29-03-2026, 04:12 PM
(Última modificación: 29-03-2026, 04:15 PM por Wyatt Goldstar.)
[personajeinvalido=3367]
Todavía le temblaban las manos, y la sensación nauseabunda y de presión en el tórax no se iba en ningún momento. Pero tuvo que apretar con más fuerza su revólver, porque sabía que los balazos empezarían en cualquier momento, y fuese como fuese, alguien se iría herido además de él.
Lo que no esperaba, es que el primer herido no fuesen los enemigos, no fuese él mismo... Fuese Tocho Morocho. No pudo hacer nada ante la velocidad de los disparos para interponerse, pese a que amagó a ponerse en medio para defenderlo con su propia carne. Chasqueó la lengua sumamente enojado y desesperado, viendo cómo la serie de sucesos desafortunados se desencadenaba JUSTO frente a sus ojos, sin que pudiera reaccionar —. ¡No! ¡¿Qué hacen, hijos de puta?! — gritó mientras se adelantaba, dando un salto al aire impulsándose en un trozo de chatarra para quedar suspendido durante un momento, en el que apuntó con su zurda hacia el centro: allí donde estaba la puerta, más o menos, a la altura de los cañoneros, gatillando y lanzando un único disparo que impactaría en el epicéntro de las fuerzas enemigas y, en un área de 5 metros de diámetro, generaría un estallido que, a su vez buscaría quemar a las tropas allí ubicadas.
— ¡¿A quién mierda le dicen piratas?! ¡Bingo! — gritó en el aire mientras terminaba de disparar y caía, posicionándose delante de tocho morocho y palpándolo, observando cómo los impactos de bala lo habían dejado malherido. Las lágrimas colmaron las cuencas de sus ojos y sintió impotencia y rabia, que tapó aunque sea momentáneamente el horror que estaba viviendo allí. Pero el nudo en su estómago no se iba.
Pero eso no era todo. La explosión levantó la capa de basura superficial de aquella zona, y los pies de todos los enemigos allí parados, o lo que sea que estuviese en contacto con el suelo, tomaría contacto con una sustancia cremosa, blanquecina (pues por culpa de los residuos vomitivos de aquella sala, se había teñido un poco)... sí, era nata. La nata estaba caliente, era de temperatura elevada, y aquellos que la tocasen no podrían evitar la quemadura química (hide liberado).
Allí, ante aquél caos de fuego y quemaduras, Wyatt Goldstar mantuvo su arma en la zurda, elevándola ligeramente, unos 45 grados desde el suelo, para estar listo para apuntar y disparar a quien sea que se moviese o intentase algo, desde la fila de francotiradores que todavía estaban cercanos a él (los de la derecha de la puerta). La rabia se combinaba con el miedo presente en sus ojos, un miedo que rara vez tenía, o mejor dicho: nunca. Pero el Haoshoku del ferry había hecho mella en su confianza, y ahora las piernas parecían que iban a ceder en cualquier momento. ¿Cuándo podría recuperar la fe en salir vivos de allí?
Todo era negativo, pero tenía que parar en algún momento.
— ¡Son demasiados, sigan atacando! — exclamó en un grito un tanto desesperado. Un suspiro entrecortado salió de sus labios mientras reojeaba a su animal —. Tranquilo, amigo, acabaremos con ellos y saldremos de aquí. Resiste, resiste... Nos espera un largo día en el buffet de ese ferry una vez que salgamos, sí. — intentaba, aún ante su falta de positividad, animar a su compañero.
Todavía le temblaban las manos, y la sensación nauseabunda y de presión en el tórax no se iba en ningún momento. Pero tuvo que apretar con más fuerza su revólver, porque sabía que los balazos empezarían en cualquier momento, y fuese como fuese, alguien se iría herido además de él.
Lo que no esperaba, es que el primer herido no fuesen los enemigos, no fuese él mismo... Fuese Tocho Morocho. No pudo hacer nada ante la velocidad de los disparos para interponerse, pese a que amagó a ponerse en medio para defenderlo con su propia carne. Chasqueó la lengua sumamente enojado y desesperado, viendo cómo la serie de sucesos desafortunados se desencadenaba JUSTO frente a sus ojos, sin que pudiera reaccionar —. ¡No! ¡¿Qué hacen, hijos de puta?! — gritó mientras se adelantaba, dando un salto al aire impulsándose en un trozo de chatarra para quedar suspendido durante un momento, en el que apuntó con su zurda hacia el centro: allí donde estaba la puerta, más o menos, a la altura de los cañoneros, gatillando y lanzando un único disparo que impactaría en el epicéntro de las fuerzas enemigas y, en un área de 5 metros de diámetro, generaría un estallido que, a su vez buscaría quemar a las tropas allí ubicadas.
— ¡¿A quién mierda le dicen piratas?! ¡Bingo! — gritó en el aire mientras terminaba de disparar y caía, posicionándose delante de tocho morocho y palpándolo, observando cómo los impactos de bala lo habían dejado malherido. Las lágrimas colmaron las cuencas de sus ojos y sintió impotencia y rabia, que tapó aunque sea momentáneamente el horror que estaba viviendo allí. Pero el nudo en su estómago no se iba.
Pero eso no era todo. La explosión levantó la capa de basura superficial de aquella zona, y los pies de todos los enemigos allí parados, o lo que sea que estuviese en contacto con el suelo, tomaría contacto con una sustancia cremosa, blanquecina (pues por culpa de los residuos vomitivos de aquella sala, se había teñido un poco)... sí, era nata. La nata estaba caliente, era de temperatura elevada, y aquellos que la tocasen no podrían evitar la quemadura química (hide liberado).
Allí, ante aquél caos de fuego y quemaduras, Wyatt Goldstar mantuvo su arma en la zurda, elevándola ligeramente, unos 45 grados desde el suelo, para estar listo para apuntar y disparar a quien sea que se moviese o intentase algo, desde la fila de francotiradores que todavía estaban cercanos a él (los de la derecha de la puerta). La rabia se combinaba con el miedo presente en sus ojos, un miedo que rara vez tenía, o mejor dicho: nunca. Pero el Haoshoku del ferry había hecho mella en su confianza, y ahora las piernas parecían que iban a ceder en cualquier momento. ¿Cuándo podría recuperar la fe en salir vivos de allí?
Todo era negativo, pero tenía que parar en algún momento.
— ¡Son demasiados, sigan atacando! — exclamó en un grito un tanto desesperado. Un suspiro entrecortado salió de sus labios mientras reojeaba a su animal —. Tranquilo, amigo, acabaremos con ellos y saldremos de aquí. Resiste, resiste... Nos espera un largo día en el buffet de ese ferry una vez que salgamos, sí. — intentaba, aún ante su falta de positividad, animar a su compañero.
BITÁCORA DE LAS ESTRELLAS

![[Imagen: tx0CvtQ.png]](https://i.imgur.com/tx0CvtQ.png)