31-03-2026, 08:30 AM
Podía verlo con claridad, qué tanto le afectaba hablar del tema. No era algo que hiciera con cualquiera, eso cada vez era más claro. No quería verlo herido, pero a su vez quería saberlo todo. Las preguntas no parecían tener respuestas y, sin embargo, con aquel único monosílabo, lo comprendió.
Sus ojos descendieron a la mano que lo palpaba. Se acercó un poco más a él, estirando su mano, aceptándola, prestando total y completa atención a lo que hablaba. Pudo sentir el dolor de las uñas en su mano, lo hizo descender la mirada, solo elevando más su convencimiento de que iba a encontrar a todos los que se atrevieron a hacerle ese daño a Tezca y, a todos y cada uno de ellos, les haría pagar. También buscaría a su padre, fuera como fuere, de la forma que fuera necesaria, y lo arrastraría si fuera necesario con cada uno de sus huesos destrozados frente a él por osar abandonarlo.
Emitió un quejido por el dolor, involuntario, pero cualquier cosa que pudiera afectarle parecía desaparecer al ver las lágrimas que caían del hombre al que tanto amaba. Su brazo libre se estiró en su dirección, acercando su rostro hacia su hombro para que pudiera cubrir así mejor sus lágrimas. Si había algo que sabía, era que odiaba que lo vieran llorar. Él mismo había abandonado la idea de hacerlo alguna vez de nuevo, hasta el momento que creyó al propio rubio muerto. Nunca imaginó, ni en su larga vida, que ver llorar a alguien iba a ser tan doloroso incluso para él. Lo apretó hacia sí por la nuca, buscando ofrecerle, en silencio, el apoyo que quería brindarle, decirle en silencio que no estaba solo con ese gesto.
La voz sonaba suave, ignorando el dolor que tenía en su mano, besando su cabeza en un nuevo intento de calmarlo. Odiaba verlo de ese modo, pero que se derrumbara así frente a él demostraba la confianza que podía tener hacia él. Era mejor así. Se aliviaba por un lado y, por otro, odiaba que alguien lo hiciera sentir así. Lo apretó más hacia sí, descendiendo su rostro para apegarse más a él. Quizás la posición no era la más cómoda para sí mismo, no le importaba, no era relevante.
Elevó su mirada, tratando de calmar el pecho que le apretaba, relajarse. Si seguía llorando, lo dejaría humedecer su hombro, le daba igual. Ahora tenía una convicción mayor; llegaría lejos, más lejos de lo que jamás llegó hasta entonces, incluso si tenía que separarse de él. Ya no solo era convencerse de que valía más que la escoria de Raigo, no solo cumplir su sueño para llegar a lo más alto, ahora compartía también el hacer pagar a todos y cada uno de esos malditos imbéciles lo que se atrevieron a hacerle a ese hombre, remover todos los mares hasta dar con el padre de Tezca. —¿Me dejarás ayudarte? Prometo que si hay algo que consideras demasiado, o quieras hacer por ti mismo, no lo forzaré. Pero déjame ayudarte.
Intentó ahora buscar la mirada del contrario, paseando los dedos de su brazo sano por su cabello con un cuidado que no sabía que existía ni él mismo. Buscó sus labios. Aleksei, cómo se atrevía ese maldito malnacido a jugar con Tezca. Cómo se atrevía ese condenado... Solo imaginar cualquiera de las cosas que pudiera haber pasado le hacía hervir la sangre. Lo besó, ahora no solo en un intento de calmarlo a él, sino también aligerar el peso de la ira que parecía ascender dentro de él.
Ahora elevó su mano hasta la mejilla ajena, deseando que lo estuviera mirando, porque buscaba su mirada, su aceptación. Su pulgar acariciaba con cuidado su mejilla, como un gran tesoro que no planeaba perder, y no permitiría que nadie se lo quitara de encima. Jamás. No ahora que había encontrado una razón mayor para luchar. Ahora tenía un nuevo objetivo importante; protegerlo. Buscó sus labios, besarlos, cerrar los ojos y apretar el cuerpo ajeno contra el suyo. —Haré lo que sea por ti... lo sabes, ¿Verdad? — No era solo convencerlo, era la seguridad de hacerlo. Maldición, su pecho apretaba, sentía que era la fuente de sus fuerzas. Solo podía verlo a él, como si no hubiera nada ni nadie más en el mundo. Solo Tezca. Secó sus ojos, si es que todavía quedaban algunas lágrimas, con su pulgar.
Sus ojos descendieron a la mano que lo palpaba. Se acercó un poco más a él, estirando su mano, aceptándola, prestando total y completa atención a lo que hablaba. Pudo sentir el dolor de las uñas en su mano, lo hizo descender la mirada, solo elevando más su convencimiento de que iba a encontrar a todos los que se atrevieron a hacerle ese daño a Tezca y, a todos y cada uno de ellos, les haría pagar. También buscaría a su padre, fuera como fuere, de la forma que fuera necesaria, y lo arrastraría si fuera necesario con cada uno de sus huesos destrozados frente a él por osar abandonarlo.
Emitió un quejido por el dolor, involuntario, pero cualquier cosa que pudiera afectarle parecía desaparecer al ver las lágrimas que caían del hombre al que tanto amaba. Su brazo libre se estiró en su dirección, acercando su rostro hacia su hombro para que pudiera cubrir así mejor sus lágrimas. Si había algo que sabía, era que odiaba que lo vieran llorar. Él mismo había abandonado la idea de hacerlo alguna vez de nuevo, hasta el momento que creyó al propio rubio muerto. Nunca imaginó, ni en su larga vida, que ver llorar a alguien iba a ser tan doloroso incluso para él. Lo apretó hacia sí por la nuca, buscando ofrecerle, en silencio, el apoyo que quería brindarle, decirle en silencio que no estaba solo con ese gesto.

—Tú sí importas, Tezca... A mí me importas.
La voz sonaba suave, ignorando el dolor que tenía en su mano, besando su cabeza en un nuevo intento de calmarlo. Odiaba verlo de ese modo, pero que se derrumbara así frente a él demostraba la confianza que podía tener hacia él. Era mejor así. Se aliviaba por un lado y, por otro, odiaba que alguien lo hiciera sentir así. Lo apretó más hacia sí, descendiendo su rostro para apegarse más a él. Quizás la posición no era la más cómoda para sí mismo, no le importaba, no era relevante.

—No lo hagas todo solo. Ahora estoy contigo, Tezca.
Elevó su mirada, tratando de calmar el pecho que le apretaba, relajarse. Si seguía llorando, lo dejaría humedecer su hombro, le daba igual. Ahora tenía una convicción mayor; llegaría lejos, más lejos de lo que jamás llegó hasta entonces, incluso si tenía que separarse de él. Ya no solo era convencerse de que valía más que la escoria de Raigo, no solo cumplir su sueño para llegar a lo más alto, ahora compartía también el hacer pagar a todos y cada uno de esos malditos imbéciles lo que se atrevieron a hacerle a ese hombre, remover todos los mares hasta dar con el padre de Tezca. —¿Me dejarás ayudarte? Prometo que si hay algo que consideras demasiado, o quieras hacer por ti mismo, no lo forzaré. Pero déjame ayudarte.
Intentó ahora buscar la mirada del contrario, paseando los dedos de su brazo sano por su cabello con un cuidado que no sabía que existía ni él mismo. Buscó sus labios. Aleksei, cómo se atrevía ese maldito malnacido a jugar con Tezca. Cómo se atrevía ese condenado... Solo imaginar cualquiera de las cosas que pudiera haber pasado le hacía hervir la sangre. Lo besó, ahora no solo en un intento de calmarlo a él, sino también aligerar el peso de la ira que parecía ascender dentro de él.

—Gracias... por confiar en mí.
Ahora elevó su mano hasta la mejilla ajena, deseando que lo estuviera mirando, porque buscaba su mirada, su aceptación. Su pulgar acariciaba con cuidado su mejilla, como un gran tesoro que no planeaba perder, y no permitiría que nadie se lo quitara de encima. Jamás. No ahora que había encontrado una razón mayor para luchar. Ahora tenía un nuevo objetivo importante; protegerlo. Buscó sus labios, besarlos, cerrar los ojos y apretar el cuerpo ajeno contra el suyo. —Haré lo que sea por ti... lo sabes, ¿Verdad? — No era solo convencerlo, era la seguridad de hacerlo. Maldición, su pecho apretaba, sentía que era la fuente de sus fuerzas. Solo podía verlo a él, como si no hubiera nada ni nadie más en el mundo. Solo Tezca. Secó sus ojos, si es que todavía quedaban algunas lágrimas, con su pulgar.
Eso, esa sensación, seguramente era amor.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
