[FIC - Recolección-Creación] - Back in Black
#1
El calor húmedo de la isla golpeó a Ubbe en cuanto puso un pie fuera del Verlfolnir, envolviéndolo como una segunda piel mucho más densa que la del desierto. No era un calor abrasador como el de Arabasta, sino algo más pegajoso, más constante, que se colaba en la respiración y se quedaba ahí, recordándole a cada instante que aquel lugar estaba vivo. El aire olía a madera húmeda, a sal y a algo más profundo, casi dulce, que parecía provenir del propio corazón de la isla. Frente a él, el terreno se alzaba irregular, montañoso, lleno de crestas abruptas y barrancos que rompían el paisaje en niveles desordenados. Y dominándolo todo, como si fuera el eje del mundo, estaba el Árbol de Oro. Enorme, retorcido, imposible. Sus ramas se extendían hacia el cielo con una forma que no seguía ninguna lógica natural, y su brillo dorado no era solo un reflejo del sol, sino algo que parecía surgir de él mismo. Ubbe lo observó unos segundos en silencio, entrecerrando los ojos, antes de dejar escapar una risa baja.
- Yeah… aquí hay movida...
No se quedó más tiempo del necesario. Tenía algo que hacer primero.
El camino hacia Mock Town no era cómodo, pero eso nunca había sido un problema, Ubbe avanzaba con la pesadez firme que lo caracterizaba, descendiendo por senderos irregulares, saltando pequeñas grietas sin esfuerzo y apoyando cada paso con seguridad. A medida que se acercaba, las estructuras de la ciudad empezaron a tomar forma, levantándose sobre la montaña como podían, sin orden claro, como si cada edificio hubiera sido construido donde había espacio y nada más. La madera dominaba todo, envejecida, desgastada, con balcones torcidos y terrazas abiertas que se asomaban al vacío con una confianza dudosa. El ambiente estaba cargado; había ruido, risas, discusiones, el sonido de botellas chocando y pasos pesados sobre tablas que crujían. Pero no era una ciudad cualquiera.
Se notaba quién mandaba.
Los miembros de la banda Daten Shi no se escondían. Se movían entre la gente como si todo aquello les perteneciera, marcando territorio sin necesidad de levantar la voz. Ubbe los vio, claro que los vio. Pero no cambió su paso, ni su postura, ni su expresión. Caminó entre ellos como si fueran parte del decorado, sin provocar, pero sin ceder ni un centímetro. Tampoco es que tuviera mucha idea de quiénes eran; para él, nada de eso le afectaba. 

No tardó en encontrar lo que buscaba. No era un gran taller ni nada especialmente impresionante, sino un puesto cargado de piezas, lentes, monturas dobladas, herramientas y restos de objetos desmontados. Era caótico, pero funcional. Ubbe se acercó sin dudar, agachándose ligeramente para examinar el material con atención.
-Necesito arreglar unas gafas -dijo con voz grave- Que aguanten de verdad.
El dueño del puesto lo miró de arriba abajo, evaluándolo con cautela, probablemente midiendo si estaba tratando con un cliente o con un problema. Ubbe sostuvo la mirada sin inmutarse, completamente tranquilo, como si no hubiera posibilidad alguna de que aquello se torciera.
- Tengo cosas… pero no milagros -respondió el hombre finalmente.
Ubbe soltó una risa leve, casi divertida.
- No necesito milagros. Solo material bueno.
La conversación no duró mucho más. Ubbe no era de regatear ni de perder el tiempo en detalles innecesarios. Pagó lo que pedían sin discutir, dejando caer el dinero con despreocupación, y recogió varias lentes más gruesas, una montura reforzada y algunas herramientas básicas que le servirían para ajustarlas él mismo. No era un artesano, pero era un buen manitas, sabía perfectamente lo que necesitaba. Y, sobre todo, sabía lo que sus gafas tenían que soportar.
Se alejó del bullicio de la calle principal, subiendo por uno de los caminos que serpenteaban entre las construcciones hasta encontrar una zona más tranquila. Una especie de terraza natural, elevada, desde donde se podía ver buena parte de la isla. Desde allí, Mock Town se extendía como un caos organizado, y más allá, el mar brillaba bajo el sol. Pero el Árbol de Oro seguía siendo el centro de todo, visible desde cualquier punto, como si la isla entera girara a su alrededor.
Ubbe se sentó sobre una roca, apoyando los codos sobre las rodillas antes de sacar los restos de sus gafas. Estaban peor de lo que recordaba. La montura doblada, una de las lentes prácticamente inservible… chasqueó los dedos una vez, pensativo, antes de ponerse manos a la obra.
Sus manos no eran delicadas, pero sí firmes, y sobre todo, seguras. Ajustó la montura con cuidado, aplicando la fuerza justa para devolverla a su forma sin romperla. Probó encajes, descartó piezas, volvió a intentar. Las nuevas lentes eran más gruesas, más resistentes, y aunque no encajaban a la perfección al principio, Ubbe fue adaptando la montura poco a poco hasta hacerlas funcionar. No buscaba algo bonito. Buscaba algo que aguantara golpes, caídas… lo que fuera.
El proceso le llevó más tiempo del que parecía. No porque fuera complicado, sino porque no se permitía fallar. Cada ajuste tenía que ser el correcto. Cada pieza tenía que encajar como debía.
- A ver ahora… -murmuró, colocando la última lente.
Se detuvo un segundo antes de terminar, alzando la mirada hacia el Árbol de Oro. Había algo en él. Algo que tiraba. No era solo curiosidad, era más profundo, más instintivo. Como si ese lugar guardara algo hecho a su medida.
Terminó de montar las gafas y se las colocó con calma, ajustándolas sobre el puente de la nariz. Parpadeó un par de veces, moviendo ligeramente la cabeza para comprobar la estabilidad. Luego sonrió.
-Much better, baby… Así sí, ahora sí que estoy completo! 
Se levantó despacio, estirando el cuello hasta que este crujió con fuerza, seguido de un leve movimiento de hombros que terminó de activar el cuerpo. La sensación era distinta ahora. Más completa. Más lista.
Se quedó unos segundos en silencio, observando la isla desde aquella altura. Mock Town seguía con su caos habitual, los piratas moviéndose, la vida fluyendo con una normalidad tensa que tenían los lugares peligrosos. Pero para Ubbe, todo eso era secundario. El árbol seguía ahí, esperando.
- Debería pillarme también unos guantes, los que tengo, desde la pelea con Turrich me van como un poco grandes...
Bajó de la roca con un paso pesado, firme, y empezó a descender de nuevo hacia la ciudad. No tenía prisa, pero tampoco iba a demorarse más de lo necesario. Sabía perfectamente dónde tenía que ir.
Encontrar a Sigurd.
Y después… ver qué demonios escondía ese árbol.
Porque si algo tenía claro, era que aquel lugar no iba a ser una simple parada más en su viaje, sino uno de esos puntos donde todo podía torcerse o elevarse a otro nivel. Y, conociéndoles, lo más probable era que ambas cosas ocurrieran a la vez.

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[Imagen: ksMOGZu.png]


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[FIC - Recolección-Creación] - Back in Black - por Ubbe - 30-03-2026, 07:57 PM

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