26-03-2026, 09:15 AM
Claro, se había delatado, aunque por un lado le aliviaba saber que Rafael estaría bien, así habría menos cosas que explicarles a los encargados de organizar todo. Por supuesto, el médico haría notar de que no tuvo la culpa de nada de lo ocurrido esta noche y que, incluso, había ayudado al rubio en el problema en que se metió. ¡Bingo! Al final, en medio del caos, podía ver una luz.
—Ya lo escuchaste, Rafael —dijo su nombre a propósito ¿Qué importaba ya? De todos modos, antes lo había pronunciado delante del inesperado visitante, así que decirlo una segunda vez no haría una gran diferencia. Mataba dos pájaros de un solo tiro, le daba la orden al rubio y el nombre que quería el marine.
—Esto no acabará bien, Doc…
El rubio refunfuñó, pero a pesar de todo, una de sus manos se dirigió a su cinturón, en donde tenía el arma. En cualquier otro momento habría atacado, de hecho, lo pensó cuando sintió el metal frío de la pistola entre sus dedos, pero…con la presión de la punta de la flecha apuntando directo a su cabeza, sabía que hacer algo estúpido significaba perder la vida al instante. Sí, intentar disparar era una pésima idea.
Chasqueó la lengua y tomó aire, todo mientras sujetaba la empuñadura del arma entre sus dedos. Tan cerca y tan lejos. Al final botó el aire que antes había inhalado y dejó caer la pistola en la mesa que estaba justo al lado del pelirrojo.
—¿Contento, marine? Ahora déjame buscar a ese muchacho al que tanto deseas liberar —espetó Rafael mientras que daba unos cuantos pasos al frente, aun poco decidido a actuar, pues sentía todavía el peligro latente tras su cabeza.
—Supongo que eso sería suficiente ¿No? —Ahora fue el pelirrosa quien habló. No se había movido de su lugar, pero había ajustado mejor el cuerpo del chico que tenía frente a él, pero sin apartar la inyección de su cuello. No quería que las cosas pudieran ponerse peor, aun necesitaba un rehén. —Ahora eres libre de ayudar con el chico… ¿Qué esperas? Rápido, te recuerdo que estamos en esto porque dejaste la puerta abierta y…la verdad, entre antes salgamos de este asunto, mejor para mí, solo quiero descansar —. En ese momento miró al pelirrojo, dándole una leve señal, con sus palabras, de que no tenía intención de que las cosas escalaran más si no era necesario. Las ganas de golpearlo seguían ahí, pero tenía que controlarse.
—Jmp…no creas que mandas, doctor —. A pesar de lo dicho, el rubio caminó hasta la celda y sacó de esta a la segunda víctima de la noche. No dudó en tirárselo al hombro, algo que resultó fácil, pues el sujeto estaba tan sedado que apenas y podía moverse de manera correcta. No tenía voluntad alguna para oponerse a cualquier cosa que quisieran hacerle…tuvo suerte de que llegaran a salvarlo. —Parece que alguien allá arriba cuida bien a estos dos —. Comentó el rubio, irónico, antes de salir de la celda con el muchacho al hombro, eso le dificultaba moverse, actuar o, si quiera, pensar en agarrar el arma.
—Sí, como sea…Ahora dejemos a estos dos arriba, en el callejón —. El médico se movió y, para ello, tuvo que alejar la inyección del chico, además de tirárselo al hombro para cargarlo como un saco de papas, eso sí, luego de asegurarse de que no se le cayera, volvió a usar la inyección para mantenerla cerca del cuerpo del muchacho. —Pelirrojo, no intentes nada estúpido ¿Sí? Porque la amenaza no cambia, si intentas algo contra mi compañero o contra mí, este chico sufrirá una muerte agonizante. Te lo aseguro.
El rubio sonrió de medio lado, aunque en su rostro se podía leer hartazgo más que complacencia y, luego de escuchar al médico, también caminó hasta alcanzar la puerta que los separaba del almacén principal, en donde los dos guardias distraídos seguían quejándose por culpa de las heridas que habían recibido de parte del pelirrojo.
Mientras tanto, tras el rubio, el médico lo siguió, caminando de manera casual, como si nada de lo que estuviera pasando pudiera afectarle, aunque lo cierto es que su mente se dividía entre la preocupación y la adrenalina, de hecho, a diferencia de su compañero, no se detuvo a sentir lástima por los que resultaron heridos, al contrario, siguió de largo hasta que sus pasos lo llevaron a la escalera por la que había entrado. No dijo nada en el camino, solo esperaba que el pelirrojo los siguiera para guiarlo a la salida.
Cuando por fin llegaron arriba, la puerta seguía entreabierta. Rafael no tuvo que hacer más que empujarla para salir del sitio y, una vez ahí, dejó caer al drogado muchacho al suelo, sin cuidado alguno, haciendo resonar el piso terroso con la carga, en cambio, Hyak, tarareando una melodía tranquila, depositó el cuerpo del chico con cuidado al lado de la puerta, recostado a la pared del callejón. Parecía un gesto muy contradictorio al resto de su comportamiento dentro del lugar, dispuesto a herir sin importarle las consecuencias.
—Cumplimos nuestra parte, marine —dijo el pelirrosa, arrodillado a un lado del cuerpo, observándolo como si se tratara de una pintura en un museo. —Ahora cumple la tuya, llévate a los chicos y vete lejos de aquí. Olvida todo. Nadie tiene que saber lo que viste o lo que sucede en este lugar…supongo que alguien con el honor que profesas puede hacer algo así de simple —. En ese instante, el doctor se levantó del suelo y metió sus manos en los bolsillos antes de adentrarse de nuevo hacia la bodega, seguido por Rafael, que bajó las escaleras enseguida. Cherry, en cambio, prefirió dar una última mirada hacia atrás, como si intentara memorizar el rostro del chico…una lástima que su memoria se lo impediría.
—Buenas noches, chico —. Antes de cerrar la puerta, esta vez como debía ser, el pelirrosa le sonrió al marine con amabilidad, gentileza…podía leerse algo de inocencia en el rostro del pirata, contrastando con la verdadera naturaleza de este, una más fría y, en realidad, aunque no lo aparentara, esa última sonrisa era parte de esa misma frialdad, representaba el cinismo de alguien que no temía mostrar un rostro ingenuo aun cuando su alma estaba corrompida hasta el núcleo.
La puerta se cerró. Ahora el acero los separaba y, con eso, el médico bajó las escaleras tarareando la misma canción que tarareó mientras subía. Ahora que el peligro había pasado, estaba más “tranquilo”, por más que supiera que, apenas bajara, tendría que encargarse de los guardias y, de paso, limpiar todo para salir de ese lugar cuanto antes, después de todo, no podían arriesgarse a quedarse en un sitio que ya había sido “localizado”. Era tiempo de una mudanza.
![[Imagen: hyakocheja.png]](https://i.ibb.co/FLVxQr0j/hyakocheja.png)
