29-03-2026, 11:12 PM
En el instante que impacte, la mitad derecha de la plataforma cedió con un crujido seco y brutal, la madera astillándose hacia abajo mientras los restos de la estructura se hundían en el agua verdosa arrastrando consigo al marine de pelo blanco y al espadachín de ojos rojos que había saltado justo en ese momento hacia esa zona. El marine de pelo blanco cayó al agua a 3 metros de mi posición, hundiéndose rápidamente hacia mí como si tuviera un ancla atada en el cuerpo. Su uniforme impecable, inconfundible incluso bajo la superficie verdosa y turbia, hicieron que la rabia que llevaba acumulada desde que los vi entrar subiera por mi garganta como bilis. Ssss sisee con odio. Me impulsé desde mi posición en el fondo con ambas piernas, ascendiendo cuatro metros en vertical con el puño izquierdo cerrado y el brazo pegado al cuerpo, acumulando la trayectoria entera del ascenso en el golpe. El marine peliblanco ya había recorrido un par de metros hacia la profundidad del agua y le alcancé poniéndome justo por debajo de él golpeándole en la cara, debajo de la mandíbula como boxeador que lanza un gancho a su rival, con el puño izquierdo de abajo hacia arriba con toda la fuerza concentrada en los nudillos. El impacto lo arrancó del agua y lo mandó catorce metros al aire por encima de la superficie hasta que la gravedad le reclamo mandándole de vuelta al agua.
Sin esperar a ver dónde caía me mantuve sumergido tres metros bajo el agua y me desplacé hacia el oeste sin necesidad de ser guiado por mis ojos pues el olor a perfume cortaba el moho y la podredumbre como una cuchilla, artificial, limpio, fuera de lugar en aquella cloaca. El espadachín de ojos rojos también había sido absorbido por el agua como si se tratara de una aspiradora gigante y se encontraba a tres metros de profundidad, a 8 metros al oeste de mi posición. Me desplacé los 8 metros rastreando el olor, descendí dos metros hasta quedar justo por debajo de él y luego ascendí un metro tras cerrar el puño derecho y me impulsé hacia arriba golpeándole en el estómago con el puño derecho de abajo hacia arriba con toda la fuerza del impulso concentrada en el impacto. Dado mi recorrido, el golpe lo sacó del agua en ángulo de 45 grados hacia el noreste, recorriendo una trayectoria que lo depositó sobre la plataforma de madera que quedaba en pie.
Sali a la superficie y, tras saltar a la plataforma me posicione pegado a la pared a cuatro metros detrás del otro marine en línea recta quien se encontraba curando al chico rubio que se encontraba sangrando y sin tridente. Frente a ellos se encontraba un muro tallado en arcilla de tono terracota en el que a la izquierda aparecía el chico rubio recostado sobre una roca, con un colgante dorado visible en el pecho, extendiendo un dedo hacia la derecha. A la derecha, un grupo de figuras entre las que destaca una figura central, todos con la misma cara del rubio y en diferentes poses, el rubio del centro extendía su mano derecha hacia la izquierda buscando hacer contacto con el rubio acostado del lado izquierdo. Una obra de egocentrismo puro. Mi coraje se desbordo por las nubes ante semejante labor irreverente y desbordante de narcisismo. El odio que sentía por el marine creció desmedido ante semejante imagen pues no cabía en mi razón alguna para que le estuviera curando – “¡Basssta!” – grite con coraje entre siseos mientras llevaba mi mano derecha al frente empapada en agua señalando al marine frente a mi preparándome para terminar la labor que se me había encomendado.
Sin esperar a ver dónde caía me mantuve sumergido tres metros bajo el agua y me desplacé hacia el oeste sin necesidad de ser guiado por mis ojos pues el olor a perfume cortaba el moho y la podredumbre como una cuchilla, artificial, limpio, fuera de lugar en aquella cloaca. El espadachín de ojos rojos también había sido absorbido por el agua como si se tratara de una aspiradora gigante y se encontraba a tres metros de profundidad, a 8 metros al oeste de mi posición. Me desplacé los 8 metros rastreando el olor, descendí dos metros hasta quedar justo por debajo de él y luego ascendí un metro tras cerrar el puño derecho y me impulsé hacia arriba golpeándole en el estómago con el puño derecho de abajo hacia arriba con toda la fuerza del impulso concentrada en el impacto. Dado mi recorrido, el golpe lo sacó del agua en ángulo de 45 grados hacia el noreste, recorriendo una trayectoria que lo depositó sobre la plataforma de madera que quedaba en pie.
Sali a la superficie y, tras saltar a la plataforma me posicione pegado a la pared a cuatro metros detrás del otro marine en línea recta quien se encontraba curando al chico rubio que se encontraba sangrando y sin tridente. Frente a ellos se encontraba un muro tallado en arcilla de tono terracota en el que a la izquierda aparecía el chico rubio recostado sobre una roca, con un colgante dorado visible en el pecho, extendiendo un dedo hacia la derecha. A la derecha, un grupo de figuras entre las que destaca una figura central, todos con la misma cara del rubio y en diferentes poses, el rubio del centro extendía su mano derecha hacia la izquierda buscando hacer contacto con el rubio acostado del lado izquierdo. Una obra de egocentrismo puro. Mi coraje se desbordo por las nubes ante semejante labor irreverente y desbordante de narcisismo. El odio que sentía por el marine creció desmedido ante semejante imagen pues no cabía en mi razón alguna para que le estuviera curando – “¡Basssta!” – grite con coraje entre siseos mientras llevaba mi mano derecha al frente empapada en agua señalando al marine frente a mi preparándome para terminar la labor que se me había encomendado.
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![[Imagen: GVCrscX.png]](https://i.imgur.com/GVCrscX.png)