30-03-2026, 12:31 PM
Se sorprendió por la flecha que dio en la mano del sujeto aquél, quien soltaría la pistola inmediatamente y luego caería al suelo para agarrar su mano y sacar el virote, sollozando en dolor al estar completamente derrotado y sin más fuerzas para resistirse. Seraphine había sido realmente fría en aquél disparo, y aunque Yuuki tenía sus reservas sobre disparar a alguien vencido, no diría absolutamente nada. Al final, la arquera había quitado de la ecuación la variable que podía ser la rabia de ese tal Roland. Y con la caída de ese sujeto, estaban completamente seguros ahora y podían concentrarse por completo en los dos novios, quienes estaban aún atados y confundidos por lo que estaba ocurriendo.
Seraphine se comunicaba con sus notas y cuando los dos pudieron leer el mensaje a la luz de la lámpara, asintieron. Se notaba una luz de esperanza en la reflexión de sus ojos en aquél lugar. Yuuki miraría a Seraphine y sonreiría, sintiendo que habían hecho una buena obra aquella noche para variar. Era increíble que no hubiera tenido que estafar a nadie; quizás el trabajo de justiciera no parecía tan malo. Si tan solo tuviera paciencia para ir repartiendo justicia a todos... ¿Y a ella? ¿Alguien le daría justicia? Para nada. En lo que correspondía a su familia, era ella la criminal.
Tomó un cuchillo que estaba sobre una caja pequeña de madera y se aproximó a los novios. El brillo de la hoja se podía ver peligrosamente mientras ella caminaba en total silencio hacia los dos, que se asustaron al comienzo, pero en cuanto pudieron darse cuenta que en realidad el filo era para liberarlos de las cuerdas, se relajaron. Yuuki sintió algo de escalofríos no más al tocar las cuerdas. Le traían muy malos recuerdos. Pero el cuchillo le ayudaría a cortar, literalmente, aquellas ataduras y liberar a los jóvenes y a ella misma del miedo que por poco la controlaba.
Una vez libres los dos novios, la chica se fue a abrazar a Seraphine de inmediato, mientras que el otro hacía una reverencia respetuosa a Yuuki. Se les veía ahora alegres.
—¡Nos han salvado! ¡Muchas gracias! —Dijo la chica mientras hundía su cara en el vestido de Seraphine. El abrazo era fuerte para alguien de su tamaño, pero asimismo era sincero y lleno de agradecimiento y felicidad—. Tenía miedo de lo que podía pasarnos. Han llegado justo a tiempo. Pero... ¿Cómo llegaron aquí?
La chica se soltó del abrazo que le había dado a Seraphine y dio unos pasos hacia su pareja, abrazándole ahora el brazo mientras que éste parecía tomar una posición defensiva. Era algo extraño que se comportaran de esa forma defensiva luego de haber visto que las dos mujeres con alas de allí habían entrado con el objetivo de sacarlos de las ataduras y de lo que fuera que aquellos maleantes pensaban hacerle. A lo mejor había algo más que solo un par de novios en su noche de nupcias. Sin embargo, Yuuki no sería tan lista como para en eso por el momento.
—Estábamos disfrutando en la fiesta de su casamiento. Y a mi amiga aquí le hizo falta un remiendo luego de que nos chocamos. Mientras le limpiaban sus bonitas manos, el hombre anciano que nos ayudó nos pidió ayuda para encontrarlos. Y bueno. Pudimos ver que tuvimos suerte al venir al sitio con la mejor vista del lugar.
Se rascó detrás de la oreja con la mano derecha mientras hablaba, haciendo un contraste bastante extraño entre el tono amable y educado que manejaba y los modales burdos de un pirata con su expresión corporal. Cuando terminó de explicarse, echó una mirada a Seraphine nuevamente.
—¿Qué deberíamos hacer con est-
Fue interrumpida inmediatamente por el novio.
—Deben matarlos. Son peligrosos. Maleantes contratados por la familia de mi amada. Verán. Ella viene de arriba... —Y señaló en la dirección hacia donde estaba la zona privilegiada de Samba.
—Ah no. No señor. Yo no mato por matar. Vamos a noquearlos y volveremos todos. Prefiero que ustedes sepan de quiénes cuidarse a futuro. Porque no crean que esto será lo último que verán si piensan estar juntos, ¿Verdad, Sera? Oh, por cierto, ¿Dónde están mis modales? Mi nombre es Yuuki. Pirata. Ciertamente...
Hizo una ligera reverencia, casi en burla.
Seraphine se comunicaba con sus notas y cuando los dos pudieron leer el mensaje a la luz de la lámpara, asintieron. Se notaba una luz de esperanza en la reflexión de sus ojos en aquél lugar. Yuuki miraría a Seraphine y sonreiría, sintiendo que habían hecho una buena obra aquella noche para variar. Era increíble que no hubiera tenido que estafar a nadie; quizás el trabajo de justiciera no parecía tan malo. Si tan solo tuviera paciencia para ir repartiendo justicia a todos... ¿Y a ella? ¿Alguien le daría justicia? Para nada. En lo que correspondía a su familia, era ella la criminal.
Tomó un cuchillo que estaba sobre una caja pequeña de madera y se aproximó a los novios. El brillo de la hoja se podía ver peligrosamente mientras ella caminaba en total silencio hacia los dos, que se asustaron al comienzo, pero en cuanto pudieron darse cuenta que en realidad el filo era para liberarlos de las cuerdas, se relajaron. Yuuki sintió algo de escalofríos no más al tocar las cuerdas. Le traían muy malos recuerdos. Pero el cuchillo le ayudaría a cortar, literalmente, aquellas ataduras y liberar a los jóvenes y a ella misma del miedo que por poco la controlaba.
Una vez libres los dos novios, la chica se fue a abrazar a Seraphine de inmediato, mientras que el otro hacía una reverencia respetuosa a Yuuki. Se les veía ahora alegres.
—¡Nos han salvado! ¡Muchas gracias! —Dijo la chica mientras hundía su cara en el vestido de Seraphine. El abrazo era fuerte para alguien de su tamaño, pero asimismo era sincero y lleno de agradecimiento y felicidad—. Tenía miedo de lo que podía pasarnos. Han llegado justo a tiempo. Pero... ¿Cómo llegaron aquí?
La chica se soltó del abrazo que le había dado a Seraphine y dio unos pasos hacia su pareja, abrazándole ahora el brazo mientras que éste parecía tomar una posición defensiva. Era algo extraño que se comportaran de esa forma defensiva luego de haber visto que las dos mujeres con alas de allí habían entrado con el objetivo de sacarlos de las ataduras y de lo que fuera que aquellos maleantes pensaban hacerle. A lo mejor había algo más que solo un par de novios en su noche de nupcias. Sin embargo, Yuuki no sería tan lista como para en eso por el momento.
—Estábamos disfrutando en la fiesta de su casamiento. Y a mi amiga aquí le hizo falta un remiendo luego de que nos chocamos. Mientras le limpiaban sus bonitas manos, el hombre anciano que nos ayudó nos pidió ayuda para encontrarlos. Y bueno. Pudimos ver que tuvimos suerte al venir al sitio con la mejor vista del lugar.
Se rascó detrás de la oreja con la mano derecha mientras hablaba, haciendo un contraste bastante extraño entre el tono amable y educado que manejaba y los modales burdos de un pirata con su expresión corporal. Cuando terminó de explicarse, echó una mirada a Seraphine nuevamente.
—¿Qué deberíamos hacer con est-
Fue interrumpida inmediatamente por el novio.
—Deben matarlos. Son peligrosos. Maleantes contratados por la familia de mi amada. Verán. Ella viene de arriba... —Y señaló en la dirección hacia donde estaba la zona privilegiada de Samba.
—Ah no. No señor. Yo no mato por matar. Vamos a noquearlos y volveremos todos. Prefiero que ustedes sepan de quiénes cuidarse a futuro. Porque no crean que esto será lo último que verán si piensan estar juntos, ¿Verdad, Sera? Oh, por cierto, ¿Dónde están mis modales? Mi nombre es Yuuki. Pirata. Ciertamente...
Hizo una ligera reverencia, casi en burla.

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