01-04-2026, 02:00 AM
El rostro del médico brujo lo decía todo; aquella broma no le había gustado en lo más mínimo. Sobre todo porque recién conocía a esa pequeña entrometida y ya se había tomado la libertad de meterse con su sombrero. El impulso que recorrió todo su cuerpo fue inmediato: patear el banquillo en el que se encontraba sentada aquella chica solo para verla caer de cara contra los tablones de madera del suelo. La imagen era tentadora, casi satisfactoria de imaginar.
Sin embargo, Bones sabía muy bien cómo terminaría aquello. Solo lograría ganarse una mala reputación por meterse con una chica menor, y no estaba dispuesto a cargar con ese tipo de tonterías por un arranque de orgullo.
Así que hizo lo único que su autocontrol le permitió en ese momento.
Se tragó el orgullo.
No dijo nada al principio, pero su expresión lo decía todo. Sus ojos se clavaron en la chica con una mirada asesina, una de esas miradas frías que parecían prometer problemas si alguien insistía demasiado. Mientras tanto, el tipo detrás de la barra apenas lograba contener la risa. Su rostro enrojecido y los pequeños temblores en sus hombros dejaban claro que estaba disfrutando demasiado ver al médico brujo enfadarse ante las palabras atrevidas de aquella muchacha.
Finalmente Bones habló.
—Si vas a ser una pirata, creo que es mejor que te vaya dando un consejo. Si vas a aceptar un trago en un bar de mala muerte, más te vale cuidar tu boca. Nunca se sabe cuándo alguien puede azotar tu cabeza contra la barra del bar… y termines con ese vaso en el fondo de tu tráquea, brazos largos.
Su tono era hostil, seco, cargado con una irritación que llevaba acumulada desde antes de que la chica siquiera apareciera. Ya estaba de mal humor, y lo último que necesitaba era convertirse en el blanco de las bromas de una chica tan extraña como esa.
Sin embargo, antes de que la muchacha pudiera responderle, algo ocurrió.
Bones escuchó una voz.
No una voz cualquiera.
Era una voz familiar, susurrante… casi de ultratumba.
Un escalofrío recorrió su espalda desde la base de la nuca hasta la columna. Aquella sensación era imposible de confundir. Nadie más en el bar podía escucharla.
—Es ella… es el destino hacia las nuevas tierras.
El susurro femenino resonó en su mente como una corriente fría atravesando sus pensamientos.
Bones quedó completamente shockeado.
Desde que había abandonado Centaurea no había vuelto a escuchar las voces de los espíritus guiándolo como lo hacían antes. Durante semanas había caminado prácticamente a ciegas, esperando alguna señal, alguna palabra que indicara hacia dónde debía dirigirse. Y ahora, de repente, aquella voz regresaba en el momento menos esperado.
Su mente quedó suspendida por un instante.
Mientras la chica seguía hablando frente a él, Bones observaba sus labios moverse, pero no escuchaba nada de lo que decía. Su mente estaba demasiado ocupada intentando comprender lo que acababa de escuchar.
Cuando finalmente logró volver en sí, regresando a la realidad de la conversación, permaneció en silencio durante unos segundos.
Luego habló con calma.
—Discúlpame… debo ir al baño.
Se levantó de su asiento con cierta prisa, caminando hacia una puerta al fondo del local donde colgaba un cartel que decía “Baños masculinos”. Entró, cerró con llave detrás de sí y, apenas estuvo solo, se quitó el sombrero.
Acto seguido abrió el grifo y se arrojó un buen puñado de agua en el rostro.
Respiró hondo.
Intentaba calmarse.
Aunque en realidad lo único que sentía era la agitación creciendo dentro de su pecho al notar aquella conexión espiritual formarse nuevamente.
—Debes estar bromeando…
Su voz resonó en el pequeño baño.
—Todo este tiempo he estado esperando una palabra que me guíe, esperando una señal de dónde tengo que ir… ¿y me dices que es ella con quien tengo que embarcarme?
Su tono era furioso mientras se sostenía del lavamanos.
La voz volvió a manifestarse.
—Los hilos del destino están enlaza—
Pero Bones la interrumpió de inmediato, levantando una mano como si estuviera cortando la frase en el aire como si ya la hubiera escuchado miles de veces cuando le preguntaba algo a las voces del más allá.
—Sí, sí, ya lo sé.
Suspiró con irritación.
—“Los hilos del destino están enlazados con fibras inquebrantables”.
Sacudió la cabeza con fastidio.
—Siempre repites la misma consigna.
Había escuchado esa frase tantas veces que ya parecía grabada en su mente. Cada vez que dudaba de aquellas voces, la respuesta era exactamente la misma.
—¿Así que quieres decir que mi destino está enlazado con ella?
Soltó un quejido irritado mientras se frotaba el entrecejo con los dedos, como alguien que está a punto de perder la paciencia, aunque ya por lo menos le alegraba un poco que pudiera salir de esa isla de una buena vez.
—Entonces qué… ¿es parte de una tripulación? Espero que el resto de esos tipos no estén tan mal de la cabeza como ella.
La situación ya era bastante mala de por sí, pero al menos esperaba que algo bueno saliera de todo aquello.
Entonces llegó la respuesta.
—Ella… será tu capitana.
El silencio que siguió duró apenas una fracción de segundo.
Y luego explotó.
—¡¿QUÉ MIERDA DIJISTE?!
Su voz resonó por todo el bar, atravesando las paredes del baño.
—¡¡NO!!… ¡¡NO!! ¡JÓDETE, JÓDETE TÚ Y TODAS LAS ALMAS DEL CAUDAL DE LOS MUERTOS! ¡ESO NO VA A PASAR!
Era un grito nacido desde lo más profundo del alma.
Simplemente no podía entender cómo una chica tan extraña, excéntrica y descarada podía terminar ocupando semejante lugar en su destino.
La voz intentó hablar nuevamente.
—Los hilos del—
—Agh… ya cállate de una vez.
Bones se colocó nuevamente el sombrero y abrió la puerta del baño de una patada, saliendo con un malhumor pocas veces visto incluso en él.
En ese momento, el tipo al que Dolly le había derribado la cerveza se levantó de su asiento, claramente decidido a confrontarlo para que pagara por el trago perdido.
Pero no alcanzó a terminar su reclamo.
Bones sacó una carta con un movimiento rápido de los dedos y la lanzó con precisión quirúrgica.
La carta pasó como una cuchilla.
Dos dedos cayeron al suelo.
El hombre soltó un grito desgarrador mientras caía de rodillas, sujetándose la mano mutilada mientras la sangre comenzaba a manchar el suelo del bar.
Bones simplemente caminó hasta la barra y volvió a sentarse
Su expresión era la de alguien que no tenía paciencia para nada.
Permaneció en silencio durante unos segundos antes de llevar su mano izquierda a la frente, masajeando lentamente mientras su brazo descansaba sobre la barra. Una fuerte jaqueca comenzaba a acumularse detrás de sus ojos.
Finalmente habló.
—Me dicen Dr. Bones.
Respondió de manera seca a la pregunta que la chica de los brazos largos le había hecho antes de marcharse.
—…Y más te vale decirme que al menos tienes un barco. Ya no le importaba si la pregunta tendria sentido o no, pero a decir verdad no tenia ya paciencia alguna.
Sin embargo, Bones sabía muy bien cómo terminaría aquello. Solo lograría ganarse una mala reputación por meterse con una chica menor, y no estaba dispuesto a cargar con ese tipo de tonterías por un arranque de orgullo.
Así que hizo lo único que su autocontrol le permitió en ese momento.
Se tragó el orgullo.
No dijo nada al principio, pero su expresión lo decía todo. Sus ojos se clavaron en la chica con una mirada asesina, una de esas miradas frías que parecían prometer problemas si alguien insistía demasiado. Mientras tanto, el tipo detrás de la barra apenas lograba contener la risa. Su rostro enrojecido y los pequeños temblores en sus hombros dejaban claro que estaba disfrutando demasiado ver al médico brujo enfadarse ante las palabras atrevidas de aquella muchacha.
Finalmente Bones habló.
—Si vas a ser una pirata, creo que es mejor que te vaya dando un consejo. Si vas a aceptar un trago en un bar de mala muerte, más te vale cuidar tu boca. Nunca se sabe cuándo alguien puede azotar tu cabeza contra la barra del bar… y termines con ese vaso en el fondo de tu tráquea, brazos largos.
Su tono era hostil, seco, cargado con una irritación que llevaba acumulada desde antes de que la chica siquiera apareciera. Ya estaba de mal humor, y lo último que necesitaba era convertirse en el blanco de las bromas de una chica tan extraña como esa.
Sin embargo, antes de que la muchacha pudiera responderle, algo ocurrió.
Bones escuchó una voz.
No una voz cualquiera.
Era una voz familiar, susurrante… casi de ultratumba.
Un escalofrío recorrió su espalda desde la base de la nuca hasta la columna. Aquella sensación era imposible de confundir. Nadie más en el bar podía escucharla.
—Es ella… es el destino hacia las nuevas tierras.
El susurro femenino resonó en su mente como una corriente fría atravesando sus pensamientos.
Bones quedó completamente shockeado.
Desde que había abandonado Centaurea no había vuelto a escuchar las voces de los espíritus guiándolo como lo hacían antes. Durante semanas había caminado prácticamente a ciegas, esperando alguna señal, alguna palabra que indicara hacia dónde debía dirigirse. Y ahora, de repente, aquella voz regresaba en el momento menos esperado.
Su mente quedó suspendida por un instante.
Mientras la chica seguía hablando frente a él, Bones observaba sus labios moverse, pero no escuchaba nada de lo que decía. Su mente estaba demasiado ocupada intentando comprender lo que acababa de escuchar.
Cuando finalmente logró volver en sí, regresando a la realidad de la conversación, permaneció en silencio durante unos segundos.
Luego habló con calma.
—Discúlpame… debo ir al baño.
Se levantó de su asiento con cierta prisa, caminando hacia una puerta al fondo del local donde colgaba un cartel que decía “Baños masculinos”. Entró, cerró con llave detrás de sí y, apenas estuvo solo, se quitó el sombrero.
Acto seguido abrió el grifo y se arrojó un buen puñado de agua en el rostro.
Respiró hondo.
Intentaba calmarse.
Aunque en realidad lo único que sentía era la agitación creciendo dentro de su pecho al notar aquella conexión espiritual formarse nuevamente.
—Debes estar bromeando…
Su voz resonó en el pequeño baño.
—Todo este tiempo he estado esperando una palabra que me guíe, esperando una señal de dónde tengo que ir… ¿y me dices que es ella con quien tengo que embarcarme?
Su tono era furioso mientras se sostenía del lavamanos.
La voz volvió a manifestarse.
—Los hilos del destino están enlaza—
Pero Bones la interrumpió de inmediato, levantando una mano como si estuviera cortando la frase en el aire como si ya la hubiera escuchado miles de veces cuando le preguntaba algo a las voces del más allá.
—Sí, sí, ya lo sé.
Suspiró con irritación.
—“Los hilos del destino están enlazados con fibras inquebrantables”.
Sacudió la cabeza con fastidio.
—Siempre repites la misma consigna.
Había escuchado esa frase tantas veces que ya parecía grabada en su mente. Cada vez que dudaba de aquellas voces, la respuesta era exactamente la misma.
—¿Así que quieres decir que mi destino está enlazado con ella?
Soltó un quejido irritado mientras se frotaba el entrecejo con los dedos, como alguien que está a punto de perder la paciencia, aunque ya por lo menos le alegraba un poco que pudiera salir de esa isla de una buena vez.
—Entonces qué… ¿es parte de una tripulación? Espero que el resto de esos tipos no estén tan mal de la cabeza como ella.
La situación ya era bastante mala de por sí, pero al menos esperaba que algo bueno saliera de todo aquello.
Entonces llegó la respuesta.
—Ella… será tu capitana.
El silencio que siguió duró apenas una fracción de segundo.
Y luego explotó.
—¡¿QUÉ MIERDA DIJISTE?!
Su voz resonó por todo el bar, atravesando las paredes del baño.
—¡¡NO!!… ¡¡NO!! ¡JÓDETE, JÓDETE TÚ Y TODAS LAS ALMAS DEL CAUDAL DE LOS MUERTOS! ¡ESO NO VA A PASAR!
Era un grito nacido desde lo más profundo del alma.
Simplemente no podía entender cómo una chica tan extraña, excéntrica y descarada podía terminar ocupando semejante lugar en su destino.
La voz intentó hablar nuevamente.
—Los hilos del—
—Agh… ya cállate de una vez.
Bones se colocó nuevamente el sombrero y abrió la puerta del baño de una patada, saliendo con un malhumor pocas veces visto incluso en él.
En ese momento, el tipo al que Dolly le había derribado la cerveza se levantó de su asiento, claramente decidido a confrontarlo para que pagara por el trago perdido.
Pero no alcanzó a terminar su reclamo.
Bones sacó una carta con un movimiento rápido de los dedos y la lanzó con precisión quirúrgica.
La carta pasó como una cuchilla.
Dos dedos cayeron al suelo.
El hombre soltó un grito desgarrador mientras caía de rodillas, sujetándose la mano mutilada mientras la sangre comenzaba a manchar el suelo del bar.
Bones simplemente caminó hasta la barra y volvió a sentarse
Su expresión era la de alguien que no tenía paciencia para nada.
Permaneció en silencio durante unos segundos antes de llevar su mano izquierda a la frente, masajeando lentamente mientras su brazo descansaba sobre la barra. Una fuerte jaqueca comenzaba a acumularse detrás de sus ojos.
Finalmente habló.
—Me dicen Dr. Bones.
Respondió de manera seca a la pregunta que la chica de los brazos largos le había hecho antes de marcharse.
—…Y más te vale decirme que al menos tienes un barco. Ya no le importaba si la pregunta tendria sentido o no, pero a decir verdad no tenia ya paciencia alguna.
