27-03-2026, 06:53 PM
[personajeinvalido=3367]
El moreno pudo observar como saldría un chispazo del suelo, de uno de aquellos tubos, y envolvía a Juan, aunque este parecía que solo se había chocado un mosquito. Aquello lo sorprendió de tal manera que la misma inercia de su vuelo hizo que sobrepasase la figura del molusco con complejo de tortuga andante y quedase por delante de él sin darse cuenta. Y para cuando pudo darse cuenta que había sobrepasado su figura ya era demasiado tarde. Aunque había conseguido lo que quería, haberse quedado al descubierto lo había convertido en el muro del grupo.
Como una exhalación pasó lo siguiente. El trueno se apoderó del cuerpo del gorila y ni tiempo tuvo de responder a sus palabras con otras más provocadoras, pues como un trueno cruzando el cielo y tomando toma de tierra en el suelo, sucedió el ataque. Sus ojos solo pudieron fijarse en la figura estática del mink al cual parecía desaparecerle un brazo, luego todo se volvió borroso y complicado de ver en un instante. El sonido de algo reventando fue lo último que su cerebro pudo procesar. El suelo se abrió debido al impacto que había lanzado, trozos de hormigón salieron despedidos del suelo y golpearon al lunarian en el cuerpo en general. Aquel terrible impacto removió demasiadas cosas dentro del joven espadachín quien tomó tierra de pie, con dificultades para mantenerse allí, tembloroso, casi al punto de creerse que ya estaba a punto de ver a San Pedro. Aunque nada más lejos de la realidad.
Su cabeza le daba vueltas y su cerebro estaba aun intentando orientarse entre tanta confusión. El plátano que había sido para madurar la ira del gran chimpancé ahora había salido volando para cualquier lado y, al no solo alejarse del moreno, si no que también gracias a haber perdido la concentración, aquella fruta volvió a su estado original, por lo que una pluma danzaría en el aire hasta caer en algún punto de la sala.
Todo daba demasiadas vueltas, su cuerpo magullado, moretones y algo de sangre habían empezado a salir de todo aquel punto en el que un trozo de suelo había impactado contra su anatomía. Aquella sensación inquietante seguía allí, al fondo de su mente, apresando parte de la razón del lunarian, quien no solo asustado por aquella presión que caía sobre él, si no también por el miedo a recibir otro impacto como aquel, intentó retroceder de espaldas, pero su cerebro estaba en estado de emergencia y las neuronas no daban las órdenes adecuadas para poder hacerlo. Frente así veía la gran figura del mono, borrosa, chisporroteante; a un lado avanzaba la borrosa figura del marine molusco que quiso seguir acortando la distancia que los separaba de su oponente.
Llevó una mano temblorosa al bolsillo de su chaqueta, miedo, confusión y adrenalina afectando a su cuerpo al mismo tiempo, para tomar dos plumas al mismo tiempo, una sobre otra. - Igh - Su cuerpo chillaba de dolor y no era para menos, sentía que otro impacto de esos lo dejaría en el otro barrio sin muchas dificultades.
- Tiene que haber otra forma - Pensó, aunque hasta eso le resultaba difícil también. Desde luego que un enfrentamiento directo no era posible, si aquel mink mantenía su posición y encima atacaba desde lejos, debía buscar la forma de acercarse de alguna forma que no sea en línea recta. Ahí volvió a la mente, entre escombros de hormigón imaginario, la imagen del techo. Era diferente que el suelo y las paredes. Si lo estilizado era el techo y no el suelo y las paredes, que sería lo que alguien normalmente vería al entrar a un cuarto, tendría que tener alguna razón para aquello. - Quizá - Pensó al mismo tiempo que aunaba fuerza en sus piernas para pegar un tremendo salto de cinco metros que recorrió un tercio del camino hasta el techo, en el instante que siente la pérdida de la inercia de su salto despliega sus alas para recorrer el tramo que le falta hasta llegar al techo y atravesarlo con su espada.
El material cedió ante el filo de su hoja y se levantó al mismo tiempo que sobrepasaba el nivel del techo, quedando aquel panel de techo ensartado en su arma. - Una buhardilla - Descubriría que ahí había un falso techo. No es del todo lo que esperaba pero tener un falso techo en el que ocultarse y moverse le sería más útil que ir en línea recta. Esperaba que el molusco fuese lo suficiente amenazador para conseguir algo de cancha.
Aun volando se encogería para que su cuerpo quedase totalmente oculto entre el falso techo, las placas de cartón yeso, y el techo real. Necesitaba un momento para recuperar fuerzas. Allí dentro podría moverse más o menos con cierta libertad, entre el techo y el falso techo, que ahora era su nuevo solo, podrían haber perfectamente unos cuatro o cinco metros de altura y el mismo ancho y largo que la sala.
Algo más lúcido y ya habiendo pasado aquella confusión que lo asolaba, podía pensar mejor.
El panel ensartado en su espada se convirtió en arroz cocido al cual le metió un bocado y tragó al mismo tiempo que los mismos granos se separaban y caían hacia la sala desde el techo, aunque cuatro metros más abajo se volvería a convertir en la misma placa de yeso pero sin un trozo. Tragó el arroz y enseguida lo notó, como se revitalizaba ligeramente, al igual que el sabor seco y arenoso del cartón yeso.
Suponiendo que el marine sería una buena distracción y que podría tomarse un buen momento, decidiría tomar un rápido descanso para recuperarse y prepararse. Notaba el calor de la adrenalina en su cuerpo, el sudor frío del terror sobre su propia voluntad y el sabor arenoso en su lengua.
Debía tomar a aquel adversario con mayor precaución de la que había tenido hasta ahora o si no, si que vería a los lunarian del cielo.
El moreno pudo observar como saldría un chispazo del suelo, de uno de aquellos tubos, y envolvía a Juan, aunque este parecía que solo se había chocado un mosquito. Aquello lo sorprendió de tal manera que la misma inercia de su vuelo hizo que sobrepasase la figura del molusco con complejo de tortuga andante y quedase por delante de él sin darse cuenta. Y para cuando pudo darse cuenta que había sobrepasado su figura ya era demasiado tarde. Aunque había conseguido lo que quería, haberse quedado al descubierto lo había convertido en el muro del grupo.
Como una exhalación pasó lo siguiente. El trueno se apoderó del cuerpo del gorila y ni tiempo tuvo de responder a sus palabras con otras más provocadoras, pues como un trueno cruzando el cielo y tomando toma de tierra en el suelo, sucedió el ataque. Sus ojos solo pudieron fijarse en la figura estática del mink al cual parecía desaparecerle un brazo, luego todo se volvió borroso y complicado de ver en un instante. El sonido de algo reventando fue lo último que su cerebro pudo procesar. El suelo se abrió debido al impacto que había lanzado, trozos de hormigón salieron despedidos del suelo y golpearon al lunarian en el cuerpo en general. Aquel terrible impacto removió demasiadas cosas dentro del joven espadachín quien tomó tierra de pie, con dificultades para mantenerse allí, tembloroso, casi al punto de creerse que ya estaba a punto de ver a San Pedro. Aunque nada más lejos de la realidad.
Su cabeza le daba vueltas y su cerebro estaba aun intentando orientarse entre tanta confusión. El plátano que había sido para madurar la ira del gran chimpancé ahora había salido volando para cualquier lado y, al no solo alejarse del moreno, si no que también gracias a haber perdido la concentración, aquella fruta volvió a su estado original, por lo que una pluma danzaría en el aire hasta caer en algún punto de la sala.
Todo daba demasiadas vueltas, su cuerpo magullado, moretones y algo de sangre habían empezado a salir de todo aquel punto en el que un trozo de suelo había impactado contra su anatomía. Aquella sensación inquietante seguía allí, al fondo de su mente, apresando parte de la razón del lunarian, quien no solo asustado por aquella presión que caía sobre él, si no también por el miedo a recibir otro impacto como aquel, intentó retroceder de espaldas, pero su cerebro estaba en estado de emergencia y las neuronas no daban las órdenes adecuadas para poder hacerlo. Frente así veía la gran figura del mono, borrosa, chisporroteante; a un lado avanzaba la borrosa figura del marine molusco que quiso seguir acortando la distancia que los separaba de su oponente.
Llevó una mano temblorosa al bolsillo de su chaqueta, miedo, confusión y adrenalina afectando a su cuerpo al mismo tiempo, para tomar dos plumas al mismo tiempo, una sobre otra. - Igh - Su cuerpo chillaba de dolor y no era para menos, sentía que otro impacto de esos lo dejaría en el otro barrio sin muchas dificultades.
- Tiene que haber otra forma - Pensó, aunque hasta eso le resultaba difícil también. Desde luego que un enfrentamiento directo no era posible, si aquel mink mantenía su posición y encima atacaba desde lejos, debía buscar la forma de acercarse de alguna forma que no sea en línea recta. Ahí volvió a la mente, entre escombros de hormigón imaginario, la imagen del techo. Era diferente que el suelo y las paredes. Si lo estilizado era el techo y no el suelo y las paredes, que sería lo que alguien normalmente vería al entrar a un cuarto, tendría que tener alguna razón para aquello. - Quizá - Pensó al mismo tiempo que aunaba fuerza en sus piernas para pegar un tremendo salto de cinco metros que recorrió un tercio del camino hasta el techo, en el instante que siente la pérdida de la inercia de su salto despliega sus alas para recorrer el tramo que le falta hasta llegar al techo y atravesarlo con su espada.
El material cedió ante el filo de su hoja y se levantó al mismo tiempo que sobrepasaba el nivel del techo, quedando aquel panel de techo ensartado en su arma. - Una buhardilla - Descubriría que ahí había un falso techo. No es del todo lo que esperaba pero tener un falso techo en el que ocultarse y moverse le sería más útil que ir en línea recta. Esperaba que el molusco fuese lo suficiente amenazador para conseguir algo de cancha.
Aun volando se encogería para que su cuerpo quedase totalmente oculto entre el falso techo, las placas de cartón yeso, y el techo real. Necesitaba un momento para recuperar fuerzas. Allí dentro podría moverse más o menos con cierta libertad, entre el techo y el falso techo, que ahora era su nuevo solo, podrían haber perfectamente unos cuatro o cinco metros de altura y el mismo ancho y largo que la sala.
Algo más lúcido y ya habiendo pasado aquella confusión que lo asolaba, podía pensar mejor.
El panel ensartado en su espada se convirtió en arroz cocido al cual le metió un bocado y tragó al mismo tiempo que los mismos granos se separaban y caían hacia la sala desde el techo, aunque cuatro metros más abajo se volvería a convertir en la misma placa de yeso pero sin un trozo. Tragó el arroz y enseguida lo notó, como se revitalizaba ligeramente, al igual que el sabor seco y arenoso del cartón yeso.
Suponiendo que el marine sería una buena distracción y que podría tomarse un buen momento, decidiría tomar un rápido descanso para recuperarse y prepararse. Notaba el calor de la adrenalina en su cuerpo, el sudor frío del terror sobre su propia voluntad y el sabor arenoso en su lengua.
Debía tomar a aquel adversario con mayor precaución de la que había tenido hasta ahora o si no, si que vería a los lunarian del cielo.
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