29-03-2026, 09:20 PM
[personajeinvalido=3367]
Es terrible.
—Hmmm…
Hay una clara sensación de angustia interna que le obliga, de alguna manera, a pelear contra el peso de la injusta retribución que la vida le ha dado. Es horrible. Asqueroso. El sabor metálico de la sangre que invade su paladar, producto de su mente y su propio horror, puede ser insoportable. Dicha sensación le obliga a mantener el foco en enemigos que parecen querer arrasar con todo, a pesar de que supuestos compañeros están entre los objetivos.
No contenta con ello, el caos de todo el panorama parece abrumarla, y más aún cuando su compañero de la división ochenta es alcanzado por uno de los golpes de sus enemigos. Apabullante; los sonidos a su alrededor la obligan a levantar su arma casi de inmediato, moviéndose dos metros hacia atrás de un salto, para cubrir a su compañero y tratar de dar lo mejor de sí para asistirlo, resguardándose ella en el proceso.
Sin embargo, es el golpe al animal lo que le obliga a aferrarse a su arma. El terror que experimenta desde las profundidades de la raíz al recordar aquel incidente hace años baja muchísimos grados al cuerpo, y la sensación de aquel trauma solo le permite gritar, en lo profundo de su corazón, que tiene que salir de allí. Aparta la mirada del caballo malherido y se centra de lleno en el frente. Sus pies se afirman en la tierra; no puede permitirse flaquear más de lo que ya está mostrando.
—¡Dima! ¡Al frente! —Su tono de voz se mantiene neutral—. Hay que deshacernos de lo que más podamos para salir de este sitio de mierda.
Necesita aire para mitigar el peso de los traumas. Tiene que aguantar. Está llena de rabia porque no puede creer lo que ve. No puede pensar en que hay piratas de su lado, enfrentándose a seres impíos que fingen ser marines portando un uniforme manchado por las premisas de su asqueroso pecado. Saldría de allí y buscaría respuestas a como dé lugar. Recordará todos los nombres mencionados por esa gente.
Lo peor de todo es que, por más que desprecie la figura del pirata, el impulso de sacarlos con vida es mucho más fuerte que su rabia por ellos y sus instintos de supervivencia. No tarda en pulsar el gatillo; dispara sin cesar contra un grupo de los acorazados del frente, gastando parte de su energía en el proceso. Necesita salir, antes de que el caos mental y su prodigiosa memoria le obliguen a grabar estos momentos amargos y duros.
—Hmmm…
Hay una clara sensación de angustia interna que le obliga, de alguna manera, a pelear contra el peso de la injusta retribución que la vida le ha dado. Es horrible. Asqueroso. El sabor metálico de la sangre que invade su paladar, producto de su mente y su propio horror, puede ser insoportable. Dicha sensación le obliga a mantener el foco en enemigos que parecen querer arrasar con todo, a pesar de que supuestos compañeros están entre los objetivos.
No contenta con ello, el caos de todo el panorama parece abrumarla, y más aún cuando su compañero de la división ochenta es alcanzado por uno de los golpes de sus enemigos. Apabullante; los sonidos a su alrededor la obligan a levantar su arma casi de inmediato, moviéndose dos metros hacia atrás de un salto, para cubrir a su compañero y tratar de dar lo mejor de sí para asistirlo, resguardándose ella en el proceso.
Sin embargo, es el golpe al animal lo que le obliga a aferrarse a su arma. El terror que experimenta desde las profundidades de la raíz al recordar aquel incidente hace años baja muchísimos grados al cuerpo, y la sensación de aquel trauma solo le permite gritar, en lo profundo de su corazón, que tiene que salir de allí. Aparta la mirada del caballo malherido y se centra de lleno en el frente. Sus pies se afirman en la tierra; no puede permitirse flaquear más de lo que ya está mostrando.
—¡Dima! ¡Al frente! —Su tono de voz se mantiene neutral—. Hay que deshacernos de lo que más podamos para salir de este sitio de mierda.
Necesita aire para mitigar el peso de los traumas. Tiene que aguantar. Está llena de rabia porque no puede creer lo que ve. No puede pensar en que hay piratas de su lado, enfrentándose a seres impíos que fingen ser marines portando un uniforme manchado por las premisas de su asqueroso pecado. Saldría de allí y buscaría respuestas a como dé lugar. Recordará todos los nombres mencionados por esa gente.
Lo peor de todo es que, por más que desprecie la figura del pirata, el impulso de sacarlos con vida es mucho más fuerte que su rabia por ellos y sus instintos de supervivencia. No tarda en pulsar el gatillo; dispara sin cesar contra un grupo de los acorazados del frente, gastando parte de su energía en el proceso. Necesita salir, antes de que el caos mental y su prodigiosa memoria le obliguen a grabar estos momentos amargos y duros.
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