26-03-2026, 01:22 AM
(Última modificación: 26-03-2026, 01:23 AM por Sanemi Toge.
Razón: No cargó la imagen
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¿Miedo? ¿Confusión? Una mezcla de esas sensaciones inundaba el cuerpo de Sanemi que aún seguía con esa aterradora sensación de ser pisoteado por una “fuerza desconocida”, el no tener una respuesta le causaba un poco de angustia y no aportaba a la mejora de su estado, pero confía en su capacidad de recuperación para poder salir bien librado. De un momento a otro la habitación comenzó a abrirse, como si se tratara de una caja de pandora, con una curiosa variante, el desastre podría encontrarse del otro lado. El de cabellos blancos comenzó a dar sus primeros pasos, cauteloso, pero manteniéndose en movimiento a no tener un panorama claro del ambiente por el sonido del mecanismo de la caja y el vapor que inundó el mismo espacio.
El de cabellos blancos se sacudió un poco el cuello, para liberar el estrés. Definitivamente esa no era su manera de comportarse. Sonrió de medio lado al darse cuenta que Enji y el gigantón eran personajes curiosos, en mucho de los sentidos. No planeaba hacer amistad, ni nada por el estilo. Finalmente pudo dar un paso fuera de la primera prisión, para llegar a otra. Miró a todos lados y abría sus fosas nasales de forma inconsciente, debido a su capacidad para diferencia distintos olores -Oe… oe… Son todos unos cabrones ¡Esto es interesante! -Les dijo con una sonrisa algo más macabra. Esa su primera interacción con ellos, sentía la enorme necesidad de insultarlos.
Segundos después pudo notar a quien se jactaba de tenerlos como presas o víctimas ¿Cómo no? Después de todo podría ser quien le puso los collares y tenía total potestad de hacerlos estallar cuando él lo decidiera ¿Eso importa? Sinceramente era lo de menos, si quisiera simplemente matarlos ya lo habrían hecho. Seguramente esto es parte de algún plan enfermo. El aspecto de quien les hablaba era totalmente… interesante. Su aspecto total era de alguien golpeado por la vida y si no tuvo un destino trágico, su solo aspecto ya era suficiente castigo.
Sin intermedios. Sanemi sacó de su cintura sus puños americanos y se los acomodó, era la primera vez que se los ponía. La sensación era bastante cómoda y, como se lo prometió a Tensui, tendrían que golpear a muchos sujetos para que su nombre “Peacemakers” cobre sentido. Al unísono, como si algo los hiciera estallar Dharma, el enorme personaje y Enji se lazaron, a toda máquina, sin duda, aunque esperaba que mentalmente estables, después de todo, estaban en su terreno ¿Qué es lo más razonable? El instinto de Sanemi y su necesidad de comprometerse en combate lo hicieron moverse, corriendo.
-¡Gahahahaha... Malditos…! -Sus ojos se movían de un lado al otro, se aguantó un poco en su carrera diagonal por el lado derecho. Conoce como se mueve Dharma y, en teoría, podría tener un combate junto a él en condiciones ¿pero el resto? Sus movimientos le resultan aún enigmáticos ¿Qué pueden hacer? ¿Hasta donde dan sus capacidades de combate? Dudas que rondan su cabeza lo hicieron frenarse a los quince metros de distancia, recortados en diagonal, lo que lo dejaba a 5 metros de la plataforma del pingüino. En este turno sería observador lo cual lo irritaba enormemente, sin embargo, el atacar a lo loco podría ser peor para el cuarteto que para el repugnante pingüino. En esta situación, el número meno parecía ir adelante.
El de cabellos blancos se sacudió un poco el cuello, para liberar el estrés. Definitivamente esa no era su manera de comportarse. Sonrió de medio lado al darse cuenta que Enji y el gigantón eran personajes curiosos, en mucho de los sentidos. No planeaba hacer amistad, ni nada por el estilo. Finalmente pudo dar un paso fuera de la primera prisión, para llegar a otra. Miró a todos lados y abría sus fosas nasales de forma inconsciente, debido a su capacidad para diferencia distintos olores -Oe… oe… Son todos unos cabrones ¡Esto es interesante! -Les dijo con una sonrisa algo más macabra. Esa su primera interacción con ellos, sentía la enorme necesidad de insultarlos.
Segundos después pudo notar a quien se jactaba de tenerlos como presas o víctimas ¿Cómo no? Después de todo podría ser quien le puso los collares y tenía total potestad de hacerlos estallar cuando él lo decidiera ¿Eso importa? Sinceramente era lo de menos, si quisiera simplemente matarlos ya lo habrían hecho. Seguramente esto es parte de algún plan enfermo. El aspecto de quien les hablaba era totalmente… interesante. Su aspecto total era de alguien golpeado por la vida y si no tuvo un destino trágico, su solo aspecto ya era suficiente castigo.
Sin intermedios. Sanemi sacó de su cintura sus puños americanos y se los acomodó, era la primera vez que se los ponía. La sensación era bastante cómoda y, como se lo prometió a Tensui, tendrían que golpear a muchos sujetos para que su nombre “Peacemakers” cobre sentido. Al unísono, como si algo los hiciera estallar Dharma, el enorme personaje y Enji se lazaron, a toda máquina, sin duda, aunque esperaba que mentalmente estables, después de todo, estaban en su terreno ¿Qué es lo más razonable? El instinto de Sanemi y su necesidad de comprometerse en combate lo hicieron moverse, corriendo.
-¡Gahahahaha... Malditos…! -Sus ojos se movían de un lado al otro, se aguantó un poco en su carrera diagonal por el lado derecho. Conoce como se mueve Dharma y, en teoría, podría tener un combate junto a él en condiciones ¿pero el resto? Sus movimientos le resultan aún enigmáticos ¿Qué pueden hacer? ¿Hasta donde dan sus capacidades de combate? Dudas que rondan su cabeza lo hicieron frenarse a los quince metros de distancia, recortados en diagonal, lo que lo dejaba a 5 metros de la plataforma del pingüino. En este turno sería observador lo cual lo irritaba enormemente, sin embargo, el atacar a lo loco podría ser peor para el cuarteto que para el repugnante pingüino. En esta situación, el número meno parecía ir adelante.
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