26-03-2026, 04:06 AM
Cuando vio que el hombre del sombrero gracioso se acercaba, el médico, aunque se quedó en su lugar, se tensó y, por inercia, ajustó los guantes de combate que, disimuladamente, pasaban por guantes de cuero comunes y corrientes. Creyó que lo golpearían o se armaría un escándalo, aun así, mantuvo una buena cara y una aparente tranquilidad; sin embargo, no llegó ni un solo golpe, ni gritos ni reclamos.
¿Debía relajarse? Prefería no hacerlo. Sabía mejor que nadie que alguien que se le presentaba con buena cara no siempre era bueno y más en su área de…trabajo, de todos modos, fingir cortesía no le costaba nada. Le seguiría el juego al sombrero de Cactus, después de todo, tampoco era tan raro que lo trataran así de bien, su cara bonita le daba cierta ventaja para tratar con la gente. La belleza, a fin de cuentas, le daba ciertos privilegios, no iba a negarlo, él lo sabía bastante bien.
—Todo bien, caballero. ¿Qué hay de usted? Espero que la pelota no haya dañado nada —. Su tono de voz, ante el desconocido, fue lo más formal y educado posible. —Y espero no haber interrumpido su charla con su hermano —. Asumía que ambos eran hermanos pues tenían un parecido que al médico se le hacía evidente. —No me caliento, al contrario, me estoy congelando en este lugar —. En ese momento, de nuevo, fue consciente del frío clima, algo que lo hizo abrazarse a si mismo para darse algo de calor. Necesitaba un mejor abrigo, al parecer este era muy liviano.
De hecho, tanto era el frío que sentía el médico, que apenas y entendió las palabras del hombre…bueno, sí, lo entendió todo, pero lo cierto es que poca atención le prestó, ya que estaba más concentrado en el frío que sentía. Claro, eso quería decirse a sí mismo para evitar el hecho de que ya había olvidado el nombre del que recién se presentaba.
—Ah, claro, señor Espinaca, es un gusto conocerlo —. Le ofrecería la mano, pero aún no se confiaba y, además, prefería mantener sus manos cerca de sus brazos, como si eso pudiera darle más calor. —¿Y cómo que amañada? —. Bueno, eso le daba ¿alivio? Podía decir que sí, para evitar pensar en como erró todos sus tiros, por eso prefirió hacerse el sorprendido y mirar de reojo al otro tipo, supuestamente, “molesto”, aunque poco le importaba perder unos pocos berries.
—Supongo que me debe unos cuantos berries, de todos modos, no usé todos mis tiros, aunque…puede quedarse con el cambio, solo porque el que parece su jefe, se ve más decente —. Por supuesto que iba a seguir con su falsa cortesía y más aún si lo invitaban a un lugar en donde el frío no sería un problema.
Notó que el del sombrero empezaba a caminar y él, aún dudoso, miró al su alrededor antes de decidir seguir al hombre, solo dejándose llevar por la promesa de un sitio en el que podría recuperarse del frío antes de regresar a su barco, además…la casa del terror no sonaba como un mal lugar. Esos sitios nunca daban miedo. Sonrío más que confiado.
—Jmmm… ¿Mi nombre? Puede decirme Cherry, ya sabe, por el color de mi cabello…es casi igual a las flores de cerezo, como las que puede encontrar en la capital de esta isla —dijo con calma mientras adelantaba sus pasos para caminar justo a un lado del hombre del sombrero, vigilando su andar y su manera de ser, aunque no por eso le quitaba el ojo al resto de la feria. Sabía que, con su mala memoria para las caras, lo mejor que podía hacer era estar atento en tiempo presente.
—¿Y esa casa del terror que tienen de verdad asusta? No tuve la oportunidad de que nadie me contara sobre ella —. O tal vez sí y solo se le había olvidado. —Porque necesita saber que no será fácil sacarme alguna emoción si lo único que presentarán serán zombies y tripas y…ese peluche del que hablamos, no quiero que sea cualquiera, tiene que ser el de hipopótamo lanudo que tienen en el puesto de tirar las botellas —. El médico, en ese momento, se adelantó para caminar hacia su destino y, al mismo tiempo, usó su mano para mover su cabello rosa hacia un lado, golpeando con este la cara del señor “Espinaca”, con algunas hebras metiéndose en sus ojos.
Contenido Oculto
Cuando sintió el golpe se detuvo casi de inmediato, aunque por unos segundos se quedó procesando lo ocurrido, como si no hubiera entendido exactamente con que o quien chocó su cabello. Luego de analizarlo, se giró y, avergonzado, miró al señor Espinaca.
—¡Ah! Disculpe, disculpe, solo estaba arreglando mi cabello. Está muy largo, no he podido cortarlo como es debido…creo que tendré que decirle a alguna de mis compañeras que lo hagan para evitar accidentes como estos —dijo de manera casual, aunque con rostro que evidenciaba cierto arrepentimiento; sin embargo, ese estado fue corto cuando volvió a caminar a un lado de su anfitrión, solo para darse cuenta de que ya estaba en frente de la famosa “casa del terror”.
—Jeee, nada mal la decoración. Es muy curioso ver este tipo de arquitectura en un sitio tan frío como esta isla. Solo para que sepa, había visto el edificio desde lejos, aunque lo cierto es que pensé entrar aquí hasta después de recorrer otros puestos —. Comentó entretenido, mientras miraba al esqueleto en la parte más alta de la construcción. —¿Y bien? ¿Entrará conmigo? ¿O tiene miedo de su propia atracción?
Botiquín. Solo abrir en caso de emergencias.
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