[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 2)
#8
El primero en tomar la palabra fue el gigante de piel azul, cuya imagen en mi mente se remontaba al ferry, junto a Seraphine y otra chica Gyojin, esa imagen no lograba acomodar del todo, pero sí logré identificar a mi amiga de alas blancas cerca de él. — Sí, también tengo un collar. — respondí ante su pregunta, llevándome casi de forma instintiva a notar aquel objeto que aún llevaba puesto.

Observé como las demás personas comenzaban a incorporarse y a hablar entre nosotros, en aquella penumbra apenas perceptible. Entre ellas destacaba una mink de hermoso pelaje blanco, su actitud era enérgica, aunque en su voz la delataba el temor que sentía, como si, en el fondo, estuviera tan inquieta como yo. Tal vez todos compartimos esa misma sensación. También había otra chica con rasgos marinos, una gyojin de apariencia similar a una medusa, de estatura pequeña, pero igualmente hermosa.

La mink de orejas de zorro informó con evidente alarma proyectada, sobre los collares que no debíamos ni podíamos quitárnoslos, ya que contenían un mecanismo destructivo. Aquello bastó para que mi mente se agitara. No logré concentrarme en el resto de sus palabras, me sentía confundida y dominada por el miedo. Ahora que tenía esa información, no pude evitar temer por mi vida… aunque, en el fondo, lo que más me dolía era pensar que Alek y Cill pudieran estar pasando por la misma situación que yo. Cerré los ojos por un instante, enfocándome en esa sensación que oprimía mi pecho y en el latido acelerado de mi corazón, junté mis manos en un gesto silencioso, como una pequeña oración, una plegaria cargada de todo el cariño que sentía por ellos, en mi amor especial hacia Cill. —- *Por favor… que estén bien… que estén bien… porfavor, Dios… te lo suplico*

Fuí interrumpida al escuchar a la mujer de cabellos blancos acercarse para inspeccionar mi collar de esclavo. Asentí con la cabeza en señal de permiso, dejando que lo hiciera, parecía haber visto algo que nosotros no habíamos notado, quizás por incertidumbre. Pronto descubrió una serie de números grabados en cada uno de los metales que colgaban de nuestros cuellos. ¿Tendrían importancia? No lo sabía, pero la secuencia de números quedó grabada en mi mente.

Lo positivo era que, poco a poco, todos comenzábamos a razonar ante aquella situación imposible de cambiar, a cuestionar, a pensar. La mejor acción que pudo tomar la Mink fue inspeccionar la puerta con mayor detalle, parecía tener una sensibilidad especial para percibir sonidos y detalles casi imperceptibles, y eso resultó, sin duda, de gran ayuda.

Pero, claro, uno nunca sabe cuándo el infierno podría caer sobre nosotros… o, en este caso, abrirse. El suelo comenzó a vibrar, y aquella enorme puerta fue cediendo lentamente, acompañada de sonidos estridentes, metálicos e hidráulicos, mientras una capa de vapor se filtraba y se extendía por la parte baja de la habitación rectangular. Y entonces, tras aquel umbral, se reveló un escenario completamente blanco, tan brillante que parecía emitir su propia luz, volviendo irrelevante todo lo anterior. ¿Y ahora…qué pasaría?

Uno a uno, terminamos sucumbiendo a la curiosidad…aunque, en realidad, no había otra alternativa. Aquella era nuestra única opción, y ahora, con la habitación completamente iluminada, todo se percibía con mayor claridad y precisamente, no había otra lugar por donde irnos.

Una habitación peor que la anterior, si la primera había sido opresiva y pútrida, esta parecía un reino invernal con un frío tan intenso que se filtraba hasta los huesos. No pasó mucho tiempo antes de que mi piel comenzara a palidecer, volviéndose más blanco, toda mi piel se erizó por completo, y mis labios adquirieron un tono un tanto azul. Era… como si me estuviera congelando. El vapor que escapaba de nuestros alientos era la prueba evidente de aquella temperatura anormal en descenso. — *Vamos de mal en peor*

Miré los laterales de aquel cubo metálico, cuatro ventiladores, funcionando a toda potencia, generaban una ventisca helada y sofocante. Bajo nuestros pies, una fina capa de escarcha se formaba débilmente. A simple vista parecía inofensiva, pero era precisamente parte de lo que poco a poco nos afectaba los sentidos. Finalmente, apareció una figura, un hombre de aspecto extraño, cuya actitud dejaba entrever una intención clara de exhibir su burla. Irradiaba soberbia en cada gesto, no parecía una persona común, si no alguien, o algo, que se deleitaba con este tipo de juegos macabros. Sentí la necesidad de confrontar sus ideales, de exigir respuesta, no había tiempo para el diálogo, y no parecía que fuera a funcionar con él. ¿Ondear la bandera de paz no funcionaria?

Tras las indicaciones del gigante de piel azul, y al percibir su inclinación a nuestro favor, no dudé en subir sobre él, asegurándome al acomodarme sobre su hombro, casi pegada a su cuello, su collar de metal. Aquella fue una experiencia que, sin duda, jamás olvidaría.

—- Voy en seguida, solo permíteme tratar de levantar los ánimos y habilidades con algo de música.  —- Dije, ya acomodada y segura, mientras él, el gigante azul, continuaba trabajando con las telas, enrollándolas en su enorme mazo como arma, Arnold Redflag no dejaba de hablar, jactándose de ser lo mejor del mundo… o, más bien, de fanfarronear en nombre de su jefe. 

Con Amphitrite comencé a tocar una melodía animada y alegre como tranquila, quizás entre el temor que nos invadía y el frío que nos desorientaba, una pieza musical pudiera actuar como un pequeño conjuro, algo que ayudará a contrarrestar, aunque fuera momentáneo, aquellos efectos negativos. Solo necesitaba unos minutos… no una canción completa, la oratoria ensayada de Arnold me vino de maravilla.

Luego me incorporé con determinación, aún bajo los efectos de aquel terror mezclado con el frío que se había apoderado de nuestras pieles. Tomé mi arco, con dos flechas colocadas horizontalmente sobre la madera, y avancé por el puente que el gigante nos había brindado con su brazo derecho. Confiaba en sus palabras, aunque no lo conociera del todo, aunque no lo hubiera dicho explícitamente, sentía que era ciertas sus palabras y que no permitiría que ninguna de nosotras salieramos heridas, y lo mínimo que podíamos hacer era justamente eso, ayudarle.

Al situarme a unos dos metros frente al otro ventilador, el que estaba en dirección opuesta del que el señor azul enreda con las telas, fijé mi mirada azulina en el centro de las aspas, donde podría distinguir perfectamente el blanco central. Cuando tuve el objetivo preciso, disparé dos flechas, una tras otra, buscando impactar en el mismo punto y aumentar aún más el daño. Estoy segura que mis compañeras tampoco se quedarían de brazos cruzados, por ahora, esto era lo más que podía hacer para ayudar.

No conocía sus nombres, no conocía sus propósitos, ni tampoco sé si son buenas o malas personas, pero, si de algo estoy segura, al menos en mí caso, no optaría por la opción de matarnos entre nosotros, y creo que nuestro gigante amigo también decidió hacer lo mismo, confiarnos su vida, no me sorprende, después de todo, es amigo de Seraphine.

Amphitrite toca la canción
[Imagen: miyoocheja.png]
Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
[Imagen: file-000000008bfc822faef83e223001f3f5.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 698 + 0 = 698
Energia: 813 - 258 = 555
Espiritu: 198 + 0 = 198


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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 2) - por Miyori Hoshino - 25-03-2026, 12:24 AM

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