30-03-2026, 09:53 AM
Día 87 de Verano, año 17
Han pasado unos pocos días desde que partimos de aquel desierto infernal. El calor y la arena quedan atrás como un recuerdo amargo, recuerdos de una derrota agria y nuevas cicatrices que no terminan de cerrar. Aún así, el poder absoluto que he obtenido en aquel lugar se mantiene latente en mí, todavía dormido, pero en vísperas de manifestarse con furia Buccaner. Por su lado, Ubbe está más jovial y alegre que yo. Me ha hablado de su enorme victoria frente a aquel imbécil que nos encontramos en la plaza de Rainbase. Incluso me ha mostrado sus nuevos poderes, que son una puta locura. Ahora se convierte en un monstruo tan grande y salvaje como yo. Un auténtico tanque de guerra acorazado y veloz como un relámpago. Incluso yo, Sigurd Haakon, orgulloso Bucanero, dudo de poder pararle los píes en caso de un enfrentamiento directo. Es una abominación. Me encanta, ¡JARUL JUL JUL JUL...!
Amanece una mañana más en este vasto mundo, en mitad del mar azul. Las temperaturas son cálidas y agradables. Ni el frío de Drum ni el calor tórrido de Arabasta. El sol se refleja en el agua con brillos centelleantes dorados, un presagio de lo que está por llegar. No hay una sola nube en el cielo y los vientos de poniente nos empujan con fuerza hacia nuestro nuevo destino. Aves y peces nos dan la bienvenida a donde sea que estemos llegando, acompañándonos en nuestra travesía. ¿Que aventuras vienen a partir de ahora? Ni idea, pero todo indica que toca claridad tras la tormenta. O quizás me equivoque y esto sea la calma previa a la misma.
Salgo de mi camarote con un sonoro bostezo y una innecesaria patada a la puerta que la abre de par en par, estampando esta contra la pared. Estiro mis vigorosos músculos con movimientos amplios y exagerados para que se destensen e ir más relajado. Miro al cielo, achinando mis ojos para que estos se acostumbren a la luz del día. Me acerco a paso lento al timón, que por pura chiripa parece no haberse desviado demasiado de su trayectoria. Sin duda, nos hace falta más personal.
Con una maniobra perfecta, ya de un navegante experimentado, reconduzco el rumbo y con las velas a favor, avanzamos por buen camino. Pasan pocos minutos hasta que, más allá del horizonte, se deja ver una isla. La tierra se forma a dos bandas, creando una especie de media luna o de boca terrestre que devora los barcos que pasan entrar en ella. Pero lo que más destaca es un árbol. Si, un árbol. Uno inmenso que sobresale por encima de cualquier formación geográfica o artificial. Brilla como el oro y sus ramas se extienden más allá de cualquier comprensión logica. Mis ojos quedan embelesados ante tal maravilla de la naturaleza, imaginando que armas y obras de arte puedo crear con su madera. Ahora solo queda gritar
-¡¡UBBEEE, TIERRA A LA VISTA!!-
Navegamos hacia el interior de la tierra, entrando en las fauces de la isla. Dejo atrancado e Veldformir en una zona alejada de toda civilización, en un páramo insólito y abandonado. Esos son los mejores lugares. Habrá que patear bastante para alcanzar cualquier poblado, pero que todo sea eso. Con el ancla echada, me dirijo a mí hermano de armas para comentarle mis intenciones y valorar la jugada. -Escucha tío, yo voy de cabeza a mirar que es ese árbol, ¿te parece?- reviso que tengo todo mi arsenal encima, sobretodo el den den mushi. -He de retocar mis armas, que están algo desgastadas, y creo que este es un buen sitio. Lo que sea, me dices algo por aquí.-Nueva isla, nuevas aventuras. Toca mejorar el inventario y ver que nos puede ofrecer este lugar. La idea no es quedarnos mucho tiempo, pero a saber que nos brinda el destino esta vez... Espero que mucha violencia, tetas y cerveza... Y sobretodo , ORO ¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!
Continuará...
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