[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 6)
#21
[personajeinvalido=3367]

La madera ya había crujido cuando se acercó de nuevo al enemigo, entendiendo que quizás su velocidad era suficiente para reposicionarse antes del resultado más obvio, insinuado gracias a la podredumbre del material torciéndose por obra del caimán. La confianza plena y su experiencia usando las capacidades que disponía le jugaron una mala pasada, pues poco antes de que su foco central pasase a continuar moviéndose considerando que aquella bestia también poseía una velocidad fuera de lo normal y no podía seguirlo con la mirada, ni sus reflejos, la plataforma terminó cediendo, anticipándose por completo a la dirección que pretendía ocupar tras su vago intento de dañarlo con otra técnica.

Fallo tras fallo, y ni así su sonrisa constante se borraba, a pesar de que su boca dibujó una nueva expresión, de sorpresa, al sentir que se hundía en la asquerosa y repugnante agua que ocupaba su rival. Desde ese punto, todo sucedió demasiado rápido y no podía equipararse al ritmo contrario, ninguna de sus habilidades le permitía escapar de esa situación, y bajo ese enfoque sólo le quedaba aguantar la respiración y prepararse para resistir lo peor.

Los ojos cerúleos del marine intentaron mantenerse abiertos debajo del entorno líquido, repleto de suciedad. Rápidamente entendió por qué fue una mala decisión, aunque sin recibir daños por ello, pues ni queriendo podría protegerse o inventarse algo que lo ayudara a eludirlo en su terreno. La espada seguía envainada, y en ese combate no serviría de nada, su fruta había quedado completamente inactiva tras verse sumergido en su totalidad, y su cuerpo no era tan fuerte a nivel físico común como para anteponerse a lo que venía a continuación.

Pudo escucharlo en las profundidades, aunque tras el violento sonido vino un resultado todavía más feroz, sintiendo el repentino impacto justo debajo de la mandíbula, en la curva inferior del mentón, apenas desplazado del centro hacia un costado. Un lugar más bien escondido, donde la propia estructura ósea proyectaba sombra hacia abajo, herida invisible frontalmente o de perfil, de sobrevivir, apenas quedaría una línea mínima. El golpe abrió un corte de no más de un centímetro de largo y apenas unos milímetros de grosor. Fino, camuflado, pero no por ello indemne de sangre, visible en gotas que se esparcían hacia todos lados al momento en que la inercia de aquel ataque lo mandó a volar con semejante fuerza.

Nunca había recibido un golpe tan demoledor, no supo si fue su puño, la cola o una de sus piernas, o patas, lo que sea, pero durante el momento en que estuvo en el aire la confusión, desorientación al recibir el golpe en la cabeza y claro, la sensación de dolor, lo dejaron sin reacción, viendo todo a cámara lenta y tosiendo más cantidad del líquido vital rojo, apretando los dientes, que por gracia divina se quedaron sólidos en su sitio, y esperando el siguiente golpe de lo que imaginaba, sería un combo, aunque nunca llegó, y sólo se vio sumergido algunos centímetros en el agua otra vez, cayendo con una violencia moderada y quedando anulado por el agua que lo rodeaba por segunda ocasión.

La fruta inactiva, una visibilidad no del todo clara gracias las pocas fuentes de luz y claro, su respiración anulada, teniendo que valerse de sus buenos pulmones en la espera de que sus compañeros pudiesen hacer algo para devolverlo al combate. Su sonrisa volvió a aparecer, una suerte de resignación mientras seguía expulsando sangre por la boca, intentando no saborear la asquerosa agua que lo invadía. Hacía demasiado tiempo que no se dejaba envolver por las profundidades acuáticas, maldijo al destino por generar otra situación semejante, considerando que la última vez fue junto a María Merlot.

Sus pensamientos empezaron a hacerse difusos, los ojos fantasma lo envolvían, brazos ensombrecidos rodeando su pecho para hundirlo más y más profundo. Sus ojos se cerraron, y sentía la superficie de aquella suerte de laguna alejarse muy lentamente, aunque desde su confusa perspectiva las distancias no eran lo que parecían.

No podía morir.

Sus ideas se aferraban a la vida, ignorando el llamado de Himari. En su lugar volvía a la realidad, la reconstrucción de una vida más reciente, el canto de aquella sirena que tanto lo cautivó y al mismo tiempo, engañó. Ahí tenía un motivo para seguir viviendo, confrontar a Merlot por su alevosa actuación de chica inocente a pesar de mantener semejante recompensa por su cabeza.

También, pensó en Nyra. Ingenua muchacha con un pasado que seguro iba a seguir persiguiéndola. Choi y el letal recuerdo que los unía más de lo que la propia mujer sabía. Su tortolito y navegante, Dimitri. ¿Dejaría sus vidas en manos de alguien tan débil como Kael...?

Su amigo. Él seguía ahí. Si permanecía luchando, no podía rendirse, tenía que obligarse a algo, sin importar que su cuerpo no tuviese movimiento, y mucho menos reacción. Aún escuchaba el llamado de Himari, su amada, las palabras de confort, el deseo porque encuentre un descanso digno tras tanto dolor y remordimientos, pero elevó la mano hacia la superficie, intentando activar su poder aunque sin ningún tipo de resultado.

No había perdido aún.

Tenía que demostrarle a aquella bestia que no iba a ser él quien lo mataría. Ni nadie.

Y a su fiel amigo, que no lo dejaría solo.

Quizás fue ese pensamiento el que atrajo a la fortuna, pero súbitamente observó una extremidad acorazada acercarse a él, sorprendiéndolo por completo. ¿Qué demonios era eso...? Una vez lo sostuvo, comenzó a elevarlo y llegó a retirarlo del agua, momento donde desde esa perspectiva privilegiada dirigió su mirada hacia la plataforma de madera que aún quedaba de pie, y pudo escucharlo.

'Te tengo'.

—¿Kael...? —no llegó a verbalizar mucho más, desde ese punto su voz sonó con el mismo temple que lo caracteriza y su sonrisa se amplió, antes de disminuir de tamaño súbitamente y transportarse a un lugar completamente extraño que se parecía, o mejor dicho, era como los barracones donde descansaban en Baterilla. Fue a primera vista, y desde el suelo, porque aún mojado no encontraba la fuerza física para ponerse de pie nuevamente y arreglar el despropósito que era su cuerpo en ese momento. Tras varios segundos finalmente lo consiguió, levantándose muy despacio y trastabillando en ese preciso instante.

Observó entonces con más lujo de detalle los alrededores, concentrándose en entender qué demonios estaba pasando, y su única conclusión es que se trataba de una fruta del diablo. Por alguna razón le causó una gracia descomunal, tanto así que comenzó a reír a pequeñas carcajadas, interrumpidas por el dolor. Ese gesto le hizo sentir su cuerpo mucho más relajado, el terror por el cual estaba pasando había desaparecido por completo, y sólo le quedaba encargarse urgentemente de sus heridas antes de intentar comunicarse con su amigo.

Primero, se quitó la remera y el pantalón, escurriéndolas todo lo que pudo. Claramente no llegó a quitar las manchas del impoluto blanco, pero sí secó en su mayoría los residuos más abundantes de agua en la tela, y junto a ello las gotas que pudiesen amainar la intangibilidad de su cuerpo, consciente gracias a antiguas batallas y aventuras de que estar empapado anulaba esa valiosa habilidad. Luego, y antes de vestirse por completo, sujetó los utensillios médicos más avanzados que había preparado y comenzó a tratar la herida con toda la concentración del mundo, invirtiendo toda la fuerza que le quedaba en recuperarse de aquel brutal impacto contra su rostro.

Volvió a comprobar que tenía todos los dientes bien colocados y firmes, alegrándose de ello, y tanteó cuánto daño le había hecho realmente. Era más sangre por cortes dentro de la boca debido a los dientes que otra cosa, y precisamente esas manchas rojas no pudo quitarlas, el líquido seguía cayendo.

Una vez terminó, se colocó el uniforme y volvió a ponerse de pie, esta vez a una velocidad adecuada, equipándose todo lo que dejó en el suelo, como los otros dos botiquines, el colgante y su espada. No se recuperó al cien por ciento ni mucho menos, pero al menos ya no se sentía tan cercano a la muerte, preparando otra cura antes de salir de ahí, si es que se podía, pues Kael nunca le habló de esa nueva habilidad suya, y no sabía el funcionamiento exacto.

—¡Hey! ¡Kael! ¿Me escuchas? —aún le dolía la mandíbula al hablar, pero vocalizaba bien cada palabra. —¡Ya estoy listo! ¡Sácame al campo que voy a enseñarle a ese lagarto de mierda que no va a matarme tan fácilmente! —la sangre seguía saliendo de su boca, aunque a estas alturas empezaba a ignorarlo.

[Imagen: ae0c635b91ea15386e1973cfc0766612.jpg]

—Voy a hacerme un puto abrigo con su piel.

Los ojos cerúleos de Hasegawa brillaban con fuerza. La determinación viajaba por todo su cuerpo, estuvo muy cerca de morir y esa sensación había disparado una enorme cantidad de adrenalina en él, viajando por cada vena, cada impulso neurológico, cada emoción inmediata. Guardaba fuerzas para así volver al combate en su mayor plenitud a penas tuviese una abertura, aún con una de sus manos alistándose para tratar sus heridas con rapidez previo a reintegrarse a la acción.

De una u otra forma, junto a esos piratas que pasó a respetar...

Iban a ganar.

Let there be light
[Imagen: vEBNZb3.png]
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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 6) - por Hasegawa Shin - 01-04-2026, 10:23 AM

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