29-03-2026, 12:18 AM
Toca partir. Como varias veces ya lo han hecho. Como en muchas oportunidades lo harán en el futuro. Al inicio, la idea de abandonar una isla en la que han pasado tanto tiempo le provocaba un malestar en el estómago que le obligaba a tomar alguna medicina. Se preguntaba si era buena idea abandonar la comodidad para dar con nuevas aventuras que los pongan a prueba y les obligue a salir de su zona de confort. Sin embargo, nunca puso en palabras la idea o propuesta de quedarse, de estancarse un poco más y disfrutar de lo actual, sin preocuparse del pasado.
Ahora, la historia es diferente. Cuando su capitán recién le mencionó la idea de zarpar, Kiyoshi simplemente se emocionó. Por supuesto que no hubo reacción en su rostro, pero el malestar en la panza se transformó en un impulso a la altura del pecho que le pedía partir en ese preciso instante. Aquí no tiene que ver que Arabasta en particular no le gustó mucho, sobre todo si consideramos que hasta fue víctima de un asalto por parte de niños, pero por más que el clima sea más propicio para él en comparación al de Drum, la nación del frío le entregó más satisfacción.
Eso ya queda atrás, solo queda centrarse en lo que viene por delante.
Como es costumbre, despertó antes que todos. Los meses pasan, pero su problema para dormir se mantiene intacto. El limpiar perfectamente cada centímetro del barco es una actividad que le ayuda bastante tanto a su cabeza como a su cuerpo, por lo que para cuando el siguiente de sus compañeros despierte, se encuentra con un Kiyoshi perfectamente equipado con artículos de aseo paseándose por toda la embarcación.
No se preocupa de las velas, del viento, ni siquiera de qué tan emocionados o preocupados está el resto. Solo quiere que el piso y las paredes brillen como si de espejos perfectos se tratasen. En el momento en que se produce el intercambio de diálogos entre Eros y Uker, Kiyoshi ya ha terminado con su labor y se siente más que conforme. — Cada isla que pasa solo me enseña que los temores de Uker son tontos. Me preocupa más que el topo un día se vuelva loco y me ataque, antes que aparezca otro tipo y nos ponga en peligro.
Procede a tomar sus armas, las cuales siempre necesita tener bien preparadas y, tras tomar asiento en una silla frente a una mesa previamente preparada, se pone manos a la obra. Sus objetos brillan, pero lo importante es que los alista de una manera milimétrica, todo perfectamente planeado. No deja nada al azar.
Una vez terminada su preparación, aparta la vista de sus armas para centrarse en los compañeros que lo rodean. A su mente llega cierto pensamiento que le es imposible no transmitir en palabras. — Insisto en que son unos tontos. Debimos comerciar agua con hielo de alguna forma, no confiaron en mi idea. — Quién sabe cuánto dinero pudieron haber ganado si se tomaban en serio aquello cuando recién llegaron a Arabasta. Ahora solo resta descubrir cómo será la siguiente isla y qué planes podrán poner en marcha para seguir creciendo como tripulación.
— Bueno, ya zarpemos de una buena vez. Hace demasiado calor y, en el camino, siempre hace frío. El cambio de temperatura nos afectará, así que no esperemos más. Ponte pilas, Ucker.
Ahora, la historia es diferente. Cuando su capitán recién le mencionó la idea de zarpar, Kiyoshi simplemente se emocionó. Por supuesto que no hubo reacción en su rostro, pero el malestar en la panza se transformó en un impulso a la altura del pecho que le pedía partir en ese preciso instante. Aquí no tiene que ver que Arabasta en particular no le gustó mucho, sobre todo si consideramos que hasta fue víctima de un asalto por parte de niños, pero por más que el clima sea más propicio para él en comparación al de Drum, la nación del frío le entregó más satisfacción.
Eso ya queda atrás, solo queda centrarse en lo que viene por delante.
Como es costumbre, despertó antes que todos. Los meses pasan, pero su problema para dormir se mantiene intacto. El limpiar perfectamente cada centímetro del barco es una actividad que le ayuda bastante tanto a su cabeza como a su cuerpo, por lo que para cuando el siguiente de sus compañeros despierte, se encuentra con un Kiyoshi perfectamente equipado con artículos de aseo paseándose por toda la embarcación.
No se preocupa de las velas, del viento, ni siquiera de qué tan emocionados o preocupados está el resto. Solo quiere que el piso y las paredes brillen como si de espejos perfectos se tratasen. En el momento en que se produce el intercambio de diálogos entre Eros y Uker, Kiyoshi ya ha terminado con su labor y se siente más que conforme. — Cada isla que pasa solo me enseña que los temores de Uker son tontos. Me preocupa más que el topo un día se vuelva loco y me ataque, antes que aparezca otro tipo y nos ponga en peligro.
Procede a tomar sus armas, las cuales siempre necesita tener bien preparadas y, tras tomar asiento en una silla frente a una mesa previamente preparada, se pone manos a la obra. Sus objetos brillan, pero lo importante es que los alista de una manera milimétrica, todo perfectamente planeado. No deja nada al azar.
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Una vez terminada su preparación, aparta la vista de sus armas para centrarse en los compañeros que lo rodean. A su mente llega cierto pensamiento que le es imposible no transmitir en palabras. — Insisto en que son unos tontos. Debimos comerciar agua con hielo de alguna forma, no confiaron en mi idea. — Quién sabe cuánto dinero pudieron haber ganado si se tomaban en serio aquello cuando recién llegaron a Arabasta. Ahora solo resta descubrir cómo será la siguiente isla y qué planes podrán poner en marcha para seguir creciendo como tripulación.
— Bueno, ya zarpemos de una buena vez. Hace demasiado calor y, en el camino, siempre hace frío. El cambio de temperatura nos afectará, así que no esperemos más. Ponte pilas, Ucker.
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