01-04-2026, 04:19 AM
(Última modificación: 01-04-2026, 04:20 AM por Sigrid Birkisson.)
El mundo se le vino encima antes siquiera de poder reaccionar. Sigrid apenas había terminado de medir el siguiente salto cuando algo impactó su cráneo con una fuerza brutal, seca, como un puñetazo perfectamente colocado que le sacudió la visión en un instante. No hubo tiempo para girarse, ni para bloquear, ni siquiera para identificar de dónde venía el golpe. Su cabeza se inclinó hacia un lado por la inercia. —Grrhh— el aire se le cortó y entonces vino lo peor, una descarga. No fue como la de antes que había recibido Juan Sebastian. No fue un simple chispazo. Fue una invasión completa. Una corriente salvaje que recorrió su cuerpo desde el punto de impacto, extendiéndose por cada músculo como si miles de serpientes eléctricas se retorcieran bajo su piel, apretando, mordiendo, contrayendo todo a la vez.
Su espalda se arqueó, los músculos se tensaron sin control y sus dedos se cerraron con violencia.—AAAGH— El grito se le escapó, ronco, involuntario, mientras la electricidad la recorría de arriba abajo, sacudiendo su enorme cuerpo como si fuera mucho más liviano de lo que realmente era. Sus piernas fallaron, incapaces de sostenerla bajo esa agresión simultánea, y su equilibrio desapareció por completo, no podía pensar, no podía moverse, solo resistir, el dolor era constante, punzante, invasivo, no había espacio para nada más, pero llegó la confusión y en medio de todo eso, una idea logró abrirse paso, débil pero clara.
No había sido el suelo, había sido algo o alguien y cuando la descarga comenzó a disiparse, dejando tras de sí un cuerpo entumecido y músculos que aún temblaban sin permiso, Sigrid apenas logró mantenerse consciente. Su respiración era irregular, pesada, como si cada bocanada de aire costara el doble, claro que había sido el bendito mono ese. El temblor no había desaparecido de sus músculos cuando Sigrid obligó a su cuerpo a responder. Las piernas le pesaban, los nervios aún chisporroteaban bajo la piel como restos de aquella descarga, pero aun así se levantó. Enderezarse en ese lugar, después de ese golpe, ya decía suficiente. Su respiración seguía descompasada, el pecho subiendo y bajando con fuerza, pero sus ojos volvieron a fijarse al frente con esa terquedad que la definía. Sabía perfectamente que acababa de recibir un ataque limpio, que no lo había visto venir, y que probablemente podría repetirse en cualquier momento.
Y aun así, avanzó un paso. —Te haces llamar científico— comenzó, la voz algo rasposa pero cargada de una convicción pesada, real, —pero yo soy una verdadera científica.— Se llevó una mano al pecho, golpeando suavemente el uniforme, como si ese gesto reforzara sus palabras más que cualquier título. —Soy una doctora aprobada por la Marina y por el Gobierno Mundial.— No era arrogancia, era identidad, era lo que la mantenía en pie incluso ahora, sus hombros se tensaron levemente, preparándose para otro impacto que sabía que podía llegar en cualquier segundo, no bajó la guardia, no relajó el cuerpo, pero tampoco retrocedió, mejor aun, se preparó para saltar nuevamente aun sintiendo el cuerpo entumecido.
Porque si algo había aprendido Sigrid, era que a veces llamar la atención del enemigo no era un error, era una decisión. —Así que si esto es ciencia— añadió, dando un salto de 4 metros, desafiando directamente al sujeto. —Entonces es una bastante patética.— Su postura se mantuvo firme, aun con el entumecimiento recorriéndole el cuerpo, aun sabiendo que otro golpe como ese podría dejarla fuera, pero no iba a quedarse callada, no mientras pudiera seguir de pie.
Su espalda se arqueó, los músculos se tensaron sin control y sus dedos se cerraron con violencia.—AAAGH— El grito se le escapó, ronco, involuntario, mientras la electricidad la recorría de arriba abajo, sacudiendo su enorme cuerpo como si fuera mucho más liviano de lo que realmente era. Sus piernas fallaron, incapaces de sostenerla bajo esa agresión simultánea, y su equilibrio desapareció por completo, no podía pensar, no podía moverse, solo resistir, el dolor era constante, punzante, invasivo, no había espacio para nada más, pero llegó la confusión y en medio de todo eso, una idea logró abrirse paso, débil pero clara.
No había sido el suelo, había sido algo o alguien y cuando la descarga comenzó a disiparse, dejando tras de sí un cuerpo entumecido y músculos que aún temblaban sin permiso, Sigrid apenas logró mantenerse consciente. Su respiración era irregular, pesada, como si cada bocanada de aire costara el doble, claro que había sido el bendito mono ese. El temblor no había desaparecido de sus músculos cuando Sigrid obligó a su cuerpo a responder. Las piernas le pesaban, los nervios aún chisporroteaban bajo la piel como restos de aquella descarga, pero aun así se levantó. Enderezarse en ese lugar, después de ese golpe, ya decía suficiente. Su respiración seguía descompasada, el pecho subiendo y bajando con fuerza, pero sus ojos volvieron a fijarse al frente con esa terquedad que la definía. Sabía perfectamente que acababa de recibir un ataque limpio, que no lo había visto venir, y que probablemente podría repetirse en cualquier momento.
Y aun así, avanzó un paso. —Te haces llamar científico— comenzó, la voz algo rasposa pero cargada de una convicción pesada, real, —pero yo soy una verdadera científica.— Se llevó una mano al pecho, golpeando suavemente el uniforme, como si ese gesto reforzara sus palabras más que cualquier título. —Soy una doctora aprobada por la Marina y por el Gobierno Mundial.— No era arrogancia, era identidad, era lo que la mantenía en pie incluso ahora, sus hombros se tensaron levemente, preparándose para otro impacto que sabía que podía llegar en cualquier segundo, no bajó la guardia, no relajó el cuerpo, pero tampoco retrocedió, mejor aun, se preparó para saltar nuevamente aun sintiendo el cuerpo entumecido.
Porque si algo había aprendido Sigrid, era que a veces llamar la atención del enemigo no era un error, era una decisión. —Así que si esto es ciencia— añadió, dando un salto de 4 metros, desafiando directamente al sujeto. —Entonces es una bastante patética.— Su postura se mantuvo firme, aun con el entumecimiento recorriéndole el cuerpo, aun sabiendo que otro golpe como ese podría dejarla fuera, pero no iba a quedarse callada, no mientras pudiera seguir de pie.
Cosas Vikingas
![[Imagen: Ndhw6vS.jpeg]](https://i.imgur.com/Ndhw6vS.jpeg)
