluntad negra de aquel hombre. Dos olas opuestas colisionando en medio de la tormenta, ninguna cediendo terreno. El aire mismo crepitó, rayos invisibles danzaban entre nosotros. Y en ese mismo instante, lo segundo que hice fue que ataque al dragón. Mi haki de observación me mostró exactamente cómo el dragón comenzaba a impulsarse, cómo sus patas traseras se flexionaban para el despegue. Pero yo era más rápido, mucho más rápido. Giré mi torso hacia la criatura, mi brazo derecho negro en busoshoku medio ya en movimiento. Concentré toda mi energía en mi puño y manipulé el vapor de agua en el aire, canalizándolo, concentrándolo, dejando que fluyera a través de mi golpe como una corriente invisible. Mi puño impactó en el pecho del dragón y sentí cómo la técnica penetraba, cómo el vapor de agua manipulado transmitía la fuerza directamente a través del cuerpo de la criatura, alcanzando órganos internos, interrumpiendo músculos, cortando el impulso del despegue antes de que pudiera completarse. El golpe le lanzó hacia el centro de la plataforma obligándole a recorrer 14 metros y gracias a la dirección del empuje no cayó hacia el abismo. No estaba inconsciente, ni derribado, podía ver sus ojos cristalinos parpadeando, su respiración agitada, pero estaba derribado, incapaz de volar. Incapaz de rescatar a nadie.
La presencia de aquel hombre seguía cayendo, alejándose más y más. Había jugado su última carta. Su haki del rey, su dominio sobre el dragón, su intento desesperado de salvación, y había perdido. La voluntad negra se debilitaba con cada metro de caída. 25 metros. 30 metros. 35 metros. Fuera de mi rango. El explorador perdido, el rey olvidado, el domador de dragones, desapareció en la oscuridad del abismo volcánico. Y entonces solo quedamos dos. Yo, de pie en el borde de la plataforma, mi haki del conquistador aún vibrando en el aire como ecos de una tormenta y el dragón, derribado a mi lado, sus cadenas rotas colgando libremente, finalmente libre. La tormenta que se avecinaba rugía sobre Mystoria. Y yo era ahora responsable de esta criatura magnífica. Me arrodillé lentamente junto al dragón caído y con voz comandante le dije – “Tranquilo” – aunque sabía que no me entendería – “No volverá jamás.” – Los ojos cristalinos del dragón me miraron – “Ahora yo me hare responsable de ti.” – y tomando entre mis manos aquel collar que le esclavizaba use toda mi fuerza para abrirlo y quitárselo del cuello – “Listo, eres libre.” – sentencie, esperando que entendiera que no buscaba tomar el lugar de su captor, pero con el haoshoku aún activado buscando hacerle entender que no era alguien a quien tomar a la ligera.
Resumen
Belico
Gastos
OFF

![[Imagen: Firma-Fuguwu.png]](https://i.ibb.co/Z6VjRFKr/Firma-Fuguwu.png)