Los muertos no hablan [Presente Relativo - T2] [Dr. Bones]
#3
Bento, con su habitual buen servicio, atendió al recién llegado sin demora. Le brindó la jarra de cerveza que pidió y, por supuesto, contó la historia con lujo de detalles, tanto lo que le habían dicho sus clientes como lo que él mismo vivió. No lo diría en voz alta, pero, para el dueño del Saravá recordar aquellas vivencias y contarlas en voz alta, le generaba escalofríos, aun así, si este hombre es quien lo ayudaría, tenía que hacer un esfuerzo por ser lo más sincero posible.
 
—No, caballero —. Respondió por fin, luego de dar un sorbo a una jarra de agua que se había servido él para poder hablar con naturalidad del tema, cuando el brujo le preguntó sobre esos detalles “fuera de lo común”. —Lo cierto es que no experimenté nada raro cuando la vi. El frío era solo el del viento de la noche, no hubo susurros tampoco, simplemente ella apareció. No sé cómo ni cuándo, pero de un momento a otro la tuve en frente —. El hombre se estremeció de solo recordar aquella visión sobrenatural. —Después de eso me desmayé y cuando desperté ya estaba frente a este lugar…Eso fue todo…aunque…jmmmm…bueno, hay algo leve que recuerdo, muy leve, incluso pudo haber sido mi mente jugándome una mala pasada, pero antes de desmayarme, recuerdo haber sentido una presión en mi cuello…tal vez solo fue la tensión del momento ¿Entiende?
 
El dueño del bar se levantó en ese momento, visiblemente cansado, pero con cierta determinación en sus ojos, como si quisiera terminar con todo esto de una buena vez. No podía permitirse perder más clientes ni a sí mismo por una aparición.
 
—Puedo llevarle al lugar en donde apareció “La mujer de blanco”, si me lo permite.
 

 
Fuera del Bar Saravá el ambiente se sentía extraño. No eran más de las 10 de la noche; sin embargo, la noche era especialmente oscura, el cielo estaba cubierto por nubes que presagiaban una llovizna de verano y, el aire, se sentía húmedo. Estas cosas debían ser lo normal en una isla tropical, pero lo cierto es que la pesadez del clima no ayudaba a que la pesadez del ambiente fuera mejor, además, hacía que el trecho de tierra a recorrer desde el Saravá hasta el pueblo se viera más peligroso de lo normal.
 
—Por favor, sígame —. Bento lideró el camino y, pronto, a 15 metros de la entrada del bar, se encontraron con el estrecho camino de tierra, uno que no medía más de 3 metros de ancho y que estaba por completo rodeado de grandes árboles que se erguían orgullosos sobre el estrecho tramo, árboles cuyas ramas curvas formaban una especie de techo natural que cubría el cielo, haciendo que el camino se viera más oscuro de lo que ya era a esas horas de la noche. Al menos, Oliveira le había dado a Bones una linterna para iluminarse y, él mismo llevaba en sus manos una vieja lámpara cuya luz amarillenta solo le agregaba más misterio al momento. —Sé que el camino parece peligroso, pero le puedo asegurar que en ninguno de estos años había pasado nada similar. Los clientes del Saravá siempre volvieron con bien a sus hogares.
 
El robusto hombre empezó a adentrarse en el camino, esperaba que Bones lo siguiera, aunque, de repente se detuvo a tres metros de la entrada del estrecho sendero.
 
—¡Ah! Mil disculpas, caballero —dijo desde su lugar. —Lo he hecho salir del bar y seguirme hasta este sitio y aun no sé si esta dispuesto a aceptar mi oferta. Pagaré 20 mil berries a cualquiera que logre ayudarme con este espectro, esto no es gratis y, por favor, permítame presentarme oficialmente, soy Bento De Oliveira, dueño del Bar Saravá y ¿Cómo puedo llamarlo a usted?
 
El hombre se quedó en su sitio, a tres metros de la entrada del tramo, un lugar en donde la luz de la entrada del bar aún alcanzaba a iluminar, aunque de manera muy tenue, por lo que ayudarse con su propia lámpara era lo mejor. Esperó a que el muchacho le respondiera antes de seguir adentrándose más en aquella trocha, cada vez más lejos de la iluminación del bar y siendo consciente del peligro en que se estaba poniendo de nuevo, pero…tenía que intentarlo todo si es que quería acabar con el problema de raíz.
 
Se detuvo cuando llegó a unos 50 metros al interior del camino. Los árboles eran más espesos y su follaje cubría aún más el cielo que al inicio del tramo, además, el camino se sentía un poco más estrecho, si hubiera una cinta métrica, podrían calcular que de ancho solo medía 2.50 metros, además, algo que llamaba la atención es que en ese lugar había una roca bastante grande, casi de un 1.50 metros de alto. Estaba marcada con una cinta roja.
 
—Aquí es donde recuerdo que caí inconsciente. Esta roca marca un cuarto del recorrido, hay tres más en el camino, mi abuelo las colocó para que los que vienen al bar sepan que tanto les falta por recorrer para llegar al pueblo. Debió verlas cuando se adentró aquí —. La voz de Bento se elevó en la quietud de la noche y, en ese instante, como si todo estuviera coordinado, el viento sopló con fuerza y se detuvo de repente de manera abrupta, fue un segundo después de eso que el enorme hombre se quejó por una presión en su cuello. Llevó su mano a la nuca y acarició la zona.
 
—Lo siento, he estado cansa… —Su voz no pudo salir, de repente el hombre palideció y soltó su lámpara que, al estrellarse con el suelo se apagó de inmediato. —Es ella…es…está aquí…pude verla…
 
El hombre dio unos pasos atrás, temblaba y miraba con nerviosismo hacia el lado derecho del camino para luego levantar su mano y señalar hacia un punto en la oscuridad del bosque.
 
Algo se estaba moviendo y a su paso dejaba un olor dulzón…eso era claro, pero… ¿Podría ser visto con algo de claridad?
 
Caja de espíritus
[Imagen: hyakocheja.png]
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RE: Los muertos no hablan [Presente Relativo - T2] [Dr. Bones] - por Hyákinthos - 29-03-2026, 11:12 AM

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