29-03-2026, 09:54 PM
[personajeinvalido=3367]
Hubo un punto de quiebre.
Los preciados segundos que había logrado arañar con aquella treta, se desintegraron con el primero de los cañonazos. La sala entera se estremeció. Traté de retroceder lo poco que pude. No más de un metro. La diestra ya sobre el arma que llevaba lista a la espalda. Noté a Hae-won, rifle en alto, posicionarse cerca de mí. Justo al mismo tiempo que el eco de la metralla alcanzaba al animal.
—¡Dima! ¡Al frente!
Me descubrí a mí mismo desactivando el seguro del arma, mientras Hae-won me cubría al disparar. Apreté el gatillo antes de tener tiempo para pensar en lo que hacía, con la necesidad acuciante de abrirnos paso hacia la salida. Había apuntado justo al centro de la línea de escuderos que teníamos delante. La energía de la explosión se expandió entre ellos, provocando otra humareda putrefacta. El estruendo me reventó la cabeza. Los cuerpos de aquellos hombres cayeron desmadejados. Una lluvia sanguinolenta de miembros amputados y metal incrustado en carne. Cada bombazo allí retumbaba con más virulencia de lo habitual, convirtiendo las migrañas en una tortura de tamaño descomunal. Llegué a tambalearme, preso de un suelo inestable. Otro ataque de tos me quemó la garganta, arrancando algunas lágrimas. No tener el mejor de los olfatos no me libraba de la humareda.
Aquella agonía asfixiante, por irónico que resultara, me permitía no pensar en el hecho de que acababa de matar por primera vez en mi vida. Ya tendría tiempo de decidir si aquello me importaba o no. Había muchas preguntas que todavía no alcanzaba a hacerme: ¿por qué había marines involucrados?, ¿quiénes eran todos esos nombres que habían mencionado?, ¿por qué decidieron desecharnos, hasta el punto de gastar tantos recursos en nosotros?
—¡Ángel, a cubierto! —la insté a buscar cobijo entre el sinfín de basura, cuerpo a tierra aún sin dejar de apuntar.
Sobre nosotros llovían los restos putrefactos de aquel vertedero. El eco de la metralla y la lucha encarnizada que mantenía el resto del equipo se mezclaba en un absoluto caos, difícil de distinguir.
Hubo un punto de quiebre.
Los preciados segundos que había logrado arañar con aquella treta, se desintegraron con el primero de los cañonazos. La sala entera se estremeció. Traté de retroceder lo poco que pude. No más de un metro. La diestra ya sobre el arma que llevaba lista a la espalda. Noté a Hae-won, rifle en alto, posicionarse cerca de mí. Justo al mismo tiempo que el eco de la metralla alcanzaba al animal.
—¡Dima! ¡Al frente!
Me descubrí a mí mismo desactivando el seguro del arma, mientras Hae-won me cubría al disparar. Apreté el gatillo antes de tener tiempo para pensar en lo que hacía, con la necesidad acuciante de abrirnos paso hacia la salida. Había apuntado justo al centro de la línea de escuderos que teníamos delante. La energía de la explosión se expandió entre ellos, provocando otra humareda putrefacta. El estruendo me reventó la cabeza. Los cuerpos de aquellos hombres cayeron desmadejados. Una lluvia sanguinolenta de miembros amputados y metal incrustado en carne. Cada bombazo allí retumbaba con más virulencia de lo habitual, convirtiendo las migrañas en una tortura de tamaño descomunal. Llegué a tambalearme, preso de un suelo inestable. Otro ataque de tos me quemó la garganta, arrancando algunas lágrimas. No tener el mejor de los olfatos no me libraba de la humareda.
Aquella agonía asfixiante, por irónico que resultara, me permitía no pensar en el hecho de que acababa de matar por primera vez en mi vida. Ya tendría tiempo de decidir si aquello me importaba o no. Había muchas preguntas que todavía no alcanzaba a hacerme: ¿por qué había marines involucrados?, ¿quiénes eran todos esos nombres que habían mencionado?, ¿por qué decidieron desecharnos, hasta el punto de gastar tantos recursos en nosotros?
—¡Ángel, a cubierto! —la insté a buscar cobijo entre el sinfín de basura, cuerpo a tierra aún sin dejar de apuntar.
Sobre nosotros llovían los restos putrefactos de aquel vertedero. El eco de la metralla y la lucha encarnizada que mantenía el resto del equipo se mezclaba en un absoluto caos, difícil de distinguir.
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