01-04-2026, 06:46 AM
Día 75, Primavera. Año 17.
Sus días fueron excesivamente alocados las últimas semanas, preparándose para diversas misiones de todo tipo en donde las habilidades del marine fueron puestas a prueba, denotando la enorme superioridad que aquel poder adquirido le brindó, cambiando el panorama y contexto de sus entrenamientos. Antiguamente soñaba con ser el mejor espadachín del mundo, pero ese objetivo se derritió poco a poco, encontrando nuevos puntos fuertes gracias a la fruta del diablo que aún seguía tratando de investigar para su correcto entendimiento. Una mente como la suya, dispuesta a corregir errores, mejorar estrategias y buscar la completa invulnerabilidad en pos cumplir sus objetivos con eficiencia, no podía quedarse en paz ante poderes que no entendía del todo, y eventualmente buscaría corregirlo.
Al fin y al cabo fueron responsables las falencias aquel día, donde lo perdió casi todo. Aún en sus horas más oscuras, observándose en el espejo, recorriendo en soledad las costas nocturnas de cada isla visitada, se preguntaba en silencio qué pensaría ella de sus avances actuales. Una herida en su interior que no desaparecería jamás, y que le hizo entender tras el mayor de sus fracasos que las personas conforman parte de la identidad de uno, pequeños universos infinitos que tras terminarlo todo, se alejan con cruenta lentitud hacia el vacío, inevitablemente.
Hasta que en algún momento, dejan de ser visibles. A pesar de que los recuerdos sigan sintiéndose como si los momentos felices estuviesen pasando justo enfrente.
Todo ese dolor pertenece a otra vida, por ello, esa noche de Primavera la iniciaría como siempre antes de salir del lugar donde se hospedaba, cerca a la pequeña base marine de Baterilla. Le tocaba la guardia nocturna, junto al faro, pues los rumores del nuevo parque de atracciones atraían todo tipo de gente hacia la isla, y en muchas ocasiones eran individuos no deseados, vinculados a bandas piratas o ideas revolucionarias en pos de destruir cualquier tipo de sistema guiado mediante el Gobierno Mundial. A riesgo de quizás ganarse alguna que otra queja formal, decidió no llevarse puesto el uniforme, totalmente descarado y pasota como habitualmente era contra las jerarquías que no respetaba.
En su filosofía, la meritocracia era definida por el poder.
Las temperaturas durante aquella velada eran más gélidas, lo que reforzó su decisión de vestir con un haori en reemplazo de las características insignias marines, y emprender el viaje hacia la zona asignada. Se le fueron presentados los datos de la compañera que tendría esa noche de patrullaje, y a pesar de que no le hizo demasiado caso (por fuera), sí se quedó con el detalle de que nunca había trabajado con ella, así que tampoco podría predecir si le molestaría demasiado su impuntualidad de... veinte inocentes minutos.
Sus pasos se iban contando gradualmente, con toda la calma del mundo, y pronto empezó a divisar la silueta de Viatrix, apareciendo por su espalda e identificándola rápidamente porque a esas horas no era usual encontrarse con más personas alrededor. Shin, fiel a su energía típica, alzó uno de sus brazos y se hizo notar de inmediato —¡Oooooeeee! —y una vez se diese la vuelta, aún habiéndose guardado varios detalles sobre la mujer, decidió hacerse el tonto y picarla, "confundiéndose" con su nombre.
—Tú debes ser Beatrix, ¿cierto? Aparentemente trabajaremos juntos... —sugirió, a medida que se acercaba y recortaba las distancias a una donde se hacía obvio que interactuaban. Quizás las vestimentas poco adecuadas para una jornada laboral la confundieran, pero Hasegawa hablaba con una seguridad digna de quien no reconocía errores en su argumento e intención, además de desprender gestos de soberbia y un tono de voz con tendencias al egocentrismo, ya atravesada la línea de la simple confianza.
Partiendo de esa base, y dependiendo del temperamento de la mujer, sus ideas respecto al albino podían verse condicionadas.
Tras el primer contacto visual, Shin identificó instantáneamente la belleza contraria, sus vibras generales le llamaban la atención, arrancándole una leve sonrisa de lado. —Espero que vengas de humor. —la apuntó con el dedo índice y el brazo extendido a su máxima capacidad, rematando la frase —¡Los turnos nocturnos son aburridísimos, Bea! —y con el apodo adjudicado, se colocó a su lado dispuesto a iniciar el trayecto dentro del espacio que les asignaron.
La misión era sencilla, estar comunicados a través del Den Den Mushi con quienes manejaban el faro, así podían asistir rápidamente a los lugares cercanos si una embarcación no registrada o sospechosa buscaba atracar sin autorización, por ende, el albino auguraba una noche donde si no se llevaba bien con su compañera, o mínimamente le sacaba algún que otro comentario gracioso, la pasaría mal. Inconsciente, aún, sobre lo que podría llegar a causarle, la observó de reojo con sus iris cerúleas, poseedoras de un brillo particular incluso con la tenue iluminación alrededor del amplio faro.
—Es buen momento para que me cuentes qué sabes hacer, dudo que ocurra algo peeeeero... no te conozco, y estoy empezando a creer que estuve perdiendo el tiempo por no haber sabido de ti antes. —por supuesto, en alguien como él no podía faltar la coquetería llena de confianza, un sello insignia que difícilmente desaparecería dadas sus heridas emocionales, y quizás, un cóctel molotov en manos de un pirómano. Siempre se atrevía a cometer los mismos riesgos.
![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
