26-03-2026, 09:37 PM
Parecía que mi invitación a la amistad no había resultado efectiva en aquel vaquero pelirrojo. No hacía falta recurrir al haki para observar en su mirada que, además de estar enfadado y obcecado en su carácter, no le resultábamos demasiado agradables. Pronto empezó a gritarnos sin motivo y, pese a ello, yo simplemente me limitaba a observarlo con calma para tratar de analizar a ambos. Que el pelirrojo tuviese un percance con el rubio era problema suyo, así como su actitud. No me podía importar menos lo que le causásemos o lo que quisiéramos hacer, tan sólo quería enterarme de qué historia había entre ambos. En cuanto mencionó que el rubio había hecho algo con su mujer, no pude más que entrecerrar los ojos y morderme el labio inferior para no reírme en alto.
El rubio parecía más amigable y más cuerdo a la hora de socializar, algo extrañado por el hecho de que Fuguwu y yo hubiésemos preferido ir a la taberna en vez de participar en el duelo del que tanto hablaban. No pude evitarme reírme entre dientes cuando destacó nuestra apariencia, definitivamente me caería mejor él que el pelirrojo al que llamó Pork. Cuando preguntó quiénes éramos y a qué habíamos venido, entendí que era hora de empezar mi show, pues prefería seguir permaneciendo en perfil bajo, antes de que traer la tormenta del desierto a ese rústico pueblo.
Aparté mi chaqueta de cuero hacia los lados con ambos brazos para meter mis manos en los bolsillos de mi pantalón, adoptando una postura relajada. — De donde yo vengo los duelos consisten en una batalla musical. El que mejor cante, insulte y rime suele ser quién gana... por eso no entiendo muy bien vuestra situación. Sin embargo, por mi parte aceptaría a dar fe, así podría ver de qué va y quizás me pueda servir de inspiración para mis canciones, ¿me seguís?. Mi nombre es Helios Cabohausen — llevé mi diestra al ala de mi sombrero, a modo de saludo. — metrosexual y músico errante en busca de la inspiración y de dar a conocer mi arte en todos los lugares que visite. Este de aquí es mi compañero Overqwil, — señalé con mi dedo índice derecho a Fuguwu. — Nos conocimos en una de mis giras en la Isla Momoiro, la Girahausen que lo llamo yo... allí invité a una mujer a bailar bachata y Overqwil me salvó la vida después de que me metiesen una paliza. A partir de ahí, se convirtió en mi amigo, médico, carpintero, cocinero... lo mismo te arregla un disparo en un ojo, que te hace una omelette, que te arregla una valla en un jardín. — suspiré notando como mi mente trabajaba al triple de velocidad de lo habitual. — Luego tuvimos más actuaciones en Isla Chika... — miré a Fuguwu. — ¿Te acuerdas de aquel lugar? Olía a mierda y tuvimos un problema con una enana, un león y un músico borracho, ¡kakahaha!. Pero al menos pudimos ganar unas monedas, comida y alojamiento en una posada a cambio de un par de shows nocturnos... ya sabéis, la música trae a la bebida, la bebida al lado oscuro y allí uno no ve nada. — Miré de nuevo al vaquero rubio. — Y a partir de ahí más viajes y conciertos. Sabaody, el Reino Ryugu de donde Overqwil viene... y ahora el Nuevo Mundo. Esta isla es nuestra primera parada... y aquí estamos. — volví a llevar mis manos al interior de mis bolsillos — Mi amigo se muere de hambre y yo tengo ganas de saber qué es eso del duelo ¡kakahaha! — Finalicé mi historia con calma, siempre se me había dado especialmente bien el mentir y el vender humo.
El rubio parecía más amigable y más cuerdo a la hora de socializar, algo extrañado por el hecho de que Fuguwu y yo hubiésemos preferido ir a la taberna en vez de participar en el duelo del que tanto hablaban. No pude evitarme reírme entre dientes cuando destacó nuestra apariencia, definitivamente me caería mejor él que el pelirrojo al que llamó Pork. Cuando preguntó quiénes éramos y a qué habíamos venido, entendí que era hora de empezar mi show, pues prefería seguir permaneciendo en perfil bajo, antes de que traer la tormenta del desierto a ese rústico pueblo.
Aparté mi chaqueta de cuero hacia los lados con ambos brazos para meter mis manos en los bolsillos de mi pantalón, adoptando una postura relajada. — De donde yo vengo los duelos consisten en una batalla musical. El que mejor cante, insulte y rime suele ser quién gana... por eso no entiendo muy bien vuestra situación. Sin embargo, por mi parte aceptaría a dar fe, así podría ver de qué va y quizás me pueda servir de inspiración para mis canciones, ¿me seguís?. Mi nombre es Helios Cabohausen — llevé mi diestra al ala de mi sombrero, a modo de saludo. — metrosexual y músico errante en busca de la inspiración y de dar a conocer mi arte en todos los lugares que visite. Este de aquí es mi compañero Overqwil, — señalé con mi dedo índice derecho a Fuguwu. — Nos conocimos en una de mis giras en la Isla Momoiro, la Girahausen que lo llamo yo... allí invité a una mujer a bailar bachata y Overqwil me salvó la vida después de que me metiesen una paliza. A partir de ahí, se convirtió en mi amigo, médico, carpintero, cocinero... lo mismo te arregla un disparo en un ojo, que te hace una omelette, que te arregla una valla en un jardín. — suspiré notando como mi mente trabajaba al triple de velocidad de lo habitual. — Luego tuvimos más actuaciones en Isla Chika... — miré a Fuguwu. — ¿Te acuerdas de aquel lugar? Olía a mierda y tuvimos un problema con una enana, un león y un músico borracho, ¡kakahaha!. Pero al menos pudimos ganar unas monedas, comida y alojamiento en una posada a cambio de un par de shows nocturnos... ya sabéis, la música trae a la bebida, la bebida al lado oscuro y allí uno no ve nada. — Miré de nuevo al vaquero rubio. — Y a partir de ahí más viajes y conciertos. Sabaody, el Reino Ryugu de donde Overqwil viene... y ahora el Nuevo Mundo. Esta isla es nuestra primera parada... y aquí estamos. — volví a llevar mis manos al interior de mis bolsillos — Mi amigo se muere de hambre y yo tengo ganas de saber qué es eso del duelo ¡kakahaha! — Finalicé mi historia con calma, siempre se me había dado especialmente bien el mentir y el vender humo.
Resumen
Bélico
Calor
Karmas aplicados
