27-03-2026, 04:16 AM
En el instante exacto en que el gigante azul se inclinó hacia nuestras alturas y nos dio la señal de treparse a su cuerpo, la situación cambió por completo a un momento más hostil, más impredecible. Así comenzaba el juego del gato y el ratón, y para nuestro infortunio, nos encontrábamos atrapados dentro de un congelador.
Imprescindible ante mis ojos, imposible de captar sus acciones fugaces, como si todo hubiera ocurrido en un parpadeo, aquella enigmática criatura, el señor de la marina, propinó sin misericordia ni indicio de amistad, un golpe certero desde arriba para lograr encajar la mandíbula del señor azul hasta derribarlo por completo al suelo. Mi mirada azulina se fijó de inmediato en el aterrizaje de Arnold, ahora erguido sobre la cabeza de su víctima. Instintivamente sentí el impulso de proteger con lo único que tenía a mano, mi arco y sus flechas, manteniéndolos en posición de disparo por si surgía la oportunidad de actuar.
Me asusté ante el cambio de las circunstancias. Habíamos entrado a la sala congelada con esa escarcha blanca cubriendo nuestros pies, y frente a nosotros estaba un hombre que nos invitaba a la guerra y la muerte súbita, un hombre que parecía querer vernos sucumbir de manera denigrante, despojándonos de la esperanza, esa única razón de vida. ¿Acaso eso significaba ser esclavos?
— S-señor Re-red…flags… —- Vocalicé suave y a la vez en tono alzado, el timbre de mi voz reflejaba el miedo evidente hasta los huesos, y eso que también estaba bajo los efectos de un frío insano. Vapor contenido escapaba de mi boca por la crueldad de la temperatura, mientras me aferraba al arco con escalofriante fuerza — D-disculpe…— ¿Diálogo?, no lo sé, todos estamos abiertos a escuchar y responder, ¿no?.
—- No escuché muy bien antes… —- Quería ser cuidadosa con lo que intentaba decir, articulando cada palabra de manera pausada, mientras un ligero temblor recorría mi cuerpo, sin saber si era consecuencia del terror de la experiencia pasada en el ferry, de morir para despertar en algo más espantoso, o si ante mis ojos miraba al mártir con nuestras vidas en sus manos —- Entiendo que… nos dejará vivir sí…—- Mis ojos azules inspeccionaba cada parte de su cuerpo, me asombraba la manera tan ágil de sus movimientos, como si no pesara nada, como si fuera el aire mismo al moverse, pero también era algo difícil de matenerle la mirada a causa de su apariencia.
—-Nos arrodillamos por clemencia… —- Repasaba esa posibilidad dentro de mi cabeza, al final solo quería una persona, una persona y entregárselo como un esclavo a su jefe, ¿Como era?, ah…olvidé el nombre, pero, ¿Habría posibilidad de detener esta situación al cumplir sus deseos? . Mis palabras eran medidas y lentas, pausadas.
—- Sí lo hago yo…si me entregase voluntariamente… ¿dejaría marchar a los demás?, sé tocar el violín, cantar... podría tocar canciones muy hermosas a su jefe.
Mi posición era sumamente precaria, medio metro de distancia de la entrada y me moví otro dos metro hacia la derecha intentando no ser afectada por la caída del gigante. Arnold parecía estar en una mediana entre los cinco a seis metros de distancia de nosotras, sobre la cabeza del señor, aunque considerando su velocidad, el Marine en cualquier segundo podría recorrer la habitación entera.
Pero... a pesar del miedo y del terror, había una sola cosa que se internaba más que el frío y la desesperación, fue ver como Arnold Redflags usaba de alfombra al señor azul que un momento atrás intentó protegernos, nadie merecía tal trato… así que no mentí, sacrificaría mi vida por la de ellos tres, si eso los dejaba libres, sin dudarlo… lo haría.
Imprescindible ante mis ojos, imposible de captar sus acciones fugaces, como si todo hubiera ocurrido en un parpadeo, aquella enigmática criatura, el señor de la marina, propinó sin misericordia ni indicio de amistad, un golpe certero desde arriba para lograr encajar la mandíbula del señor azul hasta derribarlo por completo al suelo. Mi mirada azulina se fijó de inmediato en el aterrizaje de Arnold, ahora erguido sobre la cabeza de su víctima. Instintivamente sentí el impulso de proteger con lo único que tenía a mano, mi arco y sus flechas, manteniéndolos en posición de disparo por si surgía la oportunidad de actuar.
Me asusté ante el cambio de las circunstancias. Habíamos entrado a la sala congelada con esa escarcha blanca cubriendo nuestros pies, y frente a nosotros estaba un hombre que nos invitaba a la guerra y la muerte súbita, un hombre que parecía querer vernos sucumbir de manera denigrante, despojándonos de la esperanza, esa única razón de vida. ¿Acaso eso significaba ser esclavos?
— S-señor Re-red…flags… —- Vocalicé suave y a la vez en tono alzado, el timbre de mi voz reflejaba el miedo evidente hasta los huesos, y eso que también estaba bajo los efectos de un frío insano. Vapor contenido escapaba de mi boca por la crueldad de la temperatura, mientras me aferraba al arco con escalofriante fuerza — D-disculpe…— ¿Diálogo?, no lo sé, todos estamos abiertos a escuchar y responder, ¿no?.
—- No escuché muy bien antes… —- Quería ser cuidadosa con lo que intentaba decir, articulando cada palabra de manera pausada, mientras un ligero temblor recorría mi cuerpo, sin saber si era consecuencia del terror de la experiencia pasada en el ferry, de morir para despertar en algo más espantoso, o si ante mis ojos miraba al mártir con nuestras vidas en sus manos —- Entiendo que… nos dejará vivir sí…—- Mis ojos azules inspeccionaba cada parte de su cuerpo, me asombraba la manera tan ágil de sus movimientos, como si no pesara nada, como si fuera el aire mismo al moverse, pero también era algo difícil de matenerle la mirada a causa de su apariencia.
—-Nos arrodillamos por clemencia… —- Repasaba esa posibilidad dentro de mi cabeza, al final solo quería una persona, una persona y entregárselo como un esclavo a su jefe, ¿Como era?, ah…olvidé el nombre, pero, ¿Habría posibilidad de detener esta situación al cumplir sus deseos? . Mis palabras eran medidas y lentas, pausadas.
—- Sí lo hago yo…si me entregase voluntariamente… ¿dejaría marchar a los demás?, sé tocar el violín, cantar... podría tocar canciones muy hermosas a su jefe.
Contenido Oculto
Mi posición era sumamente precaria, medio metro de distancia de la entrada y me moví otro dos metro hacia la derecha intentando no ser afectada por la caída del gigante. Arnold parecía estar en una mediana entre los cinco a seis metros de distancia de nosotras, sobre la cabeza del señor, aunque considerando su velocidad, el Marine en cualquier segundo podría recorrer la habitación entera.
Pero... a pesar del miedo y del terror, había una sola cosa que se internaba más que el frío y la desesperación, fue ver como Arnold Redflags usaba de alfombra al señor azul que un momento atrás intentó protegernos, nadie merecía tal trato… así que no mentí, sacrificaría mi vida por la de ellos tres, si eso los dejaba libres, sin dudarlo… lo haría.
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Amphitrite toca la canción
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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