27-03-2026, 01:18 AM
El estómago me traicionó con un gruñido que resonó en el silencio tenso de la calle justo cuando Pork terminaba de vociferar sobre el honor de los cowboys – “Perfecto” – pensé avergonzado – “como si la situación no fuera ya suficientemente incómoda.” – mantuve mi haki de observación expandido a trescientos metros mientras observaba la escena desarrollarse. Las emociones de ambos hombres eran claras como el agua, el del chaleco naranja brillante ardía en furia bastante a tono con su chaleco y su cabello, Billy, por el contrario, estaba curiosamente relajado, casi divertido por toda la situación, como un claro en un bosque que combinaría perfectamente con el verde de sus ojos y sus labios. En estas situaciones, estando solo era un completo desastre, pero por suerte había elegido bien a mi pareja y dejé que Apolo hablara, miedo me daba el pensar qué hubiera pasado si hubiese venido Karl en lugar de mi compañero arenoso, seguramente el pelirrojo ya habría sido noqueado.
Pero con Apolo la cosa era diferente. Él tenía mejor don de gentes que yo, eso lo sabíamos ambos desde la primera vez que nos conocimos allá en las lejanas playas rosadas de Momoiro. Mientras mi compañero empezaba a tejer su historia, yo me quedé quieto, asintiendo levemente a cada detalle como si fuera el compañero silencioso y obediente que simplemente seguía a su músico errante. Helios Cabohausen, metrosexual y músico. Cuando hablo de la bachata en Momoiro me mordí el interior de la mejilla para no sonreír cuando mencionó la paliza que nos habían dado, pues no era mentira que Marcia nos había noqueado aquel día. Luego, cuando Apolo me señaló y empezó a listar mis “habilidades”, mi mano derecha se movió automáticamente – “...médico...” – saqué unas vendas limpias del bolsillo interior derecho de la gabardina, las mostré brevemente, y las guardé de nuevo – “...carpintero...” – unos alicates salieron del bolsillo de la cadera izquierda y desaparecieron de vuelta en la gabardina – “...cocinero...” – de otro bolsillo de la gabardina saqué la comida que había preparado antes de salir del barco – “...lo mismo te arregla un disparo en un ojo, que te hace una omelette, que te arregla una valla en un jardín.” – asentí a todo lo que dijo, a esto último con más énfasis, como confirmando que sí, efectivamente, era un hombre de muchos talentos y poca conversación.
Cuando Apolo mencionó isla Chika con la enana (que claramente era Ryze), el león (James) y el músico borracho (a quien le recordaba y tenía su cartel de Wanted en el barco, pero no me sabía su nombre de memoria), dejé escapar un suspiro resignado y asentí una vez más. Cuando Apolo terminó su elaborada mentira, llevé mi mano derecha al ala de mi sombrero e incliné la cabeza levemente en un gesto de saludo, imitando el movimiento que había hecho mi compañero musical momentos antes. Dejé caer la mano de nuevo y miré a Billy y a Pork alternativamente. Mi estómago eligió ese preciso momento para gruñir otra vez, más fuerte esta vez, como si protestara por toda esta pérdida de tiempo cuando podríamos estar comiendo – “Muero de hambre” – les confirmé, como si hiciera falta mencionar lo evidente. Mi haki seguía expandido, monitoreando cualquier cambio en las emociones de ambos hombres y de cualquier otra presencia en los trescientos metros a la redonda.
Pero con Apolo la cosa era diferente. Él tenía mejor don de gentes que yo, eso lo sabíamos ambos desde la primera vez que nos conocimos allá en las lejanas playas rosadas de Momoiro. Mientras mi compañero empezaba a tejer su historia, yo me quedé quieto, asintiendo levemente a cada detalle como si fuera el compañero silencioso y obediente que simplemente seguía a su músico errante. Helios Cabohausen, metrosexual y músico. Cuando hablo de la bachata en Momoiro me mordí el interior de la mejilla para no sonreír cuando mencionó la paliza que nos habían dado, pues no era mentira que Marcia nos había noqueado aquel día. Luego, cuando Apolo me señaló y empezó a listar mis “habilidades”, mi mano derecha se movió automáticamente – “...médico...” – saqué unas vendas limpias del bolsillo interior derecho de la gabardina, las mostré brevemente, y las guardé de nuevo – “...carpintero...” – unos alicates salieron del bolsillo de la cadera izquierda y desaparecieron de vuelta en la gabardina – “...cocinero...” – de otro bolsillo de la gabardina saqué la comida que había preparado antes de salir del barco – “...lo mismo te arregla un disparo en un ojo, que te hace una omelette, que te arregla una valla en un jardín.” – asentí a todo lo que dijo, a esto último con más énfasis, como confirmando que sí, efectivamente, era un hombre de muchos talentos y poca conversación.
Cuando Apolo mencionó isla Chika con la enana (que claramente era Ryze), el león (James) y el músico borracho (a quien le recordaba y tenía su cartel de Wanted en el barco, pero no me sabía su nombre de memoria), dejé escapar un suspiro resignado y asentí una vez más. Cuando Apolo terminó su elaborada mentira, llevé mi mano derecha al ala de mi sombrero e incliné la cabeza levemente en un gesto de saludo, imitando el movimiento que había hecho mi compañero musical momentos antes. Dejé caer la mano de nuevo y miré a Billy y a Pork alternativamente. Mi estómago eligió ese preciso momento para gruñir otra vez, más fuerte esta vez, como si protestara por toda esta pérdida de tiempo cuando podríamos estar comiendo – “Muero de hambre” – les confirmé, como si hiciera falta mencionar lo evidente. Mi haki seguía expandido, monitoreando cualquier cambio en las emociones de ambos hombres y de cualquier otra presencia en los trescientos metros a la redonda.
Resumen
Haki
Calor y Deshidratación
Off

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